Contra Raimon y los demás
“Jo vinc d’un silenci antic i molt llarg
Jo vinc d’un silenci que no és resignat
Jo vinc d’un silenci que la gent romprà
Jo vinc d'una lluita que és sorda i constant.“
(Ramon Pelegero, Xàtiva. ‘Jo vinc d’un silenci’, 1975)
Raimon -Ramon Pelegero Sanchis- nacido en Xàtiva es el cantante valenciano más universal. Su legado va camino de ser mancillado por las miserias de la política. Al vent su canción más potente fue concebida en 1959 a caballo de una moto y fue un soplo de aire fresco existencial cuando se lanzó discográficamente en 1963. Una ventana abierta a limpios vientos europeos de resistencia y libertad. Con diez años de anterioridad al Mayo del 68 que acabó con las pretensiones de perdurabilidad del general De Gaulle. Raimon, que no es precisamente un señor simpático, es el único artista-cantautor doméstico que ha merecido tres recitales en el mítico Olympia de París, catedral de la música moderna francesa y europea (1966,1969 y en el cuadragésimo aniversario de su bautismo parisino, en 2006). Le sigue el también valenciano épico –aunque no ejerza– de nacimiento, Paco Ibáñez, con dos conciertos.
Ingratitud proverbial
Es curioso que el Museo Sorolla y la Dama d’Elx triunfen se expongan en 'Madrid, castillo famoso…', como la definió Joan Fuster con su peculiar socarronería, y que la figura incontestable de Raimon esté sometida a las inclemencias del enfrentamiento de los partidos políticos que mandurruchean en el País Valenciano. Si hay un proyecto que rezuma ingratitud es el Centre Raimon d’Activitats Culturals (CRAC), conocido como ‘Centre Raimon’ a implantar en la ciudad de Xàtiva. Tenemos una entidad: Fundació Raimon i Annalisa. Una ciudad ancestral y milenaria. Una fuente con veinticinco caños. Un edificio-contenedor: el Real Monasterio de Santa Clara. Un cantante que hizo mucho más que cantar desde que rasgaba la guitarra en los aledaños bohemios de la Facultad de Filosofía de la Nau de València. A la vista sosegada de Lluís Vives, preceptor de reyes, descendiente de mártires condenados por el Santo Oficio de la Inquisición. Desde la figura que preside el claustro de la Nau, con la mirada puesta en el exilio que se le impuso y le llevó a morir lejos, en la ciudad de Brujas (Países Bajos). Su padre, Lluís Vives Valldaura a la hoguera. Su madre, Blanquina March-emparentada con el poeta Ausiàs March– perseguida y presa. Joan Lluís Vives se muestra en la estatua claustral para denuncia permanente de la intolerancia, en el centro neurálgico de la Univesitat de València. Una injusticia lleva a otra y tantas otras como las que genera una sociedad ingrata.
A por todos
En 1975, año más conocido por el óbito del dictador Franco, Joan Fuster me dedicó un libro, la recopilación de artículos: Contra Unamuno y los demás. En la primera edición recogió los artículos de disconformidad publicados por el intelectual valenciano más relevante del siglo XX (y primer cuarto del XXI) en varios periódicos de Madrid y Barcelona. En València estaba vetado. Otra cerril sinrazón difícil de interpretar. O quizás muy elocuente, de los complejos y necedades que soportamos los valencianos.
En el olvido de Raimon (Medalla d’Or de les Lletres Catalanes,1997) y de Fuster (Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, 1975 y Medalla d’Or de la Generalitat de Catalunya, 1983) hay que anotar que se percibe en el panorama catalán el vacío hacia ambos, a unas personalidades que marcaron la época de renacimiento cultural y cívico. ¿Ya no interesan?
El ruido político y la crisis soberanista que inició Jordi Pujol con su conferencia y declaración de ruptura en la relación Catalunya- España: Trencament de ponts (2013) y cristalizó en el plante independentista de octubre de 2017, han provocado la situación de tensión que pervive. Tuvo dos consecuencias: el enconamiento del conflicto territorial centro-periferia y las múltiples derivaciones que enrarecen la interrelación entre las nacionalidades y otros territorios que conforman el Estado español.
Desde esa perspectiva, Catalunya vive una etapa de ensimismamiento político-social y cultural que la lleva –no sin razón– a aislarse del entorno español y de sus zonas de influencia. El auge de intolerancias ideológicas inspiradas por corrientes centrípetas, frente a los intereses periféricos, derivan en el autoritarismo populista que provoca la ausencia de diálogo y de sinergias cooperantes por ambas partes en conflicto.
