Ejemplaridad de los políticos: austeridad en el vestir
Se supone (sí, solo se supone, porque la realidad lo desmiente en gran medida), que en nuestro medio social los políticos son ciudadanos que se distinguen de modo especial por poseer valores positivos como guía de su conducta y tienen una destacada inquietud por transmitirlos, en aras de la consecución una sociedad más justa y equilibrada. Ejercer la política comporta, o debería comportar, un marcado carácter vocacional.
El ejercicio de la acción política se desenvuelve fundamentalmente, en principio, a través de la palabra, exponiendo las metas y propósitos que guían el quehacer. Pero sabemos muy bien por nuestra continuada experiencia que lo que más y con mayor profundidad cala en el interior de los ciudadanos es el ejemplo que dan con su conducta esos líderes, o aspirantes a líderes, que pronuncian los discursos. Nuestros actos hablan de nosotros, mucho más que las palabras que pronunciamos.
Observo desde hace bastante tiempo, como un ciudadano corriente más, a través de las imágenes difundidas por los medios de comunicación, que los políticos de uno y otro sexo dan una importancia grande, incluso desmedida, a su vestimenta, bastante más allá de una adecuada presentación personal. Se nota más en el sexo femenino, por razones sociológicas y culturales bien conocidas y generalmente aceptadas, pero que en la desmesura permite apreciar un marcado interés por, dicho con socarronería, exhibir el modelito, y si es distinto cada día, mejor.
Esto denota una destacada preocupación por la forma que hace sospechar desde fuera, con cierta vehemencia, que las preocupaciones de no pocos dirigentes, o aspirantes a serlo, caminan más por los fueros narcisistas que por el ámbito de los problemas actuales de los ciudadanos, cuya resolución, o el intento de ello, debería constituir el interés preferente, muy lejos de la exhibición propia, de tales líderes sociales.
Y para el que esto escribe, desde una posición progresista a la que se adhiere, el tema chirría bastante más si los excesivamente acicalados forman parte de ese mismo modo de soñar el camino hacia un mejor futuro. En una sociedad con tantos problemas pendientes de resolución, tantas desigualdades y tantas carencias, es deseable, incluso exigible, que los políticos progresistas (ellos y ellas) den ejemplo, entre otras actitudes, de austeridad en el vestir, mostrando con ese gesto su cercanía a los sectores más desfavorecidos de nuestra comunidad.
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