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Las ayudas sociales pasan de largo de la clase media

La clase media se empobrece y tira del colchón familiar, pero no puede acceder a las ayudas sociales, diseñadas exclusivamente para los más desfavorecidos.

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Dorleta Delgado tiene 25 años, es huérfana de padre y madre y, por edad, se ha quedado sin la pensión de orfandad que recibía. Sin trabajo, su esperanza residía en recibir la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) para ir tirando hasta que encontrase un empleo. Pero el Servicio Vasco de Empleo-Lanbide se la ha denegado. ¿Por qué? Pues porque por herencia familiar le corresponde una parte del modesto piso en el que vive su abuela. Así que para Dorleta el sistema de protección social vasco solo es un espejismo. “Buenas palabras, pero nada más”, se queja.

Y es que Dorleta perfectamente se podría encuadrar en la clase media que se ha ido empobreciendo con la crisis y que para salir adelante solo puede echar mano de la ayuda familiar. El diseño de la RGI únicamente permite acceder a estas ayudas a la población más empobrecida. Ramón Ibeas, secretario general de Cáritas Vitoria, advierte de que la clase media “se está quedando descolgada de las ayudas sociales por el hecho de disponer de una vivienda o de un segundo inmueble al que no le puede dar ningún tipo de utilidad. Está tirando de las ayudas familiares, pero éstas se agotan. Se dirige hacia la precariedad a una velocidad tremenda y si no espabilamos hacia la pobreza”.

Sectores de la sociedad que hace un lustro figuraban entre la clase media, o media-baja, son hoy nuevos pobres, recalca Ibeas. “Nos encontramos con personas que deben elegir entre hacer una comida caliente al día o caldear la casa; entre pagar la hipoteca o alimentarse. Ya no se puede hablar de esa tradicional imagen de la pobreza ligada a la mendicidad”. Cada vez más, la pobreza se asocia a normalidad. “Estamos observando como los voluntarios de antes hoy vienen a pedir ayuda. Pero  a esa antigua clase media es algo que le sigue costando, que le da vergüenza”.

El artículo 16 de la Ley de la Renta de Garantía de Ingresos, aprobada por  el Parlamento vasco en 2008, recoge los requisitos para ser titulares del derecho a esta prestación. La condición básica es no contar con recursos y entre las especificidades se apunta que no se podrá  “disponer de ningún bien inmueble, a excepción de la vivienda habitual, siempre que la misma no tenga un valor excepcional, en los términos que se determinen reglamentariamente”.

Esta disposición legal es la que ejerce de principal tapón para el acceso de las clases medias a las ayudas sociales. “Por eso”, explica Ibeas, “es necesario revisar la Renta de Garantía de Ingresos y no valorar a la hora de concederla de la misma forma lo que puede ser tener un segundo inmueble por herencia en una zona céntrica que un pajar en un pueblo perdido de Zamora. Si alguien defiende que es lo mismo tenemos un problema. La RGI actual está pensada en época de bonanza. Pero Euskadi no ha conocido una crisis como esta. La de la siderurgia golpeó a un sector muy concreto. Ahora es toda la sociedad la que se encuentra afectada, excepto los más ricos”.

Una ley que ha atrapado a Dorleta Delgado. “Que me diga alguien lo que puedo hacer con una parte del piso en el que vive mi abuela. Ella es la dueña del piso y a mi padre le corresponde una parte. Pero yo no puedo venderla ni hacer nada. Ahora no tengo recursos porque no trabajo y para el sistema soy una persona que no entra en los parámetros de ayuda”.

Los ricos, cada vez más ricos

Endika Zulueta, abogado y experto en movimientos sociales, comparte el diagnóstico de que en España “los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Está sucediendo a pasos agigantados. La gente más depauperada tiene acceso a unos recursos sociales y los más ricos siguen aumentando su patrimonio. En el medio, los que no pueden invertir, pero no están en la indigencia. Esto lo que hace es atemorizar a la población y meterle el miedo: a no tener trabajo, a perderlo”. Lo único bueno, según Zulueta, “es que se crean lazos de solidaridad que hasta hace muy poco eran impensables. Esas clases medias tienen la conciencia de que la cuestión debe cambiar”.

Para Ramón Ibeas la “gente que lo está pasando mal puede llegar a rebelarse contra el sistema porque no le sirve. La RGI no ha conseguido separar la empleabilidad de la problemática social y al final lo va a pagar la clase media, que no puede acceder a la RGI en un momento crucial.  Ese  problema es el que se generó al ligar empleo con renta”.

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