La estrategia para la ciencia española dentro de la estrategia de los mil frentes convulsos

El Gobierno español, a través de su Ministerio de Economía y Competitividad, ha sacado un documento de 41 páginas denominado Estrategia española de ciencia, tecnología y de innovación 2013-2020. Las palabras introductorias del mismo nos recuerdan su importancia pues representa el marco de actuación para los próximos ocho años en investigación científica y tecnológica, uno de los motores principales de la economía y de la sociedad de cualquier país. Una lectura crítica del mismo lleva a un estado de suma preocupación. La preocupación no es por la dichosa crisis económica, la cual se cita a las pocas líneas de empezar para justificar, por si acaso, todos los recortes que se crea conveniente realizar. Preocupa sobre todo por el nuevo cambio de rumbo que se imprime a la investigación y la ciencia que se pretende apoyar en este país. En este documento trascendente se plantea la visión del gobierno sobre ciencia y tecnología, y será dentro de él en el que habrá que encuadrar nuestra actividad científica y tecnológica, y del que emanarán todos los programas particulares que darán lugar a convocatorias de proyectos de investigación, plazas y contratos de investigadores, becas, movilidad e intercambio, entre otras.

En este documento no se apoya la idea de profundizar en el conocimiento científico. Algo tan simple como eso. La verdad es que cuesta un poco verlo porque se tapa apropiadamente con estadísticas y se esconde tras palabras huecas sobre el bienestar y la importancia de la ciencia y la tecnología para mantenerlo. Queda patente, no obstante, la importancia que se le quiere conceder al liderazgo empresarial y a la financiación privada de la investigación. A algunos les parecerá lógico que ya que no hay dinero en las arcas públicas, que las empresas costeen la investigación. Es paradójico, ya que no hay dinero en las arcas públicas precisamente porque hemos tenido que tapar los agujeros de la empresa y la banca. Pero es mucho más que paradójico. Pensemos por ejemplo, ¿qué empresa va a costear el estudio de la vida en Marte, los impactos del cambio global en los ecosistemas terrestres o las propiedades de las partículas subatómicas? En realidad parece que se está planteando una coartada perfecta para seguir dando dinero barato a las empresas para que lleven a cabo sus líneas de I+D. Una estrategia, la de financiar fallidos matrimonios de conveniencia entre empresa y tejido científico que no sólo no da buenos resultados sino que ni siquiera llega para gastarse el presupuesto asignado, una partida que lastra profundamente el presupuesto general de investigación en España y que a pesar de su ineficacia se mantiene casi incólume en el actual escenario de recorte generalizado.

En este documento no hay margen para el seguimiento y la monitorización, piezas clave para comprender tendencias y anticiparse a umbrales de riesgo tanto en lo ambiental como en lo económico o lo social. No se menciona la ciencia básica por ningún sitio y cuando se habla de orientar la investigación a los retos de la sociedad se abren capítulos incomprensibles bajo paraguas como la “bioeconomía”, algo de lo que solo se nos dice que parece agrupar desde la agricultura hasta el mar pasando por las aguas interiores...

El documento está en fase de consulta pública hasta el 25 de octubre. Las consultas y comentarios al texto se pueden realizar a través de un banner específico en la web Icono de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT). No hay mucho tiempo para hacer propuestas y me inquieta pensar que se haga el mismo caso a esta consulta y a estas propuestas que el que se hace a las enmiendas a la totalidad que los distintos partidos hacen a los Presupuestos Generales del Estado que plantea unilateralmente el Gobierno. La estrategia mostrada en este documento debería levantar de sus sillas a muchos investigadores, laboratorios y grupos de investigación. Pero estos investigadores ya están levantados de sus sillas. Muchos, quizá la mayoría, ya acuden a manifestaciones contra los recortes, participan en plataformas para recuperar los derechos perdidos o firman a diario numerosas iniciativas para liberarnos del liberalismo que se lleva todo nuestro dinero. La estrategia de investigación, como tantas otras estrategias concretas del Gobierno, no está clara. La estrategia general, sin embargo, sí está clara. Consiste en abrir simultáneamente muchos frentes convulsos para bloquear, desorientar y cansar a una sociedad que puede acabar asumiendo como suya una deuda económica gigantesca creada por entidades privadas a las que nunca debimos dar tanto poder. Con mil frentes convulsos abiertos, el de la ciencia es uno mas y a veces ni los propios científicos tenemos ocasión o tiempo para intentar resolverlo cuando nuestros hijos se hacinan en clase o el sueldo menguante no nos llega para cubrir los gastos crecientes.

Este documento es un capitulo más de la crónica de una muerte anunciada, la de la ciencia española, que nos van dando por entregas. Una agonía que ya estamos sufriendo y una muerte que se justifica por la presente crisis económica en el ideario del partido en el Gobierno. Una crisis de la que no parece que sepan como sacarnos a pesar de tener una de las llaves en la mano.

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