El cinismo en su clásico esplendor
Desde hace un tiempo estaba echando en falta un artículo como el de Enric González “¿Podemos soportar la verdad?” (elDiario.es 2/5/26)
Indica que “Últimamente, el mundo parece iluminado por una luz más cruda ...Ya no hay disimulos ni explicaciones tan ..condescendientes como falsas. Tenemos la verdad ante nuestros ojos” y a “Donald Trump, como el principal iluminador del nuevo mundo descarnado”.
Ante tan desolador panorama, pero con esclarecedora caída de caretas, llevo un tiempo tratando de encontrar algo del estilo de lo tratado en “Lo bueno de lo malo” según Paul Watzlawick. Ed. Herder 2011.
Y así, veo que estamos ante una especie de conjunción cósmica (también un poco cómica) a modo de un “sincericidio” planetario, cuando en realidad nos están tratando colar de matute un cinismo clásico como renovada virtud.
Sabemos que el cinismo clásico, surgió en Grecia en el siglo IV a.C. y que no se trataba de la actual desconfianza o falta de moral y que una de sus características principales era la Desvergüenza como Virtud.
Practicaban la anaideia (desvergüenza) y la parresía (libertad de palabra), lo ahora llamamos “libertad de expresión”, actuando en público de manera provocadora para, supuestamente, desmantelar la hipocresía social.
Pero, también hay grandes diferencias entre las dos épocas como la que, si el poder ha dejado de mentir y ponerse en modo “sincericidio”, no es por honestidad, sino por un cinismo estratégico para usarla como una herramienta del propio poder por el poder.
En el cínico clásico, Diógenes, vivía en la pobreza para denunciar la hipocresía; mientras que el “neocínico” actual, tipo Trump y su tropa, vive en la máxima opulencia y presume de su falta de escrúpulos como prueba de su “autenticidad”.
Pero, es que hay más: en este país hay muchos “trumpistas” avant la lettre que denota que, en realidad, Trump es un aficionado tipo “protoaznarista”; también “sin complejos”, de los de: “quién es nadie para decirme a mí cuanto puedo beber para conducir”...O, de los que “ los puedan hacer que hagan”. Y llevan haciendo desde hace mucho tiempo.
Y, es que si el hacer, o si el comportamiento, es uno de los indicadores más fiables de las motivaciones profundas (también lo verbal es comportamiento) lo que nos están diciendo, por ejemplo, los de la Justicia de las Altas Torres de Marfil es: “No lo vamos a reconocer (porque también nos tenemos que tragar grandes mariscadas para poder llevar los garbanzos a casa) pero os estamos haciendo unos ”lawfare“ de libro; porque nuestra misión transciende la pedestre justicia humana para salvar nuestra divina Patria, que viene de patrimonio.
Y, los de la patria, nos recuerdan con todo descaro: “Que vale, que sí, que os estamos robando ¿y qué pasa? Para eso ganamos una guerra civil y, por tanto, España es nuestra porque es nuestro botín de guerra y ”robar lo que es de uno mismo no es robar“.Y el que no descaradamente roba, privatiza para los amiguetes. O, los de ”España, para los españoles. Pero unos pocos, que somos muchos y no hay “pa” todos“.
Nos están diciendo-haciendo las verdades a la cara y muchos quedando tan impasibles como cuando ahora de mayores oímos que los niños no vienen de París, que los Reyes Magos son los padres o nos recuerdan, como Mark Twain, que “fe es creer en lo que sabemos que no existe”. Vale. ¿Y, qué más? Nos dicen.
Al menos todo este panorama, que tiene la ventaja de unas “caretas bajadas” y “unas cartas boca arriba encima de la mesa” (aunque adobadas con todas las mentiras y manipulaciones posibles) me recuerda que estamos ante algo parecido al “EL PUNTO CRUCIAL” de 1987 del doctor en física teórica en la Universidad de Viena Fritjof Capra.
En este trabajo analizaba que todas las crisis demográficas, energéticas, ambientales, de sistemas políticos, incluso de valores, parecían que iban a converger a la vez en un futuro próximo.
Y así, entre “Puntos críticos”, ya evidentes como los de Capra, y “Singularidades”, como las de Ray Kurzweil, de crecimientos exponenciales de la inteligencia artificial (IA), nos dejan entre la dialéctica de lo supuestamente “Eutópico” y lo claramente “Distópico”, sin solución de continuidad, lo que al final nos podría resultar la síntesis de lo Utópico. Que a lo mejor es lo que andábamos buscando.
¿Y QUÉ SE PUEDE HACER ANTE ESTE PANORAMA?
Como no hay espacio dejo que cada uno, si quiere, se conteste a sí mismo.
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