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La santa, la bruja, la mami, la puta

Lilith encabezaba la pancarta principal, abriendo la manifestación. Si no la conoces, no te preocupes. Es la primera mujer de Adán, y no tiene buena fama

La acompañaba el corrillo de sus apóstoles, ¿te suenan? La Betsabé, la Judith, la Salomé, la María Magdalena. Todas mascando chicle con la boca abierta

El resto de las asistentes a la mani eran Brujas. Cientos de ellas, miles de ellas. Cada una de las que quemó la Santa Inquisición, volando con sus escobas de barrer la casa e invocando conjuros complejos

Quizá cometiste el error de creer que eso que presenciaste era una mera reivindicación del espacio público, en pleno siglo XXI, por un grupo de chicas que quieren dejar de depilarse la axila

`Lady Lilith´, obra de Dante Gabriel Rossetti

`Lady Lilith´, obra de Dante Gabriel Rossetti

Si saliste a la calle el pasado día 8, quizá las vieras.

Estaban todas ahí, juntas y desperdigadas.

En masa, y bailando y gritando, a lo suyo.

Lilith encabezaba la pancarta principal, abriendo la manifestación. Si no la conoces, no te preocupes. Es la primera mujer de Adán, y no tiene buena fama porque echa un poco de peste: fue creada, no a partir del polvo, como su churri, sino a base de suciedad y heces. Aun así, no aceptó estar debajo cuando Adán le echaba un polvo, y por eso se desintegró en el aire, como castigo.

Pues ahí iba Lilith. Había vuelto con la corona legítima de reina, de primera mujer emancipada. La madre de todas nosotras: las descarriadas, las rameras, las diablesas, las mujeres antinaturalmente rebeldes. Venía toda perfumada, ya no olía a mierda. Estaba guapísima, con el rubor subido a las mejillas todavía, se acababa de tirar a uno de Tinder. Contaba, entre risas, que se había negado a practicar la postura del perrito. Había conseguido cabalgar encima de ese tío, por fin dueña de su orgasmo.

La acompañaba el corrillo de sus apóstoles, ¿te suenan? La Betsabé, la Judith, la Salomé, la María Magdalena. Todas mascando chicle con la boca abierta.

Estaba también Eva, con un taparrabos de hojas y un plumas corto de color fucsia que dejaba ver su tripa. Lilith y Eva no se pelean nunca por el título de  compañera oficial de Adán. También a Eva la jodieron pero bien: degradada del título mesopotámico de Diosa Madre, le quitaron la raíz etimológica de Yaveh (YHMH-WHW, que significa «vida» y «mujer») y la despojaron de su poder creador, para condenarla a parir con dolor. Así que Eva, reducida a un simple vientre, enseñaba el suyo bajo el anorak fucsia. La madre de las mamis se había deshecho de la culpa por fin.

Un vientre, una vagina. Eso mismo llevaba dibujado Pandora en su camiseta lila, ¿la viste? Creo que su foto salió en portada de esas revistas que dejan en la salita de espera de los terapeutas. Porque la caja que abrió en su día Pandora, por pura curiosidad innata, esa que contenía todo el mal del mundo, según el psicoanálisis representaba una vagina.

Sí, también rondaban por ahí las griegas.

Las adúlteras, como Helena, que huyó con Paris y provocó la guerra de Troya. Pues nada, seguía venga a guiñarle el ojo a los hombres con anillo. No escarmienta esta chica.

Iba del brazo de Yocasta, con sus gafas de sol opacas y su bastón de invidente para no chocarse con la de delante. ¿No lo sabes? Yocasta se casó con su hijo Edipo sin saber que lo era y luego lloró hasta quedarse ciega. Ahora lee las pancartas de la mani en braille.

