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Españoles, las cajas han muerto

Caja de Ahorros del Mediterráneo

Después de la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008, el sistema financiero de España experimentó un proceso de transformación sin precedentes. El agujero provocado por el subprime español –el crédito escondido en el ladrillo – desencadenó una radical reestructuración del mercado de las cajas que, en poco tiempo, terminó por provocar su total desaparición. Paradójicamente, la estocada final llegará de la mano del rescate bancario. Las condiciones del memorándum de entendimiento (MOU) exigen el cese de la actividad financiera de las cajas de ahorros, obligadas a convertirse en bancos bajo el impedimento de poseer una cuota accionarial mayoritaria que les permita controlarlos. C’est fini.

¿Cómo se llegó a esta situación?

El contexto que propició el imprudente comportamiento de las cajas ha sido explicado hasta la saciedad. El auge del sector inmobiliario y la liquidez en los mercados internacionales –gracias a unos tipos bajos y a la seguridad que aportaba la moneda común a los inversores – alimentaron la burbuja especulativa sobre el precio de la vivienda que, junto a una competencia feroz en los mercados de crédito, hizo que los criterios básicos de prudencia y solvencia propios del negocio financiero volasen por los aires.

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La (gran) minoría silenciosa

En su interesante entrada, Marta Romero recordaba que casi todos los indicadores señalan un preocupante aumento de la pobreza en España durante los últimos meses y se preguntaba cómo es posible que la pobreza, que se ha convertido “casi en una situación de emergencia social”, no sea una prioridad para los políticos españoles. Por ejemplo, mientras los parlamentarios han creado dos subcomisiones para analizar los problemas del sector financiero, no han creado ninguna para idear planes de acción contra la pobreza.

Una respuesta sencilla sería la usual estos días: acusar a la clase política española de estar desconectada de los problemas reales de los españoles. Sin embargo, creo que los políticos españoles sí están respondiendo a los intereses de los votantes. Como mínimo, a los intereses de unos votantes que, si bien no alcanzan a formar la “mayoría silenciosa” de la que habla Rajoy, sí que representan una minoría cuantitativamente bastante grande y cualitativamente muy interesante para los políticos, pues no sólo votan con asiduidad, sino que pueden ejercer cierta influencia sobre círculos familiares y de amigos, donde suelen ocupar posiciones de centralidad. Son, además, la “clase social” (y lo entrecomillo consciente de los problemas de usar este término) o el estrato del que directamente proceden un gran número de nuestros diputados, si echamos un vistazo rápido a sus declaraciones de bienes.

¿Quiénes forman esa “(gran) minoría silenciosa”? Por una parte, son los propietarios que, gracias al boom inmobiliario, han adquirido una segunda (o tercera o cuarta...) residencia, cuyo alquiler ha sido y sigue siendo una fuente no desdeñable de ingresos; y son también los “no tan pequeños” ahorradores que se han convertido en los miles de accionistas de nuestras entidades bancarias en apuros. En otras palabras, los ganadores en la lotería de la burbuja y que, a grandes rasgos, siguen conservando la mayor parte del dinero (si no todo) ganado en los años de la exuberancia inmobiliaria. Como el Gordo de Navidad, el premio de esta lotería inmobiliaria ha sido muy repartido en nuestro país, enriqueciendo a unos pocos muchísimo, pero a muchos bastante. En cierto sentido, grandes franjas de la población española, con cualificaciones educativas e ingresos medios (y que en otros países de nuestro entorno vivirían de alquiler o con una única propiedad), dieron un salto cualitativo en su nivel de vida gracias a la inversión inmobiliaria y derivados.  

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La “no prioridad” de la pobreza en España

Una de las palabras que, desde el inicio de la crisis, más se ha repetido en España en el debate público es prioridad. En un contexto marcado por una espiral creciente de recortes sociales, la clase política ha llamado la atención sobre lo que es y no es prioritario. En el sector público, en una primera etapa, se trataba de ser más eficientes para producir más, con menos. Una vez eliminado lo superfluo había que reducir los gastos corrientes y de personal, frente a gastos de inversión. Posteriormente y cuando tocó reducir las partidas en las que se sustenta el Estado de bienestar, el objetivo era hacerlo con el menor impacto social posible, especialmente para no perjudicar a los colectivos más vulnerables. El mismo esquema discursivo podría aplicarse a las medidas adoptadas para aumentar los ingresos de las arcas públicas.

