Una jueza absuelve a dos hombres pese a reconocer que una mujer fue violada en Ibiza
Dos hombres se librarán de la cárcel y del pago de una indemnización después de que la Audiencia Provincial de Balears haya concluido que, a pesar de que la mujer sufrió una relación sexual inconsentida, no hay pruebas suficientes para identificar a los autores del delito. La Sala resuelve que, aunque los hechos declarados probados pueden ser constitutivos de un delito de agresión sexual, no es posible determinar su autoría. “Inferimos que efectivamente se produjo una relación sexual inconsentida. Y ello lo podemos deducir de una serie de indicios claros”, plasma la sentencia, a la que ha tenido acceso elDiario.es. La jueza añade que no pone duda el testimonio de la víctima, pero incide en la falta de pruebas para condenar a los dos hombres, que guardan el parentesco de primos.
Los hechos tuvieron lugar la madrugada del 30 de enero de 2020. Según el relato de la mujer, se acercó a los dos acusados cuando ella estaba tomando unas cervezas con unos compañeros de trabajo al escuchar el acento colombiano y percibir que eran “paisanos” suyos. Los conocía de vista porque tenían unos amigos en común. A las nueve menos cuarto de la noche, en una pizzería situada en la avenida Sant Agustí de Cala de Bou (Sant Josep), comenzaron a consumir bebidas alcohólicas en “gran cantidad”, describe el escrito judicial. La mujer especificó que se tomaron dos cervezas y dos chupitos hasta que cerró el restaurante, a las 22 horas. A partir de este momento, la víctima no tiene más recuerdo que el de despertarse a las ocho de la mañana del día siguiente en una casa ajena con los dos acusados, uno de ellos yacía junto a ella sin ropa. Ella se encontraba semidesnuda, con la ropa interior por los tobillos, sin camisa ni calcetines. Tampoco tenía su bolso y detectó que tenía lesiones en distintas partes del cuerpo, entre ellas, varios hematomas -uno en el ojo izquierdo- y arañazos.
Cuando le preguntó al hombre qué había pasado, él le respondió que se había mojado porque había llovido durante la noche y por eso le había quitado la ropa. Le preguntó luego por qué él estaba desnudo y le contestó que fue porque ella le había vomitado encima. Por último, quiso saber si la había tocado, y él le dijo: “No, porque no quisiste”. De hecho, ella le llegó a advertir: “Espero que no me hayáis tocado”. Entonces apareció el otro enjuiciado y, al reclamar la víctima sus objetos personales, se los entregaron y uno de ellos la acompañó hasta su casa, ya que no había taxis cuando bajaron a la calle y ella tenía prisa por marcharse. En ese momento, todavía se sentía bastante mareada.
Fue ya una vez en su vivienda cuando la víctima descubrió que tenía sangre en la ropa interior. Acudió a denunciar motivada por su hijo, ya que ella tenía miedo a represalias por parte de los dos hombres, aseguró. Poco después, fueron detenidos e ingresaron dos noches seguidas en el calabozo tras las que quedaron en libertad provisional. El procedimiento judicial se inició después de que la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de Sant Antoni enviara el atestado al juzgado de Instrucción número 3 de Eivissa.
Uno de los “peores casos”
La mujer declaró durante el juicio haber sufrido secuelas físicas y mentales por lo sucedido que le llevaron a necesitar tratamiento psicológico durante años. Además de una gran culpabilidad por haberse acercado esa noche a los dos acusados. Entre los profesionales que la atendieron estaba una psicóloga de la Oficina de la Dona -dependiente del Consell d'Eivissa- que confirmó que cuando la víctima llegó al servicio presentaba un cuadro de ansiedad y angustia. En ese sentido, recalcó que este tipo de síntomas son usuales en personas que han sido sometidas a una sumisión química, aunque esta no se pudo confirmar científicamente dado que los restos no perduran más de ocho horas en la sangre. “Ella tardó en denunciar porque negaba los hechos. Es muy típico”, añadió la psicóloga.
