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La cara y los datos del cuerpo de San Isidro: posible origen africano y fallecido a los 45 años

Cadáver atribuido a San Isidro, junto a la reconstrucción elaborada por la Complutense

Diego Casado


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“La decisión de hacer este estudio muestra que la Iglesia no tiene miedo a nada y que, aprovechando también los avances científicos, puede conocer mejor a hombres como San Isidro”. La frase la pronunciaba este lunes el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, en un lugar normalmente ajeno a la religión, la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Pero su presencia allí tenía sentido científico: se presentaba el análisis forense del cuerpo que la tradición católica atribuye a San Isidro.

No abundan en la Iglesia ejercicios de transparencia técnica como este con sus reliquias más veneradas, por lo que la ocasión era especialmente interesante para saber si el cadáver más famoso de la capital podía arrojar alguna información sobre su origen y sobre el Madrid de hace 900 años en el que fue enterrado.

La primera sorpresa fue la de la edad. Si bien la tradición escrita atribuía a San Isidro 90 años en el momento de su muerte, el cadáver analizado pertenece al de un individuo de entre 35 y 45 años. El Arzobispado explica que la teoría de la edad longeva viene del siglo XVI y “fue seguida por casi la totalidad los hagiógrafos posteriores”. Donde no parece haber discrepancias según el estudio es en la fecha aproximada de su muerte, en torno al año 1130, fijado como referencia en la bula de la canonización del santo.

Aunque tal vez los datos más interesantes sean los relativos a sus orígenes. El cuerpo, perteneciente a un individuo con una estatura de entre 167 y 186 centímetros, presenta “características propias de los grupos afrodescendientes”, que son predominantes. Es decir, que tenía raíces africanas, aunque el análisis técnico también arroja en sus muestras “otros troncos ancestrales como el caucásico o el asiático”, por lo que “no es posible asociarlo con un único grupo poblacional específico y único”.

A estas evidencias sobre sus orígenes se le suma una reconstrucción facial en tres dimensiones en las que, por vez primera, se ha intentado imaginar el rostro en vida del cadáver atribuido a San Isidro. El resultado se puede observar en la imagen publicada sobre estas líneas, elaborada primero gracias a una virtualización del cráneo y luego desarrollada técnicamente por la empresa QLab. La recreación lleva un tocado de tela similar al que aparece en una representación del siglo XIII del arcón funerario de San Isidro. Según el Arzobispado las novedades sobre el posible origen africano hablan “de la acogida que siempre ha brindado Madrid a todo el mundo y así de la acogida que el propio san Isidro daba a los demás”.

El estudio tuvo lugar los días 12 de enero, el 26 de febrero y el 25 de abril de 2022, cuando se practicaron diferentes pruebas y análisis, entre ellas un TAC. Cuatro doctoras se encargaron de los trabajos y redactaron sus conclusiones: María Benito, Ana Patricia Moya, Mónica Rascón e Isabel Angulo, dentro de unas labores coordinadas por la Escuela de Medicina Legal y Forense de la Universidad Complutense de Madrid.

Fue la la propia congregación de San Isidro la que planteó al Arzobispado la posibilidad de practicar un estudio completo antropológico y forense con las técnicas de las que se dispone en la actualidad, coincidiendo con el jubileo decretado por el Vaticano y aprovechando la salida al exterior del cuerpo, 37 años después de la última ocasión. El cardenal Osoro se encargó a finales del año pasado de solicitarlo a la Congregación de las Causas de los Santos de Roma, que le dio la venia de forma casi inmediata.

El estudio también ha intentado averiguar las causas del fallecimiento. Las forenses no encontraron en el cuerpo signos de violencia o traumatismos, pero sí que observaron “signos de enfermedad e infecciones en los huesos maxilares, con importantes abcesos y fístulas”, que podrían indicar mediastinitis, que en ocasiones desemboca en una sepsis y esta haber derivado en la muerte. Esta infección dental es la única que se ha podido identificar en el trabajo.

Entre otras curiosidades, las doctoras hallaron restos de ácido bórico en el cadáver, tal vez para acabar con la presencia de insectos detectada en algunas partes (se han encontrado pupas y orificios de estos animales). También se detectó un corte intencionado en la pantorrilla derecha del cadáver, sin que haya más información al respecto.

El misterio de la moneda en la garganta

Como última sorpresa, las pruebas sirvieron para encontrar una moneda en la garganta del cadáver, de unos 2 centímetros de diámetro. Situada en el vestíbulo laríngeo, apareció en una de las tomografías, pero no se ha extirpado para su visión directa. En cualquier caso, las pruebas tienen un nivel de detalle que permite intuir la forma e incluso se ha aventurado una datación.

La moneda parece que tiene forjada de la silueta de un león rampante enmarcado en un rombo. Un estudio numismático ha establecido que, a falta de imágenes más detalladas, podría tratarse de una Blanca del Rombo de Enrique IV. Este rey acudió a venerar al santo en el año 1463.

El Arzobispado de Madrid asegura que las conclusiones de este estudio “no contradicen ninguno de los elementos que la tradición más fiable venía atribuyendo a la vida e historia de san Isidro”, por lo que afirma que “da una gran probabilidad de que nos encontremos ante el cuerpo del santo labrador madrileño del siglo XII”, después de destacar que el cadáver ha estado bajo custodia de la iglesia “desde su exhumación, 40 años después de su fallecimiento”.

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