Obviamente, la consideración de lo que es y no es prioritario en un momento de estrecheces, varía en función de si se está en el gobierno o en la oposición. Por definición, el partido que está en el gobierno se centra en lo prioritario y a lo hora de tomar medidas impopulares lo hace con criterios de equidad, mientras que, para la oposición, el partido en el gobierno equivoca sus prioridades y actúa sin criterios de justicia social. Si bien todos -ya estén en el gobierno o en la oposición, se ubiquen en la derecha o en la izquierda- insisten en que las personas (y, en particular, las que peor lo pasan) son siempre lo primero.

Sin embargo, llama la atención la poca repercusión política que ha tenido el último informe (VII) del Observatorio de la Realidad Social presentado por Cáritas en el que se alerta sobre las consecuencias que está teniendo la crisis en el aumento de la pobreza, la desigualdad y la injusticia social. Entre 2007 y 2011 las personas que han acudido a Cáritas para poder hacer frente a sus necesidades más básicas (como es comer) han pasado de ser 370.251 a más de 1.000.000. El “proceso sostenido de destrucción de empleo”, junto a la “consolidación de la reducción y agotamiento de las ayudas de protección social”, explican por qué en cuatro años casi se ha triplicado el número de personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad social.

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La menguante "C" del PSc

Desde hace algún tiempo que los observadores del firmamento político catalán pueden contemplar cómo la “C” de la constelación PSC se va apagando poco a poco. No es un fenómeno nuevo, pero éste se ha hecho más visible que nunca tras la multitudinaria manifestación del pasado 11S. Las últimas dos semanas han sido particularmente duras para el PSC, pues han puesto de relieve la gran desorientación en la que se encuentran los socialistas en el debate territorial. Mientras su principal rival, CiU, ha sabido tomar el pulso a la sociedad y actuar en consecuencia, los ciudadanos ven ya con mucho escepticismo los intentos del PSC de marear la perdiz con viejos conceptos como federalismo.

No es de extrañar que muchos dirigentes del PSC se encuentren particularmente incómodos con la situación actual. Y es que perder posiciones en campo del catalanismo es también ceder (aún más) terreno en la batalla electoral. Debates de esta índole permite a sus rivales políticos acusar a los socialistas catalanes de ser una “sucursal” de Madrid y de no tener un ideario propio, claramente diferenciado. La percepción de un PSC sumiso y dócil a los dictados del PSOE irrita a una gran parte de los votantes catalanistas, un electorado que el partido necesita recuperar de forma urgente.

Es por este motivo que muchos dirigentes socialistas demandan posiciones claras para evitar quedar rezagados con el PP en las cuestiones identitarias. Algunos, a la desesperada, incluso intentan atajar cualquier duda de catalanismo proponiendo el derecho a decidir de Cataluña.

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La popularidad de Rajoy: Una luna de miel "Low Cost"

Ayer Ignacio Urquizu nos narraba con “meridiana claridad” el excepcional desgaste sufrido por el Partido Popular en su primer año en el Gobierno.  Una caída de 13 puntos en intención de voto en apenas nueve meses es, efectivamente, todo un record en la historia electoral de nuestro país.  En esta breve anotación me gustaría aportar algunos datos más sobre la precaria situación en la que se encuentra la popularidad del Gobierno de Mariano Rajoy.

