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Sobre este blog

Los seres humanos hacemos la historia en condiciones independientes de nuestra voluntad.

Sin los partidos nacionalistas no hay gobernabilidad

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Javier Pérez Royo

El sistema electoral español es neutro para los partidos nacionalistas catalanes y vascos. Ni los beneficia, ni los perjudica. Obtienen el número de escaños que les corresponde. Se trata, por tanto, de unos escaños “limpios”, expresión del principio de igualdad. El PP y el PSOE no pueden decir lo mismo.

Conviene subrayarlo. Los partidos nacionalistas catalanes y vascos tienen una legitimidad democrática indiscutible para participar en la dirección política del país. Sus escaños son más expresivos del principio de igualdad que los del PP o PSOE, que reciben una prima de la configuración del sistema electoral que procede de la Ley para la Reforma Política, última de las “Leyes Fundamentales” y del Real Decreto-ley de marzo de 1977, preconstitucional por tanto, en el que se definió el sistema electoral. La “desviación calculada” del principio de igualdad en la composición del Congreso de los Diputados beneficia a PP y PSOE, pero no a los partidos nacionalistas.

Los nacionalismos catalán y vasco forman parte, pues, de la “constitución material” de España. No sé si a ellos les gustará serlo o no, pero es así. Tampoco sé si a los nacionalistas españoles les gusta o no, pero es así. Los seres humanos, como reza la leyenda de este blog, hacemos la historia en condiciones independientes de nuestra voluntad. Y una de esas condiciones es que los nacionalismos catalán y vasco son parte inescindible de la “constitución material española”. Al menos, por el momento y en el tiempo en que es posible hacer predicciones.

Esa parte de la “constitución material” se expresa política y electoralmente en la proporción que le corresponde de manera democráticamente indiscutible. De ahí que no se puede no contar con ella en la dirección política del país. A menos que, como ha propuesto Ciudadanos, se pretenda excluirla del Congreso de los Diputados estableciendo una “barrera electoral” calculada a nivel de todo el Estado, que imposibilitaría que los partidos nacionalistas la pudieran superar. La amputación de la “constitución material” para hacer posible la gobernabilidad es una propuesta tan descabellada, que no merece siquiera ser tomada en consideración.

España tiene que ser gobernada democráticamente contando con los nacionalismos catalán y vasco, es decir, con su “constitución material” sin amputar. Esto no es una opción, sino una exigencia inexcusable. Puede que, en una determinada legislatura alguno de los dos partidos de gobierno, PSOE o PP, tengan una mayoría suficiente en el Congreso de los Diputados para poder gobernar en solitario sin apoyo adicional, pero eso que ha ocurrido en el pasado en la mitad de las legislaturas, es poco probable que ocurra de ahora en adelante y, en todo caso, no puede considerarse una forma estable de dirigir el país. El sistema político español, sin la contribución de los nacionalismos catalán y vasco, tiende al bloqueo.

Y sin embargo, de esto no se habla, como pudimos comprobar en el debate del pasado lunes. No se habla de que, para que España no quede bloqueada, hay que desbloquear la relación con Catalunya. Este es el problema más importante con el que tiene que enfrentarse el sistema político español, al que no se puede dar respuesta ni con la Ley de Seguridad Nacional, ni con el 155 de la Constitución ni con el Estado de excepción. Con este tipo de respuestas el bloqueo no hace más que aumentar. El de Catalunya y el de España.

La izquierda española tiene que perder el miedo a plantear el problema en los términos en que únicamente puede buscarse una respuesta de naturaleza política. Con la amenaza permanente de la represión nos encerramos en un círculo vicioso. Lo estamos comprobando desde hace unos años. En la noche del próximo domingo lo volveremos a comprobar. Sin los partidos nacionalistas no habrá investidura.

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