Crueldad

Rocio Monasterio y dirigentes andaluzas de Vox señalando a un centro de migrantes en Sevilla

Son, dice, "sin raza reconocible, viejos, enfermos, potencialmente peligrosos”. Julio Calvo, veterinario de profesión, concejal del Ayuntamiento de Zaragoza por el partido ultraderechista Vox, propone matarlos porque sale cara su manutención estando vivos. De momento, habla de los perros de la perrera "inadoptables". De momento. Sacrificio humanitario, añade. Se propone revertir la normativa que regía en anteriores corporaciones progresistas porque ellos son más de gastar el dinero en banderas, promoción de la tauromaquia –tan humanitaria también- o luces de navidad. Es el sentido utilitarista de la vida que se ha enseñoreado de la sociedad, lo que no sirve se desecha. Pero no solo: indica una personalidad potencialmente peligrosa.

Discúlpenme por la dura escena que voy a describir. Han pasado ya más de 15 días y no consigo olvidar a Alma, una perra que acababa de parir seis cachorros. Su dueño le disparó, la apaleó y arrastró anudada con una cuerda por el cuello, causándole la muerte tras unos días de sufrimiento. Ocurrió en Chantada, Lugo. Unos ciudadanos lo vieron, grabaron la escena y denunciaron al individuo ante la Guardia Civil. Cada poco vemos a otros indeseables ensañarse de similar forma con sus mascotas o animales a su cargo. No es ninguna enfermedad, como no sea social, de la sociedad que lo tolera. Es puro sadismo, disfrutar causando daño a otros seres vivos. No hay excusas. Mucho más allá de frustraciones personales que lleven a la ira irracional, pagarlo con víctimas débiles e indefensas es de una bajeza sin límites. Y nada lo justifica. Nada. El tipo contestó a los vecinos que le vieron: "Yo disparo a quien me sale de los cojones". A su perra, de momento. En estos casos se añade al sadismo el derecho de posesión que este tipo de seres creen tener sobre otros. Con lo suyo hacen lo que les viene en gana.

En la clara involución que sobrecoge al mundo, se están normalizando características humanas absolutamente detestables, hasta la crueldad. Matar animales para que no gasten o porque son "suyos" y hacen con ellos lo que les place es, por supuesto, extensible a los humanos más pronto o más tarde. Los renacidos fascismos no están muy lejos de quitarse de en medio cuanto señala el concejal de Vox en Zaragoza: sin raza (valorada por ellos), viejos, enfermos, potencialmente peligrosos (para sus privilegios), y añadan género "inferior" (según su criterio) o cualquier factor fuera del patrón oro que se atribuyen a sí mismos.

Acaba de suceder en Pozo Alcón, Jaén. Un hombre de 31 años fue depositado en el centro de salud, ya cadáver. Era un inmigrante marroquí que se desplomó en una finca olivarera mientras recogía aceituna sin contrato. Supuestamente fue el dueño de la instalación quién lo dejó en una camilla del centro médico y se fue. El individuo ha sido ya detenido.

De ahí, de la creciente inhumanidad, que se siga viendo admisible que tres hombres adultos, o cuatro o cinco o los que sean, actúen en manada para violar a una mujer, a una niña de 15 años incluso. O que salgan a defender a los condenados, vejando a la víctima, decenas de personas en su pueblo. O que se difundan vídeos y detalles personales de la agredida, incluidos un par de ejemplares mediáticos que denigran el periodismo, como Cristina Seguí y Alfonso Ussía. O que tantos justifiquen la violación, como hace cualquier talibán de cualquier fanatismo. O que, como un diputado de Murcia, de Vox también, menosprecie en el siglo XXI a los hijos de mujeres solteras llamándoles "conejos".

Lo doblemente preocupante es que dispongan de altavoz mediático, que estos temas vayan a las tertulias y debates de televisión por puro espectáculo y búsqueda de audiencia en el morbo. Que se pretenda debatir con opiniones a favor y en contra la pertinencia de que sea un derecho violentar a una mujer o degradarla, si "les sale de los genitales" de su cerebro. Que "expertos" en derecho vía Google, creencias y prejuicios, se monten sus juicios paralelos. Pónganse siempre en el lugar de otros ¿imaginan que se juzgara popularmente con igual rasero a todo tipo de delincuentes, asesinos, ladrones, y, en particular, a hombres agredidos sexualmente? ¿Que fuera analizado si dio o no la víctima su consentimiento a que le atracaran o si se negó con la suficiente contundencia?