Para ello, he estimado con un sencillo modelo estadístico cuál debería haber sido la nota del Presidente (del 0 al 10) si sólo tuviéramos en cuenta la situación económica del país *. En el gráfico 1 comparo mis estimaciones con las notas reales que ha cosechado Rajoy según las encuestas del CIS. De este ejercicio podemos extraer al menos tres conclusiones:

Gráfico 1. Nota de Mariano Rajoy (según las encuestas del CIS) vs nota esperada según mis estimaciones

Gráfico 1. Nota de Mariano Rajoy (según las encuestas del CIS) vs nota esperada según mis estimaciones

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El desgaste del Gobierno

Desde que se celebraron las elecciones el pasado noviembre, el desgaste electoral del Gobierno está llamando la atención a múltiples analistas. Desde luego que es extraño, nunca un partido político había perdido tantos apoyos en tan poco tiempo. El gráfico 1 recoge la evolución de la intención directa de voto entre 1996 y 2012. En el podemos ver que es cierto que todos los gobiernos experimentan una ligera caída tras las elecciones. En el 2000, el PP perdió 5 puntos porcentuales en su primer año de gobierno, mientras que el descenso del PSOE fue de 6 puntos tanto entre 2004 y 2005, como entre 2008 y 2009. En cambio, no ha pasado un año desde que Mariano Rajoy ganó las elecciones y el Partido Popular se ha dejado por el camino casi 13 puntos porcentuales, más del doble que cualquier gobierno anterior. Seguramente, la combinación de crisis, recortes e incumplimiento de sus promesas está detrás de este resultado. Pero si queremos saber con un poco más de exactitud qué está pasando, debemos analizar la evolución de sus apoyos electorales.


Gráfico 1. Evolución de la intención directa de voto (1996 – 2012) [Fuente: CIS]

Gráfico 1. Evolución de la intención directa de voto (1996 – 2012) [Fuente: CIS]

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Eurovegas como política industrial

21 Comentarios

Dos son los argumentos usados por los defensores de Eurovegas. El primero, que los poderes públicos no deberían interferir en las decisiones empresariales de los inversores privados. Si alguien quiere montar un casino en un descampado de Madrid, ¿por qué impedírselo? Suena razonable, pero es un argumento que no tiene sentido aplicar en este caso. No estamos hablando de poderes públicos que “dejan” gastarse su dinero a un inversor privado que sigue las normas establecidas. Estamos hablando de unos poderes públicos que ofrecen privilegios a un inversor ( recalificando terrenos y concediendo exenciones fiscales) y que incluso parecen estar dispuestos a llevar a cabo cambios legislativos o incluso a condicionar decisiones políticas futuras a cambio de que dicha inversión acabe llevándose a cabo.

Lo que los poderes públicos están haciendo en Eurovegas tiene un nombre, y es “política industrial”: el Estado selecciona unas determinadas inversiones y decide otorgarle unos privilegios especiales que no da al resto. Es evidente que el gobierno de la Comunidad de Madrid no facilita el acceso a terrenos, ni concede exenciones fiscales, ni promete cambiar las leyes que les molestan o limitar la competencia a cualquier iniciativa empresarial. Sí, ya sé que el liberalismo, ideología con la que muchos siempre asociarán a Esperanza Aguirre, ha sido siempre hostil a la “política industrial”. Un liberal cree que el estado no tiene mejor información que el mercado sobre qué inversión es socialmente más productiva, y por tanto debería evitar privilegiar unas inversiones sobre otras. Un liberal hubiese dicho que si hay empresarios que hacen sus negocios sin recibir terrenos gratis, sin obtener privilegios fiscales, y sin capacidad de modificar las leyes que no son de su agrado, a Adelson no se le debería haber concedido ninguno de esos privilegios. Pero no estamos hablando de un liberal. Estamos hablando de Esperanza Aguirre. 

Esperanza Aguirre ha mostrado en esta última decisión que, a pesar de lo que diga en sus discursos, cree en la política industrial. Creen que es bueno que el Estado intervenga privilegiando a determinados empresarios sobre otros con el fin de fomentar un determinado tipo de inversiones, supuestamente porque estas inversiones son socialmente más beneficiosas que las demás. Y este es, en esencia, el segundo argumento a favor de Eurovegas. Como creará empleo, merece la pena que le demos este trato especial. (Sí, ya sé que el primer argumento y el segundo son contradictorios entre sí a pesar de estar defendidos por la misma gente, pero qué le vamos a hacer).

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