El club de lectura fácil en Murcia donde se rompen barreras: “Aquí me siento feliz”
Hugo es un niño tartamudo y Bernardo tiene dislexia. Son dos de los protagonistas de 'El Club de los Raros', la obra del escritor catalán Jordi Sierra i Fabra, en la que muchos de los personajes que aparecen se consideran 'raros' en su entorno por diversas razones. Es el libro favorito de María y de muchos de sus compañeros, que asisten puntuales y entusiasmados al club de lectura fácil de los martes de la Biblioteca San Basilio de la capital murciana, perteneciente a la Red Municipal de Bibliotecas de Murcia (RMBM). A las once y media de la mañana, las páginas empiezan a pasar de un lado a otro, pero allí no solo se leen libros: se comparten opiniones, se gana confianza y se crean vínculos.
Durante la sesión, los usuarios van corrigiendo las preguntas tipo test sobre el libro que están leyendo, comentan la historia y comparten sus opiniones con el grupo. “Me gusta mucho venir al club de lectura porque me encanta leer”, justifica sonriente María. En esta pasión por la lectura ha tenido mucho que ver la asociación ASSIDO, una organización sin ánimo de lucro que desde 1981 se dedica, en la Región de Murcia, al tratamiento, apoyo, atención, formación e inclusión de personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual desde su nacimiento y a lo largo de todas las etapas de su vida.
Lectura fácil para incluir
En ese sentido, los clubes de lectura fácil que desarrolla el centro junto a esta asociación ayudan a estos usuarios a sentirse incluidos en la sociedad. “Los clubes de lectura fácil trabajan con personas que tienen dificultad de comprensión lectora para que puedan estar conectados con el mundo que les rodea y con instituciones públicas como las bibliotecas”, asegura Toñi García, una de las coordinadoras de esta iniciativa. Una de las diferencias de este formato es el uso de un vocabulario más sencillo. También incluye aclaraciones al margen o a pie de página, frases cortas y claras —sujeto, verbo y predicado— y un diseño con interlineado, márgenes amplios e imágenes de apoyo. Esto facilita un poco más la comprensión de los textos.
“Desde ASSIDO nos aportan los lectores, además de acompañarlos a nuestro club de lectura con un monitor”, explica Toñi García. Estos usuarios llegan al club de lectura con un perfil previo. “Normalmente, son personas que tienen discapacidad intelectual por causas como el síndrome de Down, parálisis cerebral o por accidentes de tráfico”.
Aparte del club de lectura de los martes con la fundación ASSIDO en la ciudad de Murcia, los lunes hay un club de lectura con ASSIDO en Casillas (una pedanía de Murcia) y los miércoles con ASTRAPACE (Asociación para el Tratamiento de Personas con Parálisis Cerebral y Patologías Afines). Además, la pedanía de “Santiago el Mayor tiene otros clubes de lectura en colaboración con otras instituciones”, asegura Toñi, destacando la extensión de esta iniciativa por las distintas pedanías murcianas.
Mucho más que leer
Mediante la realización de estos talleres, lo que buscan es, sencillamente, el bienestar y el aprendizaje de los asistentes. “Por un lado, lo que queremos es abrir la biblioteca a usuarios que, de otra manera, no suelen hacer uso de estas instalaciones. Además de poder ayudarles a mejorar su autoestima, su memoria, su autonomía en el mundo y su relación con otras personas”. También les ayudan a ampliar su vocabulario, mejorar la manera de expresarse y crear vínculos entre ellos para sentirse como uno más dentro de esta sociedad.
Para quienes participan, el club es mucho más que una actividad cultural. “Cuando vengo al taller me lo paso bien y me da seguridad”, explica Javier. “Yo me siento feliz con mis amigos y puedo aprender a leer y a expresar mis sentimientos”, añade Adrián, que acude regularmente a las sesiones.
Jeroglíficos y sopas de letras
Las jornadas arrancan recordando lo leído anteriormente y luego se continúa leyendo y comentando los capítulos mientras se van aclarando y poniendo en común ideas que puedan ir surgiendo. Pero también hay espacio para otro tipo de actividades. “Suelo preparar un cuadernillo por capítulos de cada libro donde también incluyo a veces juegos de tipo jeroglífico o sopas de letras para que les resulte menos tediosa esa actividad”, detalla Toñi García.
Este martes, para terminar la sesión los chicos se han dividido en dos equipos de cuatro miembros para ir respondiendo en turnos a una serie de preguntas a modo de rosco de pasapalabra. Entre ellos se respira un ambiente tranquilo y ligero, bromeando incluso entre ambos grupos e imitando las voces de los personajes del libro que acaban de leer. “Yo soy Vicente”, dice Adrián cambiando la voz y haciendo sonreír a sus compañeros y a las profesoras.
Un proyecto que quiere crecer
Para que este proyecto pueda seguir creciendo necesita del apoyo institucional. “Desde el Ayuntamiento nos apoyan y están contentos con la iniciativa, pero estamos en una época donde los presupuestos están un poco recortados y nos vendría muy bien que hubiese más dinero para hacer más actividades y más personal para poder ampliarlo a otros colectivos que también lo necesitan como los migrantes, las personas mayores o aquellas que no han tenido acceso a una educación temprana”, argumenta Toñi García.
Más allá de los recursos y el respaldo institucional, quienes mejor explican el valor del club son sus propios participantes. “A la gente le diría que siga viniendo aquí a estudiar y aprender para tener buenas habilidades y un buen trabajo”, afirma Fran. María, por su parte, lo resume desde otra perspectiva: “Yo le diría a la gente que viniera aquí a la biblioteca a pasárselo bien”.
Dos miradas distintas que coinciden en una misma idea: este espacio no solo fomenta el aprendizaje, sino también el disfrute y la inclusión.
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