Sobre este blog

Carlos Elordi es periodista. Trabajó en los semanarios Triunfo, La Calle y fue director del mensual Mayo. Fue corresponsal en España de La Repubblica, colaborador de El País y de la Cadena SER. Actualmente escribe en El Periódico de Catalunya.

¿Y si dentro de no mucho en América se legalizaran las drogas?

En EEUU y México se incauta casi el 70 por ciento del cannabis del mundo,

Todos los que conocen con alguna profundidad el asunto coinciden en pronosticar que habrá un día en que la producción, la distribución y el consumo de drogas serán actividades legales. Pero ninguno se atreve a pronosticar cuándo ocurrirá eso. Pueden pasar décadas o, por el contrario, el proceso puede acelerarse repentinamente. Lo que sí es seguro es que el debate de altura al respecto es ahora más intenso que nunca. En particular, en lo que se refiere a la marihuana, la droga más blanda del escalafón, pero igualmente perseguida. El primer “Simposio Estados Unidos-México” celebrado este fin de semana en San Cristóbal de Guanajato y destinado específicamente a la cuestión, ha confirmado que en México, en donde se produce buena parte del cannabis que se consume en Estados Unidos, hay muchos personajes influyentes que creen que la legalización de ese producto es una posibilidad real, incluso en un plazo no muy largo.

Vicente Fox, expresidente de la Republicana mexicana, exlíder máximo del derechista partido PAN e impulsor del citado simposio, no sólo se ha mostrado favorable a la misma, sino que además ha anunciado que cuando ésta tenga lugar, él mismo, que es un importante empresario agrícola, “producirá y exportará” marihuana. Fox también ha sugerido la vía política para avanzar por este camino: el de que sean las autoridades de los estados, a instancias de sus instituciones representativas, y no el poder central, las que dicten leyes al respecto. Empezando por la macrociudad de México, que en los últimos años ya ha actuado por su cuenta legalizando el matrimonio homosexual y despenalizando el aborto.

Parece claro que en amplios sectores de la clase política mexicana existe una predisposición a abordar con nuevos criterios el problema del tráfico de drogas, que es desde hace años uno de los más graves a los que se enfrenta al país: se acaba de confirmar que la esperanza media de vida de los mexicanos ha caído 0,9 años como consecuencia del aumento sin precedentes de las muertes de varones de entre 15 y 39 años por enfrentamientos ligados al narcotráfico. La reunión de Guanajato y sus mensajes han de colocarse en ese ambiente de emergencia nacional.

Pero la inquietud es generalizable a buena parte del resto del continente. Y, más allá de las crónicas de los horrores que produce el narcotráfico –que está poniendo en cuestión la existencia misma de algunos estados centroamericanos, por no hablar de sus efectos en Colombia y Perú-, ésta está generando iniciativas muy significativas. La que se lleva la palma es el acuerdo votado hace un año por el Parlamento uruguayo de legalizar el cannabis y de que su producción y distribución sean monopolio del Estado. La decisión fue tomada a instancias del presidente José Mujica, un hombre de izquierdas que sigue creyendo que cualquier objetivo político es alcanzable si existe voluntad de alcanzarlo.

Pocos meses después, tres expresidentes latinoamericanos –Fernando Henrique Cardoso, de Brasil, César Gaviria, de Colombia y Ernesto Zedillo de México, todos ellos de centroderecha- proponían que el Estado regule el consumo de marihuana en el continente. En mayo de este año, un informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) impulsado por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, sugería la legalización del cannabis o, cuando menos, el interés en debatir la cuestión. Desde Washington, Barack Obama respondía: “Es perfectamente legítimo abordar la cuestión. Yo no soy partidario de la legalización, pero estoy convencido de que deberíamos tomar medidas más creativas”.

Sus palabras se pueden interpretar como se quiera porque desde hace tiempo que el presidente norteamericano evita definirse sobre cualquier cuestión. Pero cabe recordar que en 2004, cuando aún era sólo senador por Illinois, dijo: “La guerra contra la droga ha sido un fracaso completo. Debemos repensar nuestra legislación y despenalizar el cannabis”. La elección de Obama en 2008 abrió esperanzas sin cuento en todo el mundo. También en este capítulo. Buena parte de ellas se vieron frustradas y en buena medida por lo mismo que aguó muchas otras de sus promesas, por la presión de la poderosa derecha norteamericana. Pero no pocas de ellas, entre las que figura la polémica legalización, han vuelto a renacer tras su reelección en noviembre de 2011.

Entre otras cosas porque, entre medias, en Estados Unidos han ocurrido cosas tan importantes en este terreno como que dos estados, el de Washington y el de Colorado, han legalizado el consumo de cannabis incluso con “fines recreativos”, es decir, para “colocarse” y otros 16 lo han hecho para fines médicos o de índole equivalente. La producción de marihuana dentro de Estados Unidos se ha multiplicado por 10,5 veces en 25 años y alcanza ya un importe de 10.500 millones de dólares cada año. Otro dato importante del debate sobre el narcotráfico en Estados Unidos es que uno de cada diez ciudadanos de raza negra está en la cárcel, en su mayoría por delitos relacionados con el mismo (mientras que sólo hay 1 por cada 64 blancos) y que la mejora de las condiciones de vida de las gentes de color es algo que Obama quiere dejar bien asentado cuando abandone la Casa Blanca en 2016.

Unos cuantos prestigiosos analistas norteamericanos están convencidos de que el presidente hará algo significativo en lo que al cannabis se refiere antes de abandonar su cargo. Es muy posible que Vicente Fox, un hombre que desde siempre estuvo muy unido a Estados Unidos, se haya lanzado a la piscina justamente porque cree que ese “algo” va a producirse. El tiempo lo dirá. Puede que no ocurra nada. Porque hay intereses muy poderosos que están en contra de cualquier modificación de la política estrictamente represiva al respecto. Entre ellos, los de los grandes conglomerados del narcotráfico, que saben, como lo saben todos los expertos y políticos que opinan sobre el asunto, que una eventual legalización de la marihuana sería el precedente necesario para abordar un cambio de actitud legal hacia las llamadas “drogas duras”.

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Carlos Elordi es periodista. Trabajó en los semanarios Triunfo, La Calle y fue director del mensual Mayo. Fue corresponsal en España de La Repubblica, colaborador de El País y de la Cadena SER. Actualmente escribe en El Periódico de Catalunya.

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24 de julio de 2013 - 20:40 h

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