Vacío aquí y allá
En el País Valenciano repercute cuanto ocurre, evidentemente, en Madrid, pero también lo que pasa en Catalunya. En la mayoría de casos se trasladan a los valencianos los vidrios rotos de un enfrentamiento que afloró en la segunda mitad del siglo XIX con el movimiento: Renaixença catalana.
Detrás del malestar de la cultura irrumpía el contencioso entre capitalidades –Madrid versus Barcelona– y la tensión política de dos concepciones discordantes sobre el devenir de la impronta española. En la carrera de Raimon ha influido el imperativo cultural y lingüístico, la miopía valenciana, el mecenazgo de los intereses catalanes en juego y el encasillamiento del duende singular de las canciones, de un intérprete y autor, que cautivó a franceses, japoneses, británicos, franceses, italianos o estadounidenses y canadienses. Es el fenómeno más relevante de la canción de autor en lengua catalana con repercusión mundial.
Xàtiva, capital cultural
Es importante la ciudad de Xàtiva. Con sus veintisiete enclaves, en su día llamada a presidir las comarcas centrales del País Valenciano. Es la oportunidad para que tenga un centro vivo de animación cultural. Es singular que la iniciativa parta de la decisión privada de la Fundació Raimon- Annalisa. Es justo que las gentes de Xátiva y su zona de influencia( la Vall d’Albaida, l’Alcoià, la Costera, la Ribera Alta y Baixja, la Safor, el Comtat, la Canal de Navarrés, la Marina Alta y Baixa) tengan, por fin, el aliciente de albergar un foco de atracción que trasciende el ámbito del País Valenciano. Es un logro que la voluntad de quienes dan nombre y contenido al proyecto, hayan conectado con el interés municipal de ciudadanos y Ayuntamiento, para rehabilitar un edificio con valor histórico (siglo XIV) susceptible de acoger exposiciones, eventos culturales, conciertos y encuentros artísticos e intelectuales. Además del fondo permanente de su propiedad que aportarán los fundadores.
Política de bajura
El proyecto arquitectónico de restauración del Convent de Santa Clara es de los arquitectos Ramón Esteve y Carlos Campos González. La obra de rehabilitación está adjudicada y falla la voluntad política de proseguir entre instituciones con el convenio inicial: la Generalitat Valenciana (PP) que pretende modificar el convenio para desvincular el edificio del destino que se le va a dar. Surgen las críticas infames y ruines para clasificarlo de proyecto elitista y opaco. No es tan difícil que confluyan distintos intereses y diferentes instituciones en una misión común. No es imposible. Más difícil y absurdo es volver a traer cuadros de Sorolla procedentes de la Hispanic Society de Nueva York, cuando no se sabe qué hacer con ellos y que vayan a parar al Museo de la Ciudad de València, por la magnanimidad de la alcaldesa, María José Catalá. El Ayuntamiento de Xàtiva tiene la voluntad de llevar adelante el CRAC, aunque supera sus recursos de financiación y de gestión.
Boca abajo
No es la primera vez que las desavenencias y los celos electorales frustran un proyecto ambicioso. Cabe la posibilidad de que sus promotores, Ramón Pelegero y Annalisa Corti, se cansen de apostar por esta operación cultural que ayudará a reponer en el mapa a Xàtiva y desistan de aportar el legado que da sentido y visibilidad a esta iniciativa. Raimon al conocer las reticencias ‘oficiales’ dijo un elocuente: “Ja s’ho faran”.
Los intereses políticos enfrentados entre el Ayuntamiento actual y la oposición, así como su correlación con la Generalitat Valenciana, que preside Pérez Llorca y el signo de la Diputación de València, se entrecruzan en su miopía política de corto vuelo. Restan posibilidades a la ciudad de Xàtiva, a la comarca de la Costera y a sus ciudadanos. Es la ocasión debida para que las fuerzas vivas, las instituciones, la sociedad civil –ahora sí– restañen la herida que Xàtiva arrastra desde que el 25 de abril de 1707. Fue incendiada a lo largo de doce meses por las tropas borbónicas de Felipe V. Por defender su ‘Regne’ y sus derechos (els Furs) se le cambió el nombre por el de Colonia Nueva de San Phelipe. Sus vecinos fueron expulsados para ser confinados en la Mancha. El retrato de Felipe V permanece colgado boca abajo en el Museo de la Ciudad.
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