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Una última capa de pintura en el Ágora de Calatrava por 1,8 millones para entregarla sin “incidencias” a Caixaforum

Planos del Ágora de la Ciutat de les Arts i les Ciències, incluidos en el pliego de la licitación de los trabajos de rehabilitación.

Lucas Marco


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Los compromisos de la Generalitat con Caixabank para la entrega definitiva del Ágora en condiciones van a costar 1,8 millones de euros en trabajos de rehabilitación de la pintura interior del edificio conocido popularmente como la clòtxina. Se trata, según el informe de necesidad elaborado por la empresa pública CACSA, de una “intervención comprometida como subsanación de incidencias detectadas” y cuya ejecución, según el compromiso adoptado, corresponde a la Generalitat. Las incidencias, aclara el documento colgado en el portal de contratación, “son derivadas del propio uso del edificio durante la actividad celebrada en el mismo durante la última década”.

CACSA ha licitado este miércoles, por un presupuesto total de 1,8 millones de euros, la contratación de las obras de rehabilitación del revestimiento de acabado del sistema intumescente de la estructura metálica del Ágora de la Ciutat de les Arts i les Ciències. Los trabajos verticales deberán ser “coordinados y consensuados” entre la empresa adjudicataria, CACSA y la Fundació Bancària Caixa d'Estalvis i Pensions de Barcelona y deberá conformarse un equipo mínimo de supervisión técnica de los trabajos compuesto por un técnico supervisor del proyecto global y un laboratorio de control de calidad externo e independiente. Los pliegos de prescripciones técnicas también prevén la posibilidad de que los trabajos se ejecuten en “cualquier horario y día”.

El edificio, obra del arquitecto Santiago Calatrava, es una gran cubierta metálica de planta similar a una elipse y cuya estructura principal está compuesta por 98 pórticos en ambas fachadas. Los trabajos, con un plazo de ejecución de diez meses, se centran en la parte interior de la estructura principal e incluyen la inspección y comprobación del estado de recubrimiento de la parte interior, la rehabilitación del sistema intumescente así como la limpieza final.

El Ágora, uno de los edificios más vistosos de la Ciutat de les Arts i les Ciències, ha sufrido todo tipo de desperfectos e imprevistos, de los que el arquitecto de Benimàmet (València) con residencia en Suiza ha rechazado hacerse cargo. La Generalitat tuvo que pagar diez millones de euros suplementarios (el proyecto pilotado por el Consell del PP costó 100 millones, 60 más de lo previsto) para reparar y subsanar deficiencias.

Ante tal cúmulo de despropósitos y sin un futuro claro, la Generalitat Valenciana optó por ceder el Ágora durante 50 años a Caixaforum sin cobrar canon de ocupación y con una inversión de 19 millones de euros. La cesión, en unas condiciones aventajadas, tiene como contrapartida el compromiso de Caixabank de destinar cinco millones de euros a sus actividades.

Nota del estudio del arquitecto Santiago Calatrava

El despacho del arquitecto Santiago Calatrava ha enviado a esta redacción las siguientes aclaraciones respecto a esta información.

El estudio de Calatrava en Suiza considera que el subtítulo “El arquitecto Santiago Calatrava disparó el coste del edificio hasta los 100 millones de euros” es una afirmación sin ningún tipo de prueba que resulta “gratuita y difamatoria”. Según el despacho del arquitecto, “el coste final del edificio dependió de muchos factores, entre otros los cambios solicitados por la propiedad durante las obras, los refuerzos necesarios en la cimentación debido a unas deficiencias en el terreno no detectadas en el estudio geotécnico, el incremento de precio del acero durante la obra, inclusión en el proyecto de toda la urbanización y por supuesto los continuos arranques y parones de la obra, no imputables ni al proyecto ni a ninguna decisión del arquitecto, que supusieron la movilización y desmovilización de equipos y medios auxiliares, así como las reparaciones de las zonas degradadas tras largos períodos de inactividad en obra”.

Sobre los desperfectos e imprevistos en el Ágora de la Ciutat de les Arts i les Ciències, el despacho sostiene que la obra “se ha mantenido, por decisiones no imputables ni al arquitecto ni a las empresas constructoras, inconclusa durante muchos años, y que ha sufrido sucesivas fases de parones en la ejecución para la celebración de diversos eventos en su interior, incluso en contra de la recomendación de nuestro despacho”. “Por tanto, los desperfectos a los que podría referirse no son imputables al arquitecto ya que estos se han producido como consecuencia de que la obra permaneció sin terminar durante años y a la intemperie”, añade.

“Es obvio”, apunta el estudio de Calatrava, que el funcionamiento de una obra en ejecución “no es el exigible a una obra terminada según el proyecto inicial. Particularmente, la provisionalidad provocó que la obra no tuviera una adecuada impermeabilización. Es conveniente insistir que esta situación no fue deseada por el arquitecto”, apostilla el despacho, que considera que tales desperfectos no pueden ser imputados a Calatrava “sino a la decisión de paralizar la obra”. “Es también falso desde el punto de vista de que el Estudio de Santiago Calatrava ha estado trabajando con CACSA y las constructoras durante este tiempo, haciendo aportaciones que permitieran la finalización del edificio”.

El tiempo durante el cual la obra estuvo detenida de manera “provisional”, afirma el despacho del arquitecto, se extendió a más de seis años, lo que ocasionó desperfectos en los materiales que no estaban rematados dado que en este período tampoco se llevaron a cabo labores de mantenimiento. “Ninguna de las actuaciones desarrolladas ha supuesto una subsanación de deficiencias del proyecto. De hecho, las últimas obras ejecutadas en el Ágora han permitido en el año 2019 cerrar la cubierta y consolidar la obra a largo plazo. Aspectos estos que el estudio de Santiago Calatrava sugirió en sucesivas ocasiones con el fin de evitar mayores daños como consecuencia del estado inacabado de la obra. Por tanto, no es cierto que se reparasen y subsanasen deficiencias, sino que se retomó la obra inacabada para poder consolidarla a largo plazo y reparar los elementos que habían resultado dañados por el paso del tiempo tras el cierre provisional de la obra”, señala.

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