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Vecinos de València, en contra de un macrohotel en una antigua fábrica dentro de una manzana con 800 residentes

Operarios trabajando en el interior de la antigua fábrica de hilados, trenzados y tejidos de yute Piar Casanova.

Miguel Giménez

València —

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Vecinos del barrio de San Antonio-Zaidía, en València, se han movilizado para intentar paralizar el proyecto para la construcción de un “macrohotel” de 575 habitaciones y unas mil camas en el interior de una manzana donde se encuentra la antigua fábrica de hilados, trenzados y tejidos de yute Piar Casanova. Además, han denunciado que este verano han comenzado los trabajos de derribo en el interior del recinto, unas tareas que aseguran se están llevando a cabo sin licencia –el departamento de Urbanismo del Ayuntamiento de València reconoce a elDiario.es que no se ha concedido ninguna licencia para este tipo de trabajos y que están estudiando la documentación presentada por los vecinos–.

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Según explican, la compra del terreno se realizó en 2019 y en 2021 una promotora solicitó la licencia para construir un macrohotel de una estrella, que también sirva de residencia de estudiantes, “para más de mil huéspedes de bajo poder adquisitivo en el interior de la manzana que forman las calles Sagunto, San Bruno, Luz Casanova y Padre Urbano”, un proyecto que cuenta con edificios de hasta siete alturas “a menos de dos metros de las ventanas de algunas de las viviendas colindantes”. Y todo ello, sin “ningún tipo de estudio de impacto, ni del efecto en la calidad de vida de los vecinos”.

En pleno mes de julio, prosiguen, llegan las notificaciones a los vecinos por si quieren presentar alegaciones, unos escritos “dirigidas a las comunidades de propietarios que no dan detalles, generando incertidumbre y dudas”. “Con las fechas elegidas se buscó reducir la capacidad de reacción del vecindario”, lamentan.

Este verano, los vecinos, que se han constituido en asociación y ha solicitado la protección del conjunto arquitectónico de las naves industriales, anteriores a 1940 como demuestra la existencia de un panel cerámico exterior dedicado a Nuestra Señora de la Cabeza de 1935, han denunciado que la promotora ha iniciado los trabajos de demolición en el interior de los edificios pese a carecer de licencia: “No lo vemos, pero lo escuchamos”. Estas circunstancias fueron denunciadas ante la Policía Local que, sin embargo, aseguran que no llegó a presentarse en el lugar a comprobar los hechos.

Descontentos con la respuesta municipal

Tal y como relata Amparo Vidal, portavoz de la asociación de vecinos, hace más de un año que enviaron el primer requerimiento al Ayuntamiento y desde entonces se han reunido con diferentes responsables municipales (la vicealcaldesa y delegada de Urbanismo, Sandra Gómez; la concejala de Espacio Público, Lucía Beamud; la responsable de Participación Ciudadana, Elisa Valía; y en septiembre tienen programada una entrevista con el alcalde, Joan Ribó): “No hemos conseguido más que buenas palabras, pero poco más”. “Sentimos que nos toman el pelo y se pasan la pelota entre Compromís y el PSPV cuando están pasando cosas muy extrañas”, se lamenta.

Ante esta situación, han convocado manifestaciones, caceroladas, han iniciado una campaña en Change.org, han presentado propuestas a los presupuestos participativos municipales a través de 'Decidim València' y han denunciado esta situación ante el Defensor del Pueblo y ante la Conselleria de Cultura, “pero nadie hace nada”. “No queremos que tiren las naves, cuando tenemos una notable deficiencia de servicios”, critica Vidal: “Se han cargado el centro y ahora vienen a por la periferia. Van a convertir el barrio en una nueva Russafa o el Carmen, y si derriban las naves, se muere el barrio”.

Buscar alternativas

Desde Urbanismo, Sandra Gómez planteó el pasado mes de enero tras reunirse con los vecinos buscar alternativas al macrohotel de Zaidía que permitan “generar dotaciones y servicios públicos que necesita el distrito: ”Es obvio que este tipo de iniciativas no es el proyecto más oportuno para una área residencial o para una zona rodeada de fincas“. ”Este macrohotel puede fracturar la tranquilidad de un barrio eminentemente residencial como la Zaidía“, apuntaba Gómez, quien añadía que este tipo de proyectos ”no encajan con el modelo de ciudad en el que estamos trabajando“.

Informes de expertos

Precisamente, los ciudadanos afectados solicitaron un informe a diferentes profesionales, como los arquitectos Carles Dolç o Diana Sánchez, sobre el valor patrimonial de este conjunto. Precisamente, Sánchez, que elaboró un estudio junto a una historiadora del arte, destacaba los valores que tiene el conjunto arquitectónico para considerar su protección como Bien de Relevancia Local, un escrito que se le trasladó al Consistorio junto a la petición de protección: “Por ahora, el Ayuntamiento no se ha pronunciado mientras sigue avanzando el trámite para la licencia de derribo y de construcción del hotel, desoyendo las denuncias de los vecinos del barrio, que son quienes se verán afectados si se realiza esa construcción”, sostiene Sánchez.

Por su parte, Dolç considera que este “desmesurado” proyecto -que se pretende desarrollar en el interior de una manzana residencial “ya construida y consolidada desde hace décadas”- plantea diversos problemas de carácter urbanístico, de habitabilidad y sociales que “exigen una reflexión”, ya que no contempla las repercusiones en el entorno. 

El primer punto al que se refiere es que pretende doblar la densidad y la población de una manzana en la que actualmente hay 359 viviendas y donde residen unas 800 personas, lo que implicaría un incremento notable del tráfico en una zona con problemas de aparcamiento, “ya que el proyecto sólo contempla 94 plazas amparándose en que la normativa no exige reserva de plazas de aparcamiento en hoteles de una estrella, la categoría elegida por los promotores”.

Acerca del valor patrimonial de las naves industriales, el arquitecto aboga por realizar una nueva evaluación detallada y protegerlas: “Si se reconoce el valor patrimonial de las actuales naves, que aparentan buen estado de conservación [y que considera que deberían constituirse en un espacio público], no tendría sentido la propuesta del proyecto”. Además, explica que la manzana es atravesada por la acequia de Rascanya: “El proyecto no considera su interés patrimonial y propone edificar sobre ella”.

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