Hera y las Plétides, por su parte, compartían un mini de cerveza. ¿Te ofrecieron? Brindaban a la salud de Zeus. Habían dejado las rencillas de celos a un lado, ya no competían por el privilegio de ningún dios de pacotilla. Puede que Medea te pidiera fuego y tú recelaras, por si te quemaba las pestañas a posta. Por eso de que causó un incendio descomunal después de que Jasón la rechazara. Pero deberías haberle prestado el mechero para encenderse el piti, te habría sonreído echando el humo entre los dientes. Deberías haber dado un trago a ese mini también.

Los cánticos estaban liderados por las Sirenas. ¿Los escuchaste? Habían recuperado la voz que les quitó Disney porque no hacía falta que conquistaran a ningún príncipe, era más útil que animaran el cotarro feminista. Y cuando algún marinero desviado se estampaba, embelesado, contra las esquinas… bueno. Había puestos de primeros auxilios que les atendían.

Si tuviste la suerte de encontrarte con Medusa, te quedarías de piedra. Tiene unos ojos preciosos que hablan por sí mismos, ¿verdad?

La fiesta acabó con la bacanal de las Plénades, famosas por sus after, aunque esta no estaba patrocinada por Dionisos. Pues hicieron manar leche y miel de la tierra y lo regaron con un poco de ginebra. Unos cubatas fantásticos. Invitaron a las Amazonas, hijas de Ares. Ellas dijeron que vale, pero que solo un ratito, porque habían dejado atados en un poste eléctrico a sus siervos: los hombres que suelen usar para procrear durante unos meses.

El resto de las asistentes a la mani eran Brujas. Cientos de ellas, miles de ellas. Cada una de las que quemó la Santa Inquisición, volando con sus escobas de barrer la casa e invocando conjuros complejos -no los de la Superpop-, para conseguir que los directores de cine y los escritores dejaran de poner un cigarro en la boca a las Femme Fatales, que van a acabar más chamuscadas que ellas. Trataban de liberarlas juntando ancas de rana y especias en el puchero. Picante, chimichurri. Remover. Aprovecharon la salsa para aliñar las salchichas de los hot dogs.

¿Las viste a todas?

Porque estaban ahí.

Quizá te entretuviste haciendo fotos a frases ingeniosas, dignas de campaña de marketing del caro perfume de Lilith. Quizá gritaste consignas rítmicas con estribillo, pero el canto de las Sirenas no tiene letra.

Quizá cometiste el error de creer que eso que presenciaste era una mera reivindicación del espacio público, en pleno siglo XXI, por un grupo de chicas que quieren dejar de depilarse la axila.

Quizá saliste a la calle para desmarcar tu propio pene de este discurso de horror y castigo. Eso es genial. Si no te da miedo, como al resto que te precedió, el misterio oculto de la mujer; es algo que celebrar.

Porque tanta demonización y tanta purga solo tiene un motivo, que ha permanecido aún más oculto que el supuesto misterio femenino: el pánico de los hombres a una inteligencia supina, a la autonomía en la gestión de la carne, a una espiritualidad elevada. Eso podía implicar que ellos eran tontos, impotentes, o mundanos. Y eso sí que no.

La fuerza física no ha sido el único patrón de control en la Historia. Nadie ha usado metralletas para encerrar a las santas en casa y ponerles la única tarea de ser mamis. Ha sido la cultura popular la que ha trazado la línea peligrosa. Con un paso en falso, nos convertíamos en descendientes de todas esas innombrables que quizá vieras en la mani, gritando y bailando.

Así que si todavía te sorprendes pensando si parecerás una loca actuando igual que ellas, acuérdate bien de sus nombres. Lilith, Betsabé, Judith, Salomé, María Magdalena, Eva, Pandora, Helena, Yocasta, Hera y las Plétides, Medea, las Sirenas, Medusa, las Plénades, las Amazonas, las Brujas, las Femme Fatale.

Están esperando que entiendas que no llevan la semilla del demonio dentro. Que reconozcas la injusticia que se cometió con ellas, y que decidas compensarlo de la única forma posible: llamándolas por su nombre y liberándolas, dentro de ti, de sus categorías estancas.

En memoria de Gata Cattana

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