CV Opinión cintillo

A quien lea

La burguesía quiere mandar


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“No jugues. Suaràs.

No crides, Emprenyaràs.

No parles amb ningú. Et violaran.

No preguntes mai. Perdràs

la puresa.“

Marc Granell. València-1978 

El País Valenciano acusa un vacío y una contradicción. Faltan formaciones políticas de distinto signo y fidelidad valenciana. El PP depende de Génova y el PSOE de Ferraz. No sirven para articular y desarrollar una política reivindicativa valenciana. Los intereses valencianos sólo tienen un valedor en el Congreso de los Diputados: Joan Baldoví, de Compromís. Hace falta un mínimo de cinco y si fuera posible, llegar a quince.

Vacío

Cuando la política falla surgen alternativas para cubrir su ineficacia. Para rellenar el hueco está la burguesía. Aún resuena la reciente convocatoria anual de los Premis Jaume I, con alharaca doméstica, alto costo y sin apenas relevancia española e internacional. Los valencianos nos caracterizamos por “matar al padre” de las criaturas cívicas. Los Premis Jaume I fueron concebidos en la Cámara de Comercio de València que lideraba Enrique Silla Criado, presidente vivo de la institución fundadora en 1989. A Enrique Silla se le invitó siempre, hasta ahora, a los actos de entrega de los galardones presididos por la Corona de España. La invitación no llegó este año de 2022. Otro vacío y otra traición. Primero surgieron los celos de la CEV de José María Jiménez de la Iglesia, después los fagocitó la Generalitat de Joan Lerma. Ahora los usufructúa y alberga la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados de Vicente Boluda. En 2001 el catalán Cercle d’Economia esgrimió un denso estudio sobre las grandes magnitudes territoriales frente al centralismo de Madrid –como en la batalla del Corredor Mediterráneo–. En la presentación del documento por notables dirigentes empresariales al president Jordi Pujol, su conseller d’Economia, Francesc Homs –hoy patrono de la Fundación La Caixa– inició una disertación sobre las excelencias económicas catalanas. Pujol le cortó: “Déjelo, Homs, estos señores no vienen a hablar del PIB, vienen a hablar del poder”.

Un banco y más

Tres acontecimientos y un símbolo ilustran la actualidad. Cuando escribo mantengo a mis espaldas la imagen más icónica del poder económico-financiero en la historia valenciana; el Banco de València. Lo plasmó, casi flotando, Vicente Colom en un dibujo meticuloso para el centenario de la entidad bancaria en 2000. El Banco de València nació en 1900. Tras ser confiscado en 1936, abrió oficina en San Sebastián para atender a los clientes durante la Guerra Civil. En 2010 era el séptimo entre los españoles por capitalización bursátil. En 2011 fue intervenido por el Banco de España ante su quiebra inminente y en 2013 lo compró Caixabank por un euro. La entidad catalana ha tenido la deferencia de mantener el rótulo en el frontispicio del edificio que proyectó el arquitecto Francisco Almenar y culminó Javier Goerlich en 1942. Donde, por avatares del “procés” en Catalunya, aparca Caixabank su sede social. Banco que domina, con tres notorios inmuebles, la City financiera valenciana. Es la constancia del fracaso económico-financiero del País Valenciano. Por cuyo esplendor se desvivieron personajes político-empresariales de probada eficiencia: Ignasi Villalonga Villalba, Joaquim Reig Rodríguez, Vicente Iborra Martínez, Antonio Noguera Bonora, José Simó Aynat, Joaquim Maldonado Almenar, Álvaro Noguera Giménez, o José María Simó Nogués. Éste fue el último presidente que apostó por la entidad centenaria para constituir una sólida corporación financiera con vocación de país. Hasta aquí el símbolo abatido que supuso notorio quebranto patrimonial a más de 50.000 accionistas.

Ágora mercantil

Entre los acontecimientos, se ha abierto la instalación del Caixaforum en el recinto del Ágora, que malversó la Generalitat presidida por Francisco Camps. El jefe del PP valenciano que se construyó a crédito un mausoleo en el cauce desecado del río Turia sin discernir su utilidad. El establecimiento es digno y los valencianos han de agradecer a la entidad bancaria catalana la nueva oferta artístico-cultural en un espacio rehabilitado que invita al sosiego y a la meditación. Cabe preguntarse por qué la Generalitat Valenciana no ha sido capaz de recuperar este enclave ciudadano por sí misma. Las magníficas esculturas de Manolo Boix sobre el bravo Joc de Pilota, a las puertas de lo que fue Bancaixa, después Bankia y ahora dependencias de Caixabank, permiten a los viandantes conectar con la tradición de sacrificio y esfuerzo que llevó a varias generaciones de valencianos a la excelencia en el mundo de los negocios y el comercio desde su firme convicción mercantil. Mercantil es el sello de su Ateneo, de la combatida Unión Gremial fundadora de la Feria Muestrario Internacional, de los estudios que precedieron a la Facultad de Ciencias Económicas, el pluridisciplinar ‘Centro Escolar y Mercantil’, la tradición de la ‘Real Sociedad Económica de Amigos del País’- hoy arrumbada-, o de la ‘Cámara Oficial de Comercio’–cedida al contrasentido público- privado por la Generalitat– y los ancestrales ‘Tribunal de Comercio’, ‘Consolat de Mar’, el ‘Consolat de la Llotja dels Mercaders’, la municipal ‘Taula de Canvis’, el incombustible ‘Colegio Oficial de Agentes Comerciales’ desde 1926 y el diario republicano ’El Mercantil Valenciano’ (1872-1936). Una de las tres cabeceras más influyentes en España, hasta que fue incautado el periódico por el Frente Popular al que defendía. El “tarannà” valenciano es mercantil.

