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70.000 habitantes, 4.000 kellys: las camareras de piso de Benidorm no pueden más

Las kellys de Benidorm protestan frente a la oficina de Turismo de Benidorm con una sábana de la artista Laura Marte. / @kellysbenidorm

Laura Martínez


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Son 4.000 trabajadoras, en un municipio de 70.000 habitantes que alberga 16 millones de pernoctaciones hoteleras al año. En el caso de Benidorm, las kellys, el colectivo de camareras de piso, ya no pueden más. Ni ellas ni la propia ciudad. “Ese nivel de masificación, que un pueblo soporte esa cantidad de turistas, lo pagamos en los servicios municipales, en cómo vives en la ciudad. Estás agotada del trabajo, de la gente, del ruido”, apunta Yolanda García, camarera de piso y portavoz de Las Kellys Benidorm.

El 70% de las 'Kellys' tiene que automedicarse para "soportar la carga de trabajo", según un estudio de CCOO

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Desde que se constituyeron como asociación, las camareras de piso han ido denunciando la sobrecarga laboral y peleando por el reconocimiento de sus derechos. Este 2022, año que roza el récord en visitantes, las camareras de piso critican que la recuperación económica no ha tenido ningún impacto en su trabajo, mientras el sector turístico y hotelero saca pecho de las cifras de ocupación. España recibió en los seis primeros meses del año 30,2 millones de turistas internacionales que gastaron 35.769 millones de euros, un 89% de los niveles prepandemia, según el Gobierno central, cifra que avalan en Hosbec, la patronal hotelera de Benidorm.

Los hoteleros prevén en la ciudad un agosto similar al de 2019; las kellys que sus condiciones sean igual de precarias. “Hay muchas compañeras ya de baja porque no pueden aguantar. Nuestras condiciones laborales no han mejorado nada. Cuando se ha vuelto a tener un verano normalizado en ocupaciones, la carga de trabajo sigue siendo inadmisible”, señala García.

Las trabajadoras tienen que hacer entre 20 y 25 habitaciones por día, además de la limpieza de las zonas comunes –ascensores, pasillos o comedor–. En verano, explican, la carga de trabajo se incrementa, bien por los festivales como el Low Benidorm, que ha traído a la ciudad a 25.000 personas, bien por el tipo de veraneante, que en busca de la playa termina arrastrando arena a las habitaciones. Además, las estancias están siendo más breves y ello implica limpiezas más intensas –cambios de sábanas y toallas, limpiezas de salida y entrada– más a menudo.

Con esta sobrecarga, “el trabajo se convierte en algo que atenta contra la salud”, denuncia García, que recuerda las enfermedades laborales y los dolores crónicos de sus compañeras.

Saturación laboral en una ciudad saturada

La saturación de las trabajadoras se ha trasladado a la propia ciudad, que multiplica su población cada verano. “Benidorm tiene la capacidad y las infraestructuras que tiene –pensadas para 70.000 habitantes–. Eso conlleva saturación de la vía publica, de la playa, de los hospitales que se llenan de urgencias”, reitera García, que apunta que ya no queda una esquina sin hotel.

En este contexto, las kellys se sienten explotadas. “Esa sobrecarga, ese estrés, pasa factura. Y pasa factura física y psicológicamente. Tienes dolores físicos, año tras año y nadie hace nada. Se incumplen leyes de prevención, los planes, los convenios, pero parece que eso es normal, que se asume dentro de la profesión y no hay nada más que hacer, que es lo que toca en una ciudad que vive del turismo”, apunta la portavoz.

García, que lleva años en foros políticos planteando sus reivindicaciones, ve casi como una burla que se hable de ocupación, buenos datos y recuperación, “nunca de condiciones laborales”. “Nosotras vivimos una crisis constante. A final de verano habrá muchas estadísticas y felicitaciones, pero al otro lado está nuestra estadística, la de compañeras de baja, doloridas, la de tantas mujeres trabajando y tantas habitaciones ocupadas, que no hace nadie”.

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