Bochorno y tensión frente a un Palacio de los Deportes blindado por el Real Madrid-Maccabi: “Que Israel juegue sí es política”
“A mi me han censurado banderas palestinas en un partido de baloncesto, pero Israel sí puede traer a sus equipos para competir en España. Hay quienes defienden que estas dos cosas pueden pasar a la vez. ¿Nadie ve la contradicción?”, es la pregunta que lanza al aire Pablo, de 23 años, en un debate junto a sus dos acompañantes frente al Palacio de los Deportes. Este jueves a partir de las 20.45, el auditorio madrileño acogerá a puerta cerrada el Real Madrid-Maccabi Tel Aviv, un partido de baloncesto que ha suscitado polémicas desde días antes de celebrarse. El lunes, el primero del año, 250 organizaciones emitieron un comunicado conjunto en el que pedían suspender el encuentro. Es el segundo esta semana que juega en España el equipo israelí.
“¿Dónde están las sanciones?”, corean al unísono centenares de manifestantes que, a las siete de la tarde, ya estaban reunidos en la plaza de Salvador Dalí, frente al pabellón multiusos. El delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín, anunció que el partido se celebraría sin público en el interior del recinto para garantizar la seguridad durante el evento. La participación de Israel en competiciones internacionales han causado revuelo y generado presión social, hasta el punto de cortar en verano la última etapa de la Vuelta Ciclista a España por la inclusión del Israel-Premier Tech –conjunto que montó un empresario sionista para mejorar la imagen de su país– o la retirada de varios países en Eurovisión.
El delegado del Gobierno aseguró basarse en recomendaciones policiales para decidir cerrar este partido al público. Es lo mismo que ocurrió el martes en el Palau Blaugrana de Barcelona, ante la previsión de protestas por otro encuentro con el Maccabi. La decisión institucional ha sido criticada por figuras del mundo del baloncesto como Sergio Scariolo (entrenador de los merengues) o el propio alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida. El regidor espetó a la Delegación que la participación de un club israelí “no tiene que ser distinta” a la de “un equipo de cualquier otra nacionalidad”.
Horas antes de que empezara el partido, prácticamente todas las calles que confluyen en el Movistar Arena estaban cortadas. La Policía Nacional desplegó efectivos desde la salida del metro en O'Donnell hasta el lugar donde estaban previstas las concentraciones. En el cruce de Doctor Esquerdo que da a la de calle de Jorge Juan, un agente vigila el paso e impide la entrada al pabellón. “Es por motivos de seguridad, pero no podemos informar de la razón”, desliza cuando se le pregunta cómo acceder al otro lado.
Fuentes de la Delegación del Gobierno indican que a fecha del jueves no habían recibido ninguna solicitud formal para acreditar la protesta, aunque los alrededores de la plaza de Salvador Dalí estaban repletos de furgones policiales, pancartas o banderas palestinas. Entre los asistentes había tanto hombres como mujeres y edades dispares, aunque abundaban adultos de entre 50 y 60 años o jóvenes en la veintena.
También acudieron representantes políticos en el Congreso de los Diputados como la portavoz de Unidas Podemos, Ione Belarra, que lamentó en declaraciones a los medios que “se haga negocio cuando hay personas asesinadas por Israel”. También se dejaron ver figuras controvertidas, como el agitador Vito Quiles o Francisco Nicolás Gómez, el pequeño Nicolás.
Ada y Carmen, dos amigas que rondan los 60 años y han viajado desde Aluche (Carabanchel) y Arganzuela, respectivamente, tienen claro por qué ellas están allí. “Palestina lleva décadas sufriendo y, incluso ahora, permitimos que Israel participe en las competiciones deportivas. No podemos permitirlo, ni en esta ni en ninguna otra”, se reafirma la primera, que se suma a la solicitud colectiva de suspender el partido del Maccabi contra el Real Madrid, pocos días después de que os israelíes jugaran en otra polémica cita en Barcelona.
Esta vez no pudieron conseguirlo. A las 20.48 horas, recién comenzado el partido y con más de dos horas de protesta ininterrumpida frente al auditorio, un portavoz de los manifestantes confirmó megáfono en mano el inicio de un encuentro que “nunca debió realizarse”. Frente a él, unas 200 personas aproximadamente aplaudían la convocatoria antes de marchar a casa, no sin un aviso. “El boicot no acabará aquí. Que Israel juegue sí es política”, sentenció Carmen.
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