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CV Opinión cintillo

El comisario principal Vicente Martínez ante la comisión de investigación del Senado

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Las comisiones de investigación suelen moverse entre dos extremos: el señalamiento político y la reconstrucción técnica de los hechos. La intervención de Vicente Martínez Guillem en el Senado se situó claramente en el segundo terreno. Más que un alegato defensivo, fue una exposición detallada de cómo se gestionó la respuesta policial durante la DANA, qué funcionó y qué falló en aquellos momentos.

La comparecencia se articuló en torno a tres ejes que atravesaron toda la sesión: la explicación técnica de la gestión de la emergencia, la constatación de fallos de coordinación institucional —especialmente en el Cecopi— y el clima político que impregnó parte del debate parlamentario.

Martínez Guillem, que durante la DANA ejercía como comisario principal y jefe provincial de Valencia, habló desde una perspectiva claramente operativa. Se centró en explicar cómo se trabajó sobre el terreno, cómo se organizó la respuesta policial y qué limitaciones estructurales condicionaron la gestión en tiempo real.

Uno de los puntos más relevantes de su intervención fue la insistencia en la descoordinación del Cecopi, el órgano concebido para integrar la respuesta entre administraciones. Señaló problemas de comunicación, dificultades para centralizar la información y momentos de falta de claridad en la toma de decisiones. No lo planteó como una crítica partidista, sino como una descripción técnica de lo ocurrido en una crisis que, por su magnitud, superó los mecanismos previstos.

Al mismo tiempo, explicó que la operativa policial se mantuvo activa y constante: comunicación interna permanente, activación progresiva de recursos, prioridad absoluta a la asistencia a la población afectada y, casi en paralelo, refuerzo de la seguridad y del orden público. Su relato dibuja una intervención basada en decisiones continuas, ajustes constantes y adaptación a un escenario que se agravaba por momentos.

La comparecencia también dejó en evidencia la distancia entre la gestión sobre el terreno y la estructura institucional encargada de coordinarla. Mientras los equipos actuaban, el sistema de coordinación mostraba las tensiones propias de una emergencia de gran escala. Esa brecha entre operativa y arquitectura institucional fue uno de los ejes de fondo de su intervención.

Sin embargo, el debate no se mantuvo únicamente en el plano técnico. El tono político apareció con fuerza, especialmente en las intervenciones del senador del Partido Popular, el señor Santamaría. Sus intervenciones introdujeron momentos de confrontación con otros senadores y desplazaron parcialmente el foco hacia el terreno partidista. El contraste fue evidente: frente a una exposición centrada en procedimientos y gestión de crisis, emergía una dinámica parlamentaria orientada al reproche y la atribución de responsabilidades.

En algunos momentos, dio la impresión de que se pretendía situar la política por encima incluso de los límites legales, exigiendo respuestas a cualquier precio. Y no es así. Más aún cuando se intentó forzar al compareciente para que revelara conversaciones de un canal interno de mensajería policial, “INBOX”, utilizado para comunicaciones operativas. Resulta llamativo que quien ha sido subdelegado del Gobierno parezca obviar cuestiones básicas como el secreto de las comunicaciones o la protección de datos. Tal vez sea el papel político el que empuja a ciertas sobreactuaciones. El comisario, por su parte, volvió a mostrar firmeza e integridad al no entrar en ese juego.

El resultado fue una comparecencia que reflejó, en sí misma, la complejidad del episodio analizado: una emergencia real, una estructura institucional tensionada y un debate político inevitable.

En conjunto, el testimonio de Martínez Guillem aporta una lectura que combina operativa y estructura. Por un lado, muestra cómo se sostuvo la respuesta policial en un contexto de incertidumbre y presión. Por otro, subraya la necesidad de revisar los mecanismos de coordinación interadministrativa cuando se enfrentan a catástrofes de gran magnitud.

Más que un relato épico o acusatorio, su intervención funcionó como una reconstrucción desde dentro de la crisis: decisiones tomadas en tiempo real, coordinación imperfecta y un sistema que tuvo que adaptarse sobre la marcha mientras la emergencia ya estaba en curso. Una síntesis que no solo explica qué ocurrió, sino cómo respondió el engranaje institucional cuando fue sometido a una prueba extrema.

Y así concluye una sesión más. Una puesta en escena, a veces cercana al sainete, donde los actores políticos se saludan fuera de foco, pero al oír “acción” interpretan su papel con intensidad. Porque, al final, estas comisiones tienen poco de investigación y mucho de “comisión”. Y eso, a nuestros políticos, parece no disgustarles.

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