A la derecha

El segundo acontecimiento es el espaldarazo burgués al candidato a presidir la Generalitat Valenciana por el PPCV, el alicantino militante Carlos Mazón. Nominado en la etapa conservadora de Pablo Casado, con el respaldo de Teodoro García Egea, Vicente Martínez Pujalte, José Manuel García Margallo y Manuel Broseta Duprè en los conciliábulos de Orihuela e Ibiza. En la última comparecencia pública con la bendición de Alberto Núñez Feijóo, Mazón se comprometió a revertir el ‘procés’ silencioso impulsado por el ‘Frankestein valenciano’ de Ximo Puig“. Contó con la bendición expresa de Vicente Boluda –”cuando seas presidente ya funcionará el Corredor Meditrerráneo“-- que preside el grupo de presión empresarial más poderoso de la Comunidad Valenciana. La burguesía al uso lo tiene claro. Desahuciada la opción de Ciudadanos, gestada en Catalunya para combatir el secesionismo, el círculo se reduce a la combinación PP-Vox, en la proporción variable que el electorado decida. A resaltar la convicción reiterada por todos los protagonistas confabulados para el asalto al poder: los resultados en la Comunidad Valenciana van a ser decisivos para conseguir la eventual victoria conservadora –ya apenas exhibe la etiqueta liberal de la moderación– del partido de Alberto Núñez Feijóo y para la reconquista de las palancas gubernamentales. Las derechas españolas nunca digirieron ni aceptaron la derrota del PP de Mariano Rajoy – desnortado y en crisis corruptiva–, a manos de Pedro Sánchez. Es inexplicable que ante tan decisivo reto electoral por el que la Comunitat Valenciana es considerada clave para recuperar España, hayan designado unos candidatos – Carlos Mazón y María José Catalá– que se proyectan sobre las figuras desacreditadas de Eduardo Zaplana, el primero y Rita Barberá, la segunda. ¿No había otros? Nunca la reiteración truncada augura éxitos.

Reindustrializar

Tercer acontecimiento: Con el propósito de impulsar la reindustrialización, la Cámara de Comercio de València, mediante el patrocinio de Caixabank, ha dado a conocer un estudio sobre las dificultades de las empresas valencianas para importar suministros que les son necesarios. Por este sesudo análisis sabemos que importaron botellas, envases y frascos de vidrio por valor de 55.150.000 euros de Italia, Portugal y Alemania. Antes el proveedor era China, después fue Ucrania. El estallido de la guerra lo complicó todo. El sector cerámico también acusa la restricción de materias primas. Las placas fotovoltaicas en un 80 % vienen de China, en inestabilidad por los brotes pandémicos y sus consecuencias sociopolíticas. Nuevamente Caixabank, un banco catalán que cabalga por el territorio español asiste a la Cámara de Comercio y advierte sobre los efectos de la desglobalización que amenaza a la industria valenciana. ¿De verdad piensan–Cámara y Caixabank– que ésta es la carencia más urgente que frena la reindustrialización?

¿Dónde está la Generalitat?

¿Las Cámaras de Comercio necesitan a los bancos para realizar estas investigaciones? ¿Desaparecidos los institutos valencianos (IVEX e IMPIVA) de la exportación y para promoción industrial, qué papel juega la Generalitat –Conselleria d’ Economia– en el restablecimiento del modelo económico, de la productividad y de la competitividad del mundo empresarial valenciano? ¿Si no estuviera Caixabank, qué haría la Cámara de Comercio, en su misión indeclinable de ente consultivo con las administraciones y motor del comercio exterior, para dinamizar e impulsar la actividad económica? Conclusión: la burguesía, que quiere mandar, pretende hacerlo a través de los partidos conservadores alineados a la derecha ideológica. En cuyos cenáculos se denostan los gobiernos “Frankestein” de Ximo Puig como “procés subterráneo”. Siempre con un obsesivo regusto anticatalán que no les impide apoyarse en entidades financieras procedentes de Catalunya.   

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