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Una ciudad también para las mujeres

Hora de salida en un colegio de Castellón.

Belén Toledo

Mar de la Torre tiene tres hijos y vive en Castellón. Desde que nació el primero, aparcó temporalmente su profesión -trabajadora social- para cuidarlo. Hace poco se mudó junto a su familia a un piso más grande. Uno de los criterios en la búsqueda de vivienda era que tuviera un parque infantil cerca, aunque fuera pequeño, y que pudiera ir a pie al colegio, el centro de salud y al supermercado, los tres destinos preferentes de su día a día.

El carro gemelar forma parte de sus desplazamientos cotidianos. Por eso, para ella es un obstáculo la estrechez de los ascensores, “incluso de edificios públicos”. Además, “los bordillos me afectan muchísimo, tener que recorrer con tres niños 20 metros más de calle porque no hay manera de bajar”. Otro elemento urbanístico que le hace la vida más difícil es “que haya parques [infantiles] que no estén vallados y tengan tanta carretera alrededor, como puede ser el del Primer Molí”.

El ejemplo de Mar muestra cómo las calles, la movilidad y los equipamientos urbanos pueden ser enemigos y no aliados en la vida diaria de algunos colectivos. Especialmente entre las personas -mujeres, en su inmensa mayoría- que se ocupan de las tareas domésticas, así como del cuidado de los niños y los dependientes.  

Urbanismo feminista

Para cambiar esta realidad, se aplica desde hace unos años el urbanismo con perspectiva de género. Castellón es una de las primeras ciudades en las que la aplicación de esta visión feminista al ordenamiento se está haciendo de manera concienzuda y sistemática. La ciudad está viviendo desde el año 2015 la redacción de su Plan General, que establecerá el ordenamiento urbanístico de los próximos 20 años.

Hasta el 21 de marzo, el primer borrador del Plan -llamado Plan General Estratégico (PGE)- está expuesto al público. Uno de los documentos que lo integran es el Informe de evaluación de impacto de género, firmado por los profesores de la Universidad Politécnica de Valencia Eva Álvarez y Carlos J. Gómez. En él, se expone qué elementos del urbanismo castellonense hacen la vida más difícil a las “personas cuidadoras o más débiles, normalmente mujeres”, y qué recomendaciones hay que seguir para mejorar.  

Álvarez explica que en nuestra sociedad, hay “una división sexual del trabajo” por la que en términos generales los hombres se ocupan del trabajo remunerado, mientras las mujeres compatibilizan el doméstico y de cuidados. “Debería darse una reorganización social para que esta situación cambiara y que estas no fueran tareas exclusivas de la mujer, pero la cuestión es que ahora lo son, al menos de manera prioritaria, y sucede así en todos los países”, recalca.

Mujeres cuidadoras 

Son numerosos los indicadores que así lo certifican. Por ejemplo, un informe del IMSERSO publicado en 2006 afirma que “cuando los mayores requieren ayuda su cuidador principal suele ser una mujer (84%)”. Más recientemente, el barómetro del CIS de mayo de 2017 recogió que el 87,7% de los encuestados afirma que es la madre la primera que atiende a su bebé, por tan sólo un 5,6% que dice que es el padre.

La experta explica cómo la organización de Castellón, igual que la de la inmensa mayoría de las ciudades, refleja que las tareas tradicionalmente masculinas disfrutan de una consideración social más elevada que las femeninas. Por ello, el espacio y los servicios urbanos están pensados para “promocionar” las primeras y no las segundas. Por ejemplo, “es relativamente fácil encontrar transportes para ir al trabajo y volver, pero es difícil cuadrar horarios para compatibilizar el empleo con el cuidado de dependientes”.

En esencia, el enfoque feminista consiste en “atender a todo el mundo. También a los débiles, ya sea porque viven en la periferia, sufren maltrato, o tienen discapacidad o personas a su cargo”, afirma. “Cuando atiendes esa situación beneficias a hombres y mujeres, pero cuando no lo haces estás penalizando a las mujeres por la sencilla razón de que ellas sufren más todas las circunstancias de pobreza y precariedad”, concluye.   

