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Las siglas no son para la Mesa

Los miembros de la nueva Mesa del Congreso.

Esther Palomera

Así como las bicicletas son para el verano, las siglas no son para la Mesa del Congreso. Lo primero lo dejó escrito en una obra de teatro Fernando Fernán Gómez. Lo segundo ha tenido que recordarlo, con cierto recato, una diputada de Unidas Podemos, en un claro ejemplo de que la experiencia no siempre es un grado ni la institucionalidad algo innato a la veteranía. Al menos, en la política en la que nos movemos.

La anécdota ha ocurrido esta semana en la primera reunión del órgano rector de la Cámara Baja. Sus nueve miembros acababan de ser elegidos en una soporífera votación en la que la izquierda se hizo con la mayoría y la derecha sacó a pasear sus rencillas de tal modo que Ciudadanos quedó excluida del reparto de puestos y el partido de Abascal a garrotazo limpio con Casado. La distribución final quedó con tres representantes del PSOE; tres de Unidas Podemos; dos del PP y uno de Vox. Y curiosamente, el elegido por esta última formación para la secretaría primera es el más veterano de todos sus compañeros y el que en más ocasiones ha formado parte del máximo órgano de gobierno del Congreso.

Se llama Ignacio Gil Lázaro. Es un señor de derechas que dejó el PP para irse al partido de Santiago Abascal. Uno más. Él cuenta que se marchó por la deriva que tomó Mariano Rajoy y sus excompañeros. Y sus excompañeros, porque la dirección de Valencia ya había dejado de contar con él para las listas electorales. Sea como fuere, tiene una trayectoria dilatada en el Parlamento, ya que ha sido diputado en la II, III, V, VI, VII, VIII , IX , X y XIII Legislaturas, además de senador en la IV.

Ha sido en mandatos anteriores vicepresidente, secretario tercero y secretario primero del Parlamento. Y debiera saber que cuando uno pertenece a la Mesa representa más a la institución que a su propio partido y que, se milite donde se milite, la apariencia de imparcialidad es obligada. No en vano, el Reglamento de la Cámara confiere a sus miembros un estatus económico y de representación muy superior al de un diputado cualquiera.

En concreto, un secretario recibe, además de los 3.000 euros de asignación constitucional, otros 1.000 por el desempeño de sus funciones en el órgano rector, 868 más en concepto de gastos de representación y 718 para gastos de libre disposición. Las dietas por desplazamiento dentro del territorio nacional se cobran a 120 euros el día y a 150, cuando se viaja al extranjero.

Y todo esto viene a cuenta de la lección de institucionalidad que en la primera reunión de la Mesa el veterano Gil Lázaro recibió de la vicepresidenta tercera de la Cámara y diputada de Unidas Podemos, Gloria Elizo. El motivo: una carpeta con las siglas de Vox que el expopular llevaba bajo el brazo durante la primera reunión del órgano rector que se celebró este miércoles.

Cuentan los que la presenciaron que la conversación no tuvo desperdicio y que durante la misma quedó constancia de la evolución de los del partido de Pablo Iglesias desde que llegaron por primera vez al Congreso en 2015 después de haber participado en las protestas del 15M abrazados al lema “no nos representan”. Al final va a ser que quienes más apelan en sus discursos políticos al respeto institucional son precisamente quienes menos lo practican. Pasa igual con la Constitución, con España y con la bandera, que quienes más la mientan o la exhiben en su muñeca son los que votaron contra ella, más la manosean y menos la respetan. La anécdota dejó perplejos a quienes participaban de la primera reunión de la Mesa en esta XIV legislatura. Algunos la recuerdan más o menos en los siguientes términos:

-Elizo: Discúlpeme, no sé cómo decir esto, pero me produce bochorno que un miembro de la Mesa acuda a esta reunión exhibiendo una carpeta con las siglas de su partido. En adelante, no debieran repetirse escenas como esta.

-Gil Lázaro: Tiene usted toda la razón. Lamento que haya tenido que pasar usted por el bochorno. En adelante, no volverá a ocurrir. Le doy mi palabra.

Fin de la conversación. El Congreso ya tiene un tercer león -en este caso, leona- que vele por sus esencias. ¡Quién le iba a decir a la derecha española que sería una diputada de Unidas Podemos la que le recordara algo tan obvio como las formas que se deben guardar en según qué sitios! Lo dicho: las siglas no son para la Mesa del Parlamento. Y en esto Vox, al menos, ya ha tomado nota. Otra cosa ya es su agenda ultra y el ruido que haga en cada sesión del Parlamento.

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