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AVE: de ‘Task force’ a MAGA en clave valenciana

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“Comence a dubtar el color de les arbredes.

La pluja plovent la tendresa de les ones.

I sé que és ben inútil provar de mantenir

un gest, el més dòcil, al fons d’aquest silenci“.

Marc Granell, València. ‘Aquest silenci’-1980

La potencia de un país se genera de abajo hacia arriba. En el universo empresarial es igual: de los que son más a los que son menos. No de los que tienen más sobre los que disponen de menos. El director-gerente de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), Diego Lorente, trata de convencerme de que el lobby empresarial que gestiona es lo que se entiende por una patronal. Está constituido por empresarios, sí. Más o menos por los empresarios más grandes del País Valenciano. Los últimos datos ofrecidos muestran sus poderes: entre los doscientos miembros –no quieren más– reúnen unos 324.000 empleados y detentan más del 60% del PIB autonómico. No responden a criterios democráticos ni es una entidad transparente. Así nació y así sigue. Es una disquisición permanente en el mundo económico-empresarial: ¿el poder reside en el número de protagonistas, en la dimensión de sus empresas, en el volumen de puestos de trabajo, en la facturación o en el patrimonio de los miembros? Las empresas según su dimensión tienen diferentes intereses y necesidades. ¿Ambas sensibilidades deben convivir y cooperar en la misma organización?

La dominación de lo grande

 encargado de asuntos exteriores del gobierno Trump (USA), Marco Rubio, en la reciente reunión sobre seguridad llamada de Münich (MSC) se dedicó a repartir gorras de visera – la que usa el jefe– con el anagrama MAGA (Make America Great Again) y ningún mandatario participante se la aceptó. La ideología MAGA tiene rasgos y pretensiones: el poderío de los que tienen más poder para la guerra, de los que tienen más capacidad económica, de los que tienen armamento nuclear (otros no), de los que tienen instrumentos para subvertir el orden mundial y amenazar a los demás. Se trata de imponer criterios de desigualdad: grandeza (gran tamaño), gran cantidad, riqueza, imperio, neocolonialismo. En definitiva, mayores recursos: más tierras raras, más combustibles y energía, más poder financiero y tecnológico, arsenal bélico más contundente, mayor implantación estratégica mundial (bases militares y logísticas repartidas) y muchos consumidores con potencial de compra y mercadeo. El fundador y presidente del prestigioso Nexus Institute, foro del conocimiento con rango internacional creado en 1994, el holandés Rob Riemen, inicia su último libro: ‘La palabra que vence a la muerte’ con una reflexión alegórica. El filósofo analiza las tensiones del escenario mundial y el paralelismo con la megalomanía que precipitó la crisis bélica en el siglo XX, con dos guerras mundiales sucesivas y 80 millones de muertos en un paisaje de masacre y destrucción. Dos ejes están presentes a lo largo de su obra: la Grandeza (de grande, enorme) y la Gran Cantidad que rigen, según el autor, el nuevo movimiento mundial en el que militan desde Trump y sus Gigantes tecnológicos. Putin, MBS (Mohammad Bin Salman, el emir árabe que tritura periodistas en sus embajadas) hasta el húngaro Orbán, madame Le Pen y nuestro Santiago Abascal, por la derecha. Por la izquierda ve en esta liga al chino XI Jinping, a coreano, Kim Jong Un, a la mexicana Sheimbaum o al argentino Milei. Todos imbuidos del ideario de la Grandeza y la Gran Cantidad

Silencio y alineamiento

El silencio de la CEV, patronal que preside Vicente Lafuente, chirría con el estruendo de AVE, lobby empresarial en el carismático Roig Arena, gran foro polifacético para la nueva era. El panorama empresarial valenciano se dispone a dar la batalla en un contexto político varado en la ineficiencia autonómica frente al fragor de la inestabilidad internacional. Ante el vacío político, hiperactividad empresarial en la cúspide. Nada nuevo. Es el resultado de la impronta que se le quiso dar al mundo empresarial valenciano desde finales del siglo XX (1995) con el advenimiento de Eduardo Zaplana a la presidencia de la Generalitat, conquistada por el PP, antesala mediterránea de la era Aznar en el gobierno central de España. El alineamiento político queda confirmado con la invitación al jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo y candidato del PP, para presidir la asamblea de AVE-2026 –en la de 2025 fue Felipe González con abrazos a Carlos Mazón– acompañado de la efímera exministro de Exteriores (PP), Ana Palacios. El acto lo clausuró Juanfran Pérez Llorca, president de la Generalitat, suplente del Partido Popular tras la dimisión de Carlos Mazón.