Estos sujetos han existido siempre, lo que no se daba es la tolerancia o el apoyo explícito. Sí en la práctica, no en vano violentar a mujeres suele ser botín de guerra, y hasta se capturan para convertirlas en regalos al vencedor. Hablan ahora mismo de reparar ese atropello con las surcoreanas secuestradas en su día para disfrute del ejército japonés.

Estamos asimilando que un ser como Rocío Monasterio, con su expresión de iluminada en trance, cargue contra los menores emigrantes sembrando un odio que germina en torvas mentes proclives. Seres como ella y los ultraderechistas de su ralea han establecido ya las fronteras humanas que separan a las personas según procedencia, raza, religión, edad o sexo. Sin la menor empatía humana, siquiera un mínimo de humanidad del que carecen al situar en el punto de mira incluso a niños y adolescentes.

Cuando Aylan quedó varado en una playa mediterránea pareció el final de la historia, pero fue el principio como he dicho otras veces. La sociedad hipócrita cumplió con él su cuota de lágrimas de cocodrilo y miró para otro lado. Desde la muerte de Aylan Kurdi en 2015 han perdido la vida igual centenares de niños y adultos. Y otros han sido encerrados tras barrotes por la Europa inhumana que se desentiende de ellos. No creímos que llegara a suceder, pero hasta ese punto han llegado. También son, al parecer, "inadoptables", "inatendibles", costosa su manutención. Las Rocío Monasterio y toda su cordada de sonrisas huecas y mal de alma tienen esa misión.

Y siguen siendo entrevistados en los medios y siguen saliendo en las televisiones y hasta se vuelve a discutir la basura que propagan. Ni esta tierra ni otras son suyas. Seres agujereados como los quesos de Gruyere por cuyos huecos huyó la empatía, una emoción que se creía primordialmente humana. Es la base de la vida social, pero esta gente solo se entiende entre aquellos con quienes comparte coordenadas como la supuesta superioridad, la posesión, el egoísmo, el utilitarismo que desecha cuanto no le sirva.

Hay ya millones de votantes que les han encargado los asuntos de todos. Porque o son increíblemente ignorantes o participan de su doctrina y culpa. Y están los allegados, los que pactan con ellos, los que engañan y roban basados en su cargo, echando al viento el daño que causan. Se apuntan a su corte individuos perdidos, sin otra vida social que las redes virtuales, donde expulsan su malestar desde que apunta el alba. Hacer daño por hacer daño, repetir campañas sucias puestas en marcha por quienes más que políticos o medios parecen formar parte de una delincuencia organizada para que nada cambie en sus privilegios.

El cáncer de esta sociedad es ya la falta de empatía, de solidaridad, la apuesta por la crueldad sin el menor escrúpulo. Y que va desde disparar a la perra recién parida porque les sale de los cojones, a señalar a los emigrantes como peligro, a robar de las arcas públicas, a dejar sin empleo a quienes enferman, a manipular para defender los intereses de su empresa mediática, a difamar para recoger el pago en un plato de lentejas, a cuestionar que no sea condenable violar a una mujer y menos "si se lo ha buscado". Todo ese universo de excusas para no mirar a los otros, a todos, como iguales en dignidad y derechos. Salvo a aquellos que perdieron el alma en la ambición, e incluso a esos.

Días de Navidad, de felicidad, amor y consumo programados. El Portal de Belén volverá a ser en muchos lugares del planeta, una caja de cartón sobre el suelo mojado por la lluvia. Como el de aquel otro niño refugiado que nos miró a los ojos en 2015 cuando se abrió por completo la mano a la inhumanidad en la Unión Europea y más allá. Esta criatura debería haber añadido, por tanto, otros cuatro años a su vida. Y comer e ir al colegio y tener techo y cerca a su familia. ¿Dónde estará? ¿estará?

Los que matan perros, secan vidas, señalan dianas o dan altavoz a todos los miserables son quienes ponen trabas en su camino y en el de muchos otros, en realidad a la especie humana en su conjunto, trabas a veces insuperables. Crueldad es también ignorarlo deliberadamente, ser cómplices sin asumir la responsabilidad, no aislar la barbarie. La empatía es saberlo, contarlo y hacer cuanto sea posible por ponerle remedio.

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Publicado el
17 de diciembre de 2019 - 22:09 h

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