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Moha Gerehou se 'infiltra' en Vox: “Al principio no me salía gritar ¡Viva España!”

El periodista y activista antirracista Moha Gerehou, vistiendo tirantes con la bandera de España, lleva al teatro su monólogo 'Infiltrado en Vox'.

Pablo Caruana Húder

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La escena comienza con un vídeo. Granada, año 2019, elecciones generales. Mitin de Vox. Mientras Santiago Abascal grita con emoción “Adelante, españoles, sin miedo a nadie ni a nada, por España, todo por España, España siempre, España lo primero, viva España”, entre el público el espectador puede ver al periodista y activista Moha Gerehou aplaudir con aplomo y seriedad. Acaba el vídeo. Gerehou, en escena, dice: “Os preguntaréis qué hago de público en un mitin de Abascal. La respuesta es sencilla: infiltrarme en Vox. Ahora os estaréis preguntando cómo lo hice. Esa es la historia que os voy a contar hoy”.

Así comienza esta pieza, un falso monólogo, un falso documental que a través de la técnica del deepfake y una imaginación juguetona y llena de retranca, consigue al mismo tiempo retratar ácidamente la ultraderecha española y destapar el tarro de las esencias de una sociedad que cuando se trata de racismo no huele bien ni por la derecha ni por la izquierda. El actor y autor de la pieza es el propio Moha Gerehou, experto en redes sociales, presidente de SOS Racismo Madrid entre 2016 y 2018 y autor del libro Qué hace un negro como tú en un sitio como este. La obra, Infiltrado en Vox, se estrena este jueves 22 de junio, tras haber sufrido un retraso de casi un mes, en el Teatro del Barrio de Madrid, que ha decidido producirla.

¿Pero qué hace un periodista y activista antirracista metido en estas lides escénicas? Gerehou había estrenado anteriormente un monólogo en 2017, ¿Cómo sería mi vida si fuera un negro de película?, pero en Inflitrado en Vox la cosa cambia. Este hombre de 31 años nacido en Huesca y con familia originaria de Gambia ha decidido embarcarse en una obra donde ya no solo valen las dotes de orador y comunicador, sino que con valentía afronta una interpretación en la que su personaje, él mismo, se convierte en el gran traidor del activismo. Denostará a los suyos, lo repudiarán, sufrirá en solitario con una misión entre ceja y ceja: acabar con Vox desde dentro.

La tesis no parte del odio ni de una bisoña idea de que acabar con Vox es acabar con el racismo en España. “La conversación sobre el racismo está muy viciada. La Fundación porCausa ha publicado un estudio en el que más del 80% de las conversaciones públicas relacionadas con el racismo provienen de Vox. Los partidos progresistas, además, utilizan el rechazo a Vox como una medalla antirracista. Este trabajo plantea exactamente eso: si Vox desaparece, ¿hablaríamos más de antirracismo?”, cuenta Moha Gerehou a este periódico.

Para ello, Gerehou se ha rodeado de dos directoras de teatro, Claudia Coelho y Anahi Beholi. “Lo primero que hay que aclarar es que no soy actor”, explica Gerehou, “he tenido que formarme en un ciclo acelerado y gracias a Claudia y Anahi creo que salgo del paso. Lo que tenía ganas era de contar esta historia. Todo comenzó cuando vi Infiltrado en el KKKlan, la película de Spike Lee, y me pregunté cómo sería la versión española”, recuerda Gerehou.

La sátira y Macarena Olona

Aquel proyecto se quedó en el cajón. Comenzó a escribir, salían muchas ideas, pero Gerehou no veía claro el formato. No fue hasta que elDiario.es, donde Gerehou trabajó en el inicio de su carrera periodística, le invitase a participar en el festival del aniversario por los 10 años de andadura celebrado en Valencia, que volvió a retomar el proyecto. La invitación fue dentro del ciclo Monólogos Inspiradores para el Cambio. Ahí este comunicador se ganó a la audiencia con una intervención que todavía no tenía forma teatral pero que ya estaba llena de humor y crítica. “Aquello tenía más formato de stand-up, no había vídeos como ahora y tenía un final con mensaje. Pero la gente se rio tanto que me animó a continuar, además me llamó mucho la atención que parte del público me dijo que en ciertos momentos creyeron que lo que estaba contando era cierto, y esa mezcla de ficción, sátira y verosimilitud me interesó mucho”, explica el autor.

Ahora, la cosa ha cambiado. Uno de los puntos fuertes del espectáculo ha sido la colaboración con United Unknown, colectivo guerrilla muy conocido en redes que utiliza técnicas deepfake. Así, Gerehou se entrevistará con Rocío Monasterio en un vagón del metro de Madrid para convencerla de que no es un topo. O tendrá una sorprendente videollamada con Santiago Abascal que desde un supermercado y con botes de conserva en la mano le pedirá que pase al partido información privilegiada de los chiringuitos de la izquierda. Los momentos en que Abascal deja la llamada en espera y sale una imagen del político cabalgando un búfalo cafre desbocado son insuperables.