Además, la denunciante sufrió, posteriormente, una depresión mayor -sin haber tenido anteriormente ni contar con una personalidad propensa a ello- y un trastorno de estrés postraumático causado por un miedo que “perdurará y será difícil de superar”. Así como una fuerte degradación de la autoestima que le hizo abandonar actividades que solía hacer por placer. La profesional afirmó en su declaración que la sintomatología estaba estrechamente ligada a los hechos y que se trataba de “uno de los cinco peores casos” que había visto en sus siete años de trayectoria en la Oficina de la Dona. Añadió que la paciente mantuvo siempre un relato coherente y perfectamente compatible con la comunicación no verbal.
Según explicó la propia víctima en el juicio, recibió atención psicológica durante tres años consecutivos hasta que tuvo que dejar de asistir a las sesiones porque su horario laboral no se lo permitía. En ningún momento el psicólogo que la atendía le dio el alta médica, como enfatizó ante la jueza. Como consecuencia de esa noche, la mujer perdió además mucho peso y con el paso del tiempo cada vez salía menos a la calle. Había veces en las que llegaba incluso a poner un palo de escoba tras la puerta de su domicilio por temor a que los acusados entraran.
Por otro lado, el médico forense confirmó en el juicio que se habían hallado restos de sangre y dolores en el cuerpo de la mujer, en concreto en la zona anal y vaginal. Así como dolores en las muñecas que podían derivarse de haber sufrido algún tipo de forcejeo o sumisión por parte de los acusados. A pesar de que no se encontraron restos de semen en el cuerpo de la denunciante, no se interpreta de este hecho que no se produjera un delito de agresión sexual, ya que podría haberse utilizado preservativo o estos restos podrían haber desaparecido con el tiempo, determinó el médico forense durante el análisis de pruebas.
Once años de cárcel y una indemnización
Por todos estos hechos, la Fiscalía consideró responsable a uno de los acusados y reclamaba para él seis años de prisión. También pidió su inhabilitación para ejercer profesiones que impliquen contacto habitual con menores durante cinco años y libertad vigilada otros cinco. La acusación pública solicitó, además, el pago de una indemnización de 20.000 euros por las secuelas y 15.000 por las lesiones.
En cuanto a la acusación particular, pedía once años de cárcel para uno de los hombres y ocho para otro, así como el pago de una indemnización de 35.000 euros por los daños ocasionados. Por su parte, los acusados argumentaron en su declaración que el vasto consumo de alcohol les impedía recordar con claridad los hechos que se produjeron esa noche. Como especificaron ante la Audiencia Provincial, cuando la víctima se acercó a ellos en el local de Cala de Bou donde coincidieron, ya habían tomado licor de hierbas, cerveza y tequila. Una lista que siguió creciendo una vez se unió a ellas la denunciante.
En cuanto a la desnudez que presentaba cuando la mujer se despertó -“muy nerviosa, alterada y asustada”, según los encausados-, explicó que siempre dormía desnudo en verano, estación del año en que se produjeron los hechos. También relató que cuando todavía se encontraban en el local, fue un momento al baño y cuando volvió se encontró a su primo besando a la víctima y que las heridas que presentaba en la muñeca el día de después se las habían hecho intentando evitar una caída fruto de la borrachera que llevaba.
La camarera del establecimiento en el que estaban explicó que se encontraba en un estado de embriaguez elevado cuando abandonaron el sitio y que se ofreció a acompañarla a su casa, pero fueron finalmente los dos hombres quienes se la llevaron. El forense aclaró, respecto a este punto en concreto, que si se hubiera producido una caída, presentaría heridas en las rodillas, marcas que no tenía. La sentencia no es firme y contra la resolución de la Audiencia Provincial cabe interponer recurso de apelación.
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