Barricadas y parálisis

Los frentes son múltiples y la parálisis de la organización empresarial CEV, que parecía iniciar una nueva ruta, confirma la trayectoria. Transcurridos los cien días de gentileza para que los nuevos gestores en la patronal CEV tomen posesión del cargo, llega el momento de la gestión para responder a las expectativas. Durante los últimos tiempos han sucedido acontecimientos que requieren el posicionamiento de la organización empresarial con mayor implantación en el País Valenciano. Asuntos de la envergadura de la postura a adoptar ante las vacilaciones y los desencuentros en la Unión Europea, el acuerdo comercial con India, la conclusión de la firma --tras treinta años de aproximación– del Tratado con Mercosur, dilema librecambismo-proteccionismo, el riesgo Trump que ha desestabilizado a Europa (Groenlandia), los clásicos de la injusta infrafinanciación del País Valenciano o el déficit de inversión de la administración central del Estado en infraestructuras valencianas y periféricas, la crisis ferroviaria que ha estallado y repercutirá en el desvío de recursos ante un deterioro de vías y su mantenimientohasta ahora oculto, la política laboral del Gobierno de España que ha merecido el manifiesto documentado sobre absentismo de la micro, pequeña y mediana empresa catalana (PIMEC), que preside Antoni Cañete.

Programa para la acción

Tras el tiempo transcurrido en exceso de discreción, la CEV renovada el 6 de noviembre de 2025 no ha manifestado ni su intención de elaborar el plan de actuación y gestión necesario para afrontar las carencias y deficiencias que padece la economía valenciana, campo de acción l para todos los empresarios. El 19 de diciembre de 1977, en el acto fundacional de la Confederación Empresarial Valenciana el primer presidente electo de la CEV, Vicente Iborra Martínez, resultó vencedor sin exponer su programa. Una vez elegido le fue exigido por la asamblea de 326 compromisarios, que diera a conocer el proyecto a futuro que pensaba desarrollar en su mandato rodeado de la candidatura de pesos pesados del empresariado valenciano en representación sectorial y autoridad personal: Ricardo Cardona y Joaquín Duato (textil), Vicente Castellano (agroalimentación), Francisco Corell (transporte), Federico Ferrando (construcción), Rafael García Brún y Ángel Amutio (metal), Rafael Lapassió (naviero), Juan Lladró (cerámica), Enrique Martínez Mortes (alimentación), Vicente Medina y Miguel Mocholí (madera y mueble). Fue excluido de la primera junta directiva de la CEV, Silvino Navarro Vidal (curtidos), disconforme con su composición y presidencia. Navarro se centró en la presidencia del Instituto Social Empresarial, con vinculaciones eclesiásticas, orientado a tareas docentes y a la promoción de proyectos empresariales.

Independencia e integración territorial

La Confederación empresarial (CEV), de concepción provincial y destino autonómico, nació de un cisma que todavía no se ha cerrado y que se ha incrementado por la incapacidad de resolver la permeabilidad territorial de su liderazgo. Pendiente del proyecto de asentamiento e interlocución autonómicos asumido por todas las partes. Preeminencia de València cuestionada en Alicante, desde el cantonalismo secesionista y en menor medida en Castelló, donde la reivindicación se dirige a conseguir mayor visibilidad y atención a sus sectores y clústers: cerámico, agrario, alimentación, turismo (de costa e interior), La CEV en su encrucijada actual no puede permanecer ensimismada a pesar de haber heredado el lastre de cuestiones pendientes y sin resolver. Le pesan actuaciones históricamente arrastradas entre las que destacan el déficit de participación de sectores y demarcaciones territoriales (comarcas) que se sienten abandonadas y preteridas. Disfunciones derivadas del concepto piramidal y jerárquico que predomina en su referente estatal, CEOE. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales– Diego de León, 50- Madrid– se caracteriza por la escasa sensibilidad participativa para dar juego a sus bases – territoriales y sectoriales– a la hora de priorizar posiciones estratégicas. CEOE tiene una presidencia omnímoda –Antonio Garamendi– y varias vicepresidencias y vocalías formales carentes de contenido. La CEV dejó de tener peso específico en el núcleo duro de CEOE desde que antepuso la misión política sobre la autoridad empresarial y profesional de sus representantes–. Protagonistas de primer nivel que pasan de ser respetados a sentirse compensados con su asistencia y pertenencia a los órganos de dirección. La labor de defensa de los intereses económicos valencianos no se ha recuperado desde finales del siglo XX, cuando el empresariado valenciano contaba con personajes de la talla de José María Simó Nogués (metal), Ricardo Cardona Salvador (textil), Antonio Baixauli (mueble), Ramón Cerdá Garrido (mueble y ferias), Federico Lis Ballester (exportación citrícola), José Enrique Silla Criado (industria papelera) Francisco Domingo (Iberflora) y Vicente Iborra Martínez, primer presidente de la CEV.

