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Los activistas que roban en supermercados para pagar a los trabajadores de las producciones de alimentos

Una controvetida campaña de un grupo de activistas berlineses invita a robar alimentos en los grandes supermercados alemanes y a pagar el precio de lo robado a organizaciones de apoyo a trabajadores de las producciones

Los responsables de la iniciativa, salidos del ámbito artístico y de los movimientos sociales, presentan la campaña como una invitación a la reflexión sobre las injusticias de la sociedad de consumo

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Campaña del colectivo de activistas berlineses Peng!: “Alemania va a robar”.

Campaña del colectivo de activistas berlineses Peng!: “Alemania va a robar”. Peng!

No estoy robando, sólo pago a los buenos”. Eso dice la atlética joven disfrazada de mapache después de saltar la caja de un supermercado alemán Lidl con la mochila llena de chocolate, café, tomates y naranjas. A través de su teléfono móvil abona 16,49 euros a quienes trabajan por el bienestar de los trabajadores que producen esos alimentos.

La escena pertenece a uno de los vídeos de la última y controvertida campaña del colectivo de activistas berlineses  Peng! . “Alemania va a robar”, se llama. Con ella han conseguido atraer la atención sobre la precaria situación de los trabajadores de las producciones de esos alimentos que se consumen a diario en las sociedades occidentales. Concretamente, de ocho productos: bananas, tomates, té, café, naranjas, chocolates, vino y flores.

Según la campaña de Peng!, en los supermercados, especialmente en los de grandes descuentos, como Lidl o Aldi, los precios que se pagan por esos productos no se identifican en modo alguno con los principios del comercio justo. Es decir, con aquel comercio más orientado al desarrollo sostenible e integral de los responsables de la oferta.

Así, el Grupo Rewe – otro ejemplo señalado por Peng!, – ofrece en sus supermercados el kilo de café de su marca blanca Ja! a 7,99 euros. El kilo de Café Intención, con distintivo de producto ecológico y de comercio justo, cuesta 16,99 euros.

En el supermercado, uno puede comprar bananas de comercio justo también, pero son más pequeñas, y están verdes, sobre todo si las comparas con las de la multinacional suiza Chiquita. Situaciones así se producen todos los días. A diario, el consumidor negocia, por así decir, con derechos humanos de quienes producen las bananas”, dice a  eldiario.es Gil Schneider, uno de los responsables de la iniciativa de Peng!. “Los derechos humanos no son negociables”, abunda.

En Ecuador, el mayor productor de bananas del mundo, los trabajadores están expuestos a “pesticidas con los que son rociados sin previo aviso”, a menudo “reciben menos del salario mínimo”, “no están cubiertos por la seguidas social” y sindicarse allí “puede costar el puesto de trabajo”, denuncian en Peng!. El colectivo, que se ha puesto en contacto con sindicatos ecuatorianos del sector, plantea a través de su iniciativa “Alemania va a Robar” financiar las organizaciones de trabajadores del país sudamericano.

La idea de la campaña es que, por cada racimo de bananas robado (valorado en 1,29 euros), el participante en la campaña pague a Peng! a través de la web de “Alemania va a robar”. El colectivo envía después el dinero a los sindicatos de Ecuador. Lo mismo pasa con el café. Éste, valorado en 3,99 euros, sirve para apoyar la financiación de una organización de monitoreo de condiciones sociales y medioambientales de productores de café en Honduras.

Cooperación con organizaciones de trabajadores

Otro ejemplo de la campaña de Peng! son los tomates. A través de esos frutos – estimados en 1,19 euros por Peng! – se ayuda a financiar en Italia la organización NO CAP, que lucha por los derechos de los trabajadores en las producciones de tomates en el sur italiano. En ese país europeo, se estima que cerca de 800.000 trabajadores de los 1,2 millones de empleados dedicados a las tomateras son inmigrantes pagados apenas 15 euros al día. Este tipo de condiciones, que pueden llegar a ser mucho peores según en qué países, constituyen para Schneider y compañía formas de “esclavitud moderna”.

En realidad, la campaña de Peng! es un sistema tan llamativo como controvertido de donaciones para este tipo de organizaciones en ocho países. Los cerca de cincuenta activistas que están detrás de “Alemania va a robar” trabajan conjuntamente con organizaciones del mundo laboral de ocho países del planeta, la mayoría en el sur. Peng! cuenta también con partenariados en la India, Kenia, Ghana, Sudáfrica y Brasil.

Lo que queremos es un cambio en el sistema. Queremos un sistema que no esté basado en que el chocolate o el vino o la fruta, esas cosas que nos hacen felices, estén producidos a costa del sufrimiento de otras personas”, explica Schneider.

Su campaña se ha visto confrontada a no pocas críticas a través de Internet. Titulares de prensa generalista como “Activistas de Berlín hacen un llamamiento a robar”, del diario berlinés  Tagesspiegel, seguramente no sean sinónimo de éxito para Peng!. Sin embargo, Schneider dice estar contento por haber “generado cierto debate” en la opinión pública. “La cadena de supermercados EDEKA puso a todas sus filiales en alerta por nuestra campaña. Asociaciones de venta al por menor manifestaron que nuestra iniciativa estaba muy mal”, cuenta Schneider

Campaña del colectivo de activistas berlineses Peng!: “Alemania va a robar”.

Campaña del colectivo de activistas berlineses Peng!: “Alemania va a robar”. Peng!

No obstante, con motivo de su campaña, muchos también habrán leído estos días que el Gobierno alemán puso en marcha hace dos años un Plan de Acción Nacional de Economía y Derechos Humanos (NAP, por sus siglas alemanas). Con él se pretendía introducir el cumplimiento de los derechos humanos en las cadenas de distribución y abastecimiento de productos como los tomates o el café de la campaña de Peng!.

Ahora bien, ese plan carece de órdenes y obligaciones para las empresas del sector, pese a lo cual el NAP aspira a que en 2020 la mitad de las empresas con más de 500 empleados hayan integrado las preocupaciones de los derechos humanos en sus procesos internos.

Schneider lamenta que, en las circunstancias actuales, ese objetivo resulte inalcanzable. “Es muy complicado. El Estado tendría que moverse en esa dirección”, dice el responsable de “Alemania va a Robar”. A su entender, las empresas no hacen gran cosa para cambiar la realidad que denuncia el colectivo. Entre otras cosas, porque también falta voluntad política. En los supermercados, mientras tanto, parecen sobrar productos de origen cuestionable en lo que a derechos laborales se refiere.

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