Movilidad peatonal 

Más allá de las reflexiones generales, el informe recoge propuestas concretas de soluciones para conseguir un urbanismo más inclusivo. Una de las cuestiones básicas es la movilidad. Se asume que las mujeres hacen más recorridos cortos a pie, se desplazan menos del centro a las afueras y más entre diferentes puntos de la periferia -del barrio al hospital, de casa a la pescadería, del colegio al parque-. Además, lo suelen hacer portando algún artefacto con ruedas, como carritos de bebé, sillas de ruedas de la persona cuidada o carros de la compra.

Para facilitarles estos desplazamientos, el Ayuntamiento se ha propuesto algunos cambios. Según Rosa Pardo, arquitecta del departamento municipal de Urbanismo, se avanzará en la peatonalización de zonas como el centro histórico (entre el Raval de Sant Félix y el Raval de la Trinitat), así como en el Grao y en Rafalafena, “en un entorno que concentra dos colegios, una biblioteca y una parque”, explica.

“Se apuesta, en líneas generales, por plataforma única (calzada y acera al mismo nivel para mejorar la accesibilidad a personas con movilidad reducida, el paso de carritos de bebé, carros de compra,etc)”, afirma la técnica.El concejal de Urbanismo y Movilidad, Rafael Simó, añade que se procurará aumentar “la seguridad vial calmando el tránsito y mejorando los cruces de las calles ampliando la zona de visibilidad”. Se refiere también a “la coordinación semafórica, que garantiza atravesar como mínimo un metro por segundo”.

Calles seguras 

La seguridad es otra de las necesidades de las mujeres para moverse con libertad con el entorno urbano. El informe propone, en líneas generales, aumentar la visibilidad e iluminación de las calles que lo necesiten. En cuanto a proyectos concretos, Pardo explica que no se eliminarán totalmente los coches algunas de las zonas peatonalizadas porque aportan una sensación de seguridad.

Además, una de las recomendaciones recogidas en el informe y asumidas por el departamento de urbanismo es comunicar el centro comercial La Salera con otros espacios urbanos con una vía ciclopeatonal para que sea un recorrido más iluminado y seguro.

Sombras, columpios y zonas de descanso

En cuanto a equipamientos urbanos, se trata de crearuna “ciudad más amigable e inclusiva”, también para los más débiles. En este sentido, Castellón necesita más sombra en las calles, fuentes de agua potable y espacios de descanso. Estas carencias se detectaron en una de las actividades de participación ciudadana que se convocaron durante la redacción del PGE.  

Fue en el “Paseo de Jane”, una actividad que consiste en reunir a varias personas que pasean por una parte de la ciudad y describen lo que ven. Es, según el informe, “una actividad participativa que se celebra en todo el mundo desde el año 2009, y que tiene como misión ver el entorno construido con otros ojos, es decir con los ojos de las actividades cotidianas”.

Urbanismo a pie de calle 

Acciones así han hecho posible detectar las necesidades de las personas más débiles. “Hasta ahora el ordenamiento se hacía mediante planos en despachos, que suelen estar ocupados por hombres. Estas son el tipo de cosas que se detectan andando por la ciudad, una actividad que suelen hacer más las mujeres”, explica Ali Brancal, vicealcaldesa y responsable de Igualdad en el equipo de Gobierno.

Hay otras muchas propuestas en el informe, como la mejora de la limpieza de los excrementos de perro en las calles, la vigilancia y mejora del pavimento, que tiene demasiadas irregularidades que suponen un peligro para los ancianos, o la instalación de aparcamiento de bicicletas en el entorno de los centros escolares. Se trata de que Mar pueda ocuparse de sus tres hijos en calles bien iluminadas, con prioridad para los peatones y sin tener que preocuparse de esquivar obstáculos. Que la ciudad sea su aliada y no su problema.  

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