Duelo CEV-AVE

Hay dos esferas del asociacionismo empresarial que se entrecruzan: la que engloba la administración institucional –patronales que cumplen con los requisitos democráticos y legales del asociacionismo empresarial (CEV), Cámaras Oficiales de Comercio, Industria y Navegación (cinco en el País Valenciano: Alcoi, Alicante, Castelló, Orihuela y València), instituciones feriales valencianas (Feria València e Institución Ferial Alicantina, IFA. Cuya subsistencia depende de la Generalitat Valenciana: vía competencias específicas estatutariamente transferidas o vía aportación de subvenciones que cubren total o parcialmente los presupuestos de funcionamiento de estas entidades. Segunda esfera:la superestructura que condiciona el funcionamiento y la orientación de las entidades económico-empresariales desde el ámbito privado es la Asociación Valenciana de Empresarios. Lobby ademocrático compuesto por dos centenares de empresarios -no empresas- entronizados por cooptación. Ingreso que se refrenda en las asambleas (cerradas o abiertas) ordinarias de los socios. AVE es un club privado que nació en el verano de 1982 en la barra del restaurante Kailuze, cuando estuvo regentado por la familia Oyarbide en Xàbia, en un encuentro entre José María Simó Nogués (Bronces Mestre) y Silvino Navarro Vidal ( curtidos Incusa). El objetivo de la asociación estuvo enfocado a posicionar al colectivo empresarial ante los cambios políticos que se avecinaban en la transición a la democracia (1975-1982). El segundo objetivo de los fundadores de AVE fue erosionar la estructura de poder que regía en la Confederación Empresarial Valenciana cuando la presidía Vicente Iborra Martínez apoyado en sus empresarios afines y colocar en las presidencias de las principales entidades económico- empresariales a miembros de AVE. A modo de ‘Task force’, grupo operativo y ágilde acción no sujeto a condicionamientos democráticos ni institucionales. Fruto de esta estrategia fue la renovación de las presidencias en Cámara de Comercio de València (José María Simó Nogués), en Feria Muestrario Internacional de València (Ramón Cerdá Garrido y en la Confederación empresarial CEV y Cierval autonómica (Pedro Agramunt Font de Mora). Los tres, firmantes del Acta de Constitución de AVE el 15/12/1982. Objetivo cumplido una vez desarticulada, con la caída de Vicente Iborra de la presidencia de CEV. Después sobrevino la incertidumbre y el asalto del lobby por parte de Luís Espinosa Fernández. El secretario de la CEV, proviniente de la Federación del Metal, se apoderó también de la secretaría de AVE con el fin de controlar todos los resortes empresariales. No disimuló su desmedida ambición política al calor de la baza ganadora del Partido Popular que lo conectaba directamente con José María Cuevas Salvador, presidente de CEOE.

Frente al totalitarismo

El intelectual Rob Riemer quiere ser optimista en su último libro después de 32 años de lucha desde Nexus Institute. Ante el resurgimiento del fascismo tal como lo vemos rebrotar en estos tiempos, de USA y Rusia a Hungría, Francia, Alemania Italia, Reino Unido o Argentina. El intelectual italiano, Humberto Eco, que lo había sufrido, lo tenía claro. Los totalitarismos necesitan un compañero de viaje que blanquee sus pretensiones en una estrategia de acoplamiento para quien no tiene la urgencia de llegar. Cuando no está dispuesto a ceder en la alternancia que caracteriza al sistema democrático. Grandeza y Gran Cantidad, forman parte de un todo en su obra y aclara:

“–¿Grandeza es un impostor?

–¡Un impostor! ¡Un completo embustero! Hay ‘grandeza verdadera‘ y ‘grandeza de mentira’ y ese que está ahí, en el escenario global, con su gran misa de la ‘Gran Cantidad’, no es otra cosa que la grandeza de mentira, la falsa. (...) La inspiración para la formación espiritual, así como el método para impartirla, tenemos que buscarlos en las verdades eternas que existen“ … la justicia, la generosidad, la dignidad, el respeto al otro, el amor a los demás, la paciencia, la consideración. En defensa de los Derechos Humanos sin distinción ni diferencia de raza ni otros privilegios.

En el campo empresarial y de los negocios hubo un tiempo, sobre todo en la cuenca mediterránea, en el que los tratos se cerraban con un apretón de manos. Las reglas no escritas eran sagradas y se cumplían. Ante la previsión de incertidumbre en contratos reglados se plasmaron leyes y ordenanzas en el Llibre del Consolat de Mar El Tribunal de las Aguas de València dicta cada jueves sentencias inapelables. En el Reino Unido, aunque no lo marque ningún reglamento impreso la corrupción, económica o ética, obliga a los personajes públicos–monarquía incluida– a abandonar cargos y honores. Sin subterfugios ni trampas legales. Lo subterráneo, lo oculto u opaco llevan a que las entidades y las acciones parezcan lo que no son: Grandeza, buena o mala al socaire de la Gran Cantidad, con el único baremo válido de ‘La palabra que vence a la muerte’. La que permite vivir en paz.

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