La obra va desplegando una trama, con Macguffin incluido –unos documentos secretos que pueden tumbar a Vox–, en la que Gerehou poco a poco va introduciéndose en el partido. Primero unos tuits estilo Juan García Gallardo, vicepresidente de Castilla y León, y luego una entrevista con Ignacio Garriga, secretario general de Vox, le servirán para entrar en el círculo del partido. A partir de ahí, todo se vuelve una parodia, una sátira que, por más disparatada que alcance a ser, nunca resulta inverosímil. Ese es el poder de la sátira. Un género capaz de fotografiar lo endeble de los, en teoría, serios márgenes de la política actual. Para muestra un botón, Macarena Olona, que cuenta con uno de los deepfakes más conseguidos de la obra, confirmó en Twitter que acudirá a ver la obra. El estreno, por cuestiones de producción, se ha retrasado unas semanas, pero Gerehou no descarta que Olona vaya al teatro: “Seguro que viene”, afirma. La realidad supera cualquier ficción. “Es algo que está dentro de la lógica del intento de Olona de acercarse a todo lo que suena progresista para intentar parecerlo ella. Y en este tour que ha emprendido para dejar de ser nazi, parece que ahora me ha tocado a mí. Soy la siguiente parada. Pero estoy tranquilo, la obra es antirracista y antifascista, y si acaba viniendo espero que no encuentre lo que busca”, afirma el autor a este periódico.

Gerehou interpreta en escena cómo va aislándose. Amigos, activistas, compañeros periodistas lo llaman y no dan crédito. Tras una rueda de prensa a la que Rocío Monasterio le hace acudir para apoyarla después de su conocida alocución en la Asamblea de Madrid en contra del diputado de Unidas Podemos Serigne Mbaye, Gerehou cae en depresión. Es la parte más teatral de la pieza, vemos a una persona destrozada y sobrepasada por un proyecto que le excede.

En la fiesta de Blas

A partir de ese momento, y tras una divertida intervención en el programa de televisión del recientemente desaparecido canal de televisión 7NN, Toni Cantó, en un deepfake hilarante en el que le vemos gritando “¡Wakanda forever!” y llamando insistentemente bro a Gerehou, todo se acelera. Abascal lo invitará a una fiesta en su casa. Allí, todo se resolverá entre las aguas de Valencia servidas por Hermann Tertsch y gritos desinhibidos de “viva España”. La libertad de sátira directa no para durante toda la obra y el impacto de los vídeos de Abascal, Monasterio o el propio Cantó no es menor. Pero Gerehou dice estar tranquilo: “Son personajes públicos y eso abre una puerta grande hacia la comedia. Además, los abogados del Teatro del Barrio han revisado el texto y no ven nada conflictivo. Si se sienten interpelados y hay reacciones, yo estoy muy tranquilo”, afirma.

Pero no todo es sátira de un partido como Vox. Destaca en la obra la aparición por teléfono del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que, cuando ve que Gerehou sale del activismo antirracista y se acerca a Vox, intenta ficharle para darle un puesto relacionado con las oenegés y un sueldo de 10.000 euros al mes. “Marlaska sabe identificar si un tuit viene de Vox, pero no si hubo muertes en suelo español en la masacre de Melilla. En fin, rechacé la oferta”, dice Gerehou en la obra. Una cita directa, ataque frontal, a la política migratoria del PSOE. Pero la obra está llena de referencias a un racismo latente y condescendiente que no tiene colores políticos. “¿Qué ha pasado con la iniciativa legislativa popular para facilitar la regularización de migrantes indocumentados que se ha presentado en el Parlamento?”, se pregunta Gerehou, “¿cuándo van a solucionar que los migrantes puedan pedir cita para sus trámites de extranjería? Ahora mismo es imposible, tienes que pasarte todo el día pinchando en una página que no se activa más que unos segundos al día, y lo saben, y saben que eso está provocando mafias de gente que revende las citas”, continúa, “¿cuándo se va a acometer la segregación del alumnado en los colegios públicos que todos sabemos que no es solo por renta, sino por raza? Uno no es antirracista cuando critica o se distancia de Vox, sino cuando actúa y toma medidas antirracistas”, concluye.

Gerehou sigue ejerciendo el activismo y está involucrado en un espacio en el barrio madrileño de Lavapiés, Espacio Afro. Las personas migrantes que entran a España de manera irregular sufren las presiones de la ley de extranjería. Gerehou afirma que está azotando especialmente en una discriminación sistemática en el acceso a la vivienda: “No puedes ni llegar a que te timen con el precio, más del 80% de las inmobiliarias aceptan que los propietarios puedan exigir que no se alquile a inmigrantes y se ponen las excusas más diversas o peores condiciones para evitarlo. Todo esto lo está haciendo la sociedad española, no Vox, y está siendo apoyado por un Gobierno progresista. Queda mucho por hacer”, concluye.

Y con todo, Gerehou no pierde la sonrisa. La obra está llena de humor. Al mismo tiempo que se afirman datos como los 11.000 migrantes muertos tratando de llegar a las costas españolas entre 2018 y 2022 o los más de 220.000 deportados entre 2010 y 2019, vemos a Abascal cayendo en brazos de Gerehou cuando le regala unas borrajas de Huesca, o a Macarena Olona perdida en el cuarto de armas de la casa de Abascal bramando bajo la música de Ella y yo de Don Omar. Y quizá el secreto de este thriller político llevado al teatro sea la sonrisa de Gerehou, vestido con tirantes de la bandera nacional y gritando en escena “¡viva España!”: “Este grito he tenido que ensayarlo mucho, al principio no me salía”, confiesa.

El Teatro del Barrio ha decidido tomar ciertas iniciativas de política de públicos para que esta obra que, en principio, estará en cartel hasta el 16 de julio, puedan verla sectores que por discriminación económica y de clase tengan dificultades para acceder a ella. “De forma habitual, cuando en el teatro quedan butacas vacías porque no se venden, se ofrecen a personas a las que prestan asistencia organizaciones sin recursos, pero en este caso hemos elegido específicamente asociaciones que consagran su labor al antirracismo como SOS Racismo, Conciencia Afro, Valiente Bangla y Los Dragones de Lavapiés”, confirma el teatro a este periódico.

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