Teatro en Vilo contra la “dictadura de las pollas”: ‘Man up’ en Murcia

'Man up' en el Teatro Circo de Murcia

La antropología cultural nos tiene acostumbrados a que los hombres cazan y las mujeres cocinan, desde la prehistoria. Aunque la división sexual del trabajo ha sido cuestionada por científicos desde la antigüedad hasta hoy. Si esto es la prehistoria de algo, Noemí Rodríguez y Andrea Jiménez, directoras, dramaturgas, intérpretes y pareja en ‘Man up’ y, en lo real, muestran una fiereza escénica que deja huella en la cueva del presente.

 En la obra de Teatro en Vilo, coproducida por el Centro Dramático Nacional, y que ayer colgó el cartel de aforo -reducido- completo en el Teatro Circo Murcia hay signos de teatro contemporáneo: Un cuadrilátero de linóleo blanco, un desnudo, un disfraz de oso, metateatralidad, autoficción y búsqueda de sentido. La estructura dramática se divide un dos grandes bloques. Una primera parte electrizante, irreverente y ácida contra la masculinidad alfa, violenta y dominante, que el público murciano recibe a carcajada limpia. A mitad de obra, la función gira en busca de la masculinidad perdida, el movimiento escénico y el discurso tiende a lo confesional, apoyado en la dramaturgia del yo, sin renunciar al distanciamiento y la ironía con un desenlace catártico donde las directoras, al fin, se mojan.

Todos queremos trascender. “Man up, sí, pero up ¿a dónde?” se pregunta Fernando, uno de los actores que aún llora con Toy Story 4. Un antibatman, un “retrasado emocional” que se resiste a expresar su vulnerabilidad, que añora el teatro “normal” y al que le gustaría ser profesor de primaria para cambiar el mundo. Porque en teatro, casi siempre, lo que pasa en el escenario se queda en el escenario.

La propuesta arrolla. Te pone a cien a lo largo de dos horas, se dice pronto. La belleza del espectáculo tiene muchas aristas. El tránsito de los personajes teatrales a las personas que los encarnan es orfebrería escénica fina y talento interpretativo a raudales por parte de todo el elenco. Hay coreografías, creadas por Amaya Galeote, sobrecogedoras. Las voces en off, dotan la presentación escénica de coherencia posdramática. Por lejos que se llegue, los intérpretes son arrastrados, una y otra vez, al centro del cuadrilátero blanco. Voces que vienen de un trabajo de investigación sobre la masculinidad y el deseo de muchos hombres y mujeres.

Cuando Angélica Liddell carga contra el feminismo en “The Scarlet Letter”, atraviesa una columna de hombres desnudos y estira la polla uno a uno al compás de la música, vemos una declaración de amor a los hombres. Cuando Noemí, convertida en una implacable Indiana Jones del feminismo -ya sin disfraz de oso ni ningún otro-, mira a sus compañeros de reparto y reconoce en ellos al hijo, al hermano, al amigo y compañero, es también una declaración de amor. Aunque a su amor verdadero, Andrea, le dedique un conmovedor y necesario final muy pretty woman.

Al margen del dolor individual, ¿hasta qué punto el amor y el deseo lésbico -entre otros- no termina de salir del armario para situarse en la agenda política, educativa y familiar sin más ni menos que el heteronormativo? En Murcia, recientemente, la artista plástica Noelia Muriana, transfeminista y lesbiana, ha sido censurada en el Festival murciailustra 2021 patrocinado por una conocida marca de cerveza. En la ilustración -maravillosa- aparecen dos mujeres desnudas liándose sobre el capó de un coche, en medio de una huerta murciana reconocible y perturbadora, con el Cristo de Monteagudo, a lo lejos, perdido en la inmensidad del azul.

Termino movido por el actor Fernando Delgado-Hierro, mi nuevo antihéroe favorito, destartalado y furioso, cándido e incendiario, que sumo a mi particular universo Marvel. Los maestros sí cambian el mundo. Vuelvo a casa pensando en Rocío, maestra de infantil de mi hijo de 3 años y licenciada en arte dramático- en el entusiasmo, entrega y espíritu crítico con que afronta la docencia. Generaciones jóvenes que en un tiempo convulso soportan sistemas educativos y culturales en crisis. Viva el pensamiento y la creación escénica y docente que nos mantiene en Vilo.

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