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CRÓNICA

Sonrisas, lágrimas y cuchillos en las primarias del PP

La campaña de Pablo Casado se olvida del día de la despedida de Mariano Rajoy para ejercer de intermediario en el ataque más duro contra Sáenz de Santamaría

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Sáenz de Santamaría y Casado se saludan en el congreso del Partido Popular.

Santamaría y Casado hacen el gesto de la sonrisa al saludarse en el primer día del congreso. Marta Jara

Eran las 17.30 de la tarde de la primera jornada del congreso del PP, un día centrado en la despedida de Mariano Rajoy. Para las primarias que elegirán al sucesor, era un poco la jornada de reflexión o al menos para tomarse la confrontación con algo de calma antes de la votación del sábado. Nada debía hacer sombra al adiós del hombre que ha dirigido el partido durante 14 años.

Por alguna razón, la campaña de Pablo Casado eligió el momento en que Ana Pastor, elegida presidenta del congreso, lanzaba un elogio tras otro a la figura de su mentor y amigo para enviar una bomba de fragmentación, tan potente que algo de metralla se habrá llevado el diputado por Ávila.  Envió a los medios de comunicación una nota de la organización Dignidad y Justicia que disparaba sobre Soraya Sáenz de Santamaría donde más puede doler a un político del PP. 

"No es persona de valores. No demostró estar a la altura cuando en 2013 y 2014 no hizo absolutamente nada para evitar la excarcelación masiva de más de 100 terroristas de ETA", decía la nota. Al menos, no dijo que había traicionado a los muertos. O quizá sí lo decía. Acusaba a la exvicepresidenta del Gobierno de no haberse preocupado nunca por "el  esclarecimiento de los casi 400 asesinatos sin resolver de ETA". Sí, también se utilizaba a los muertos para arañar unos cuantos votos en favor de Casado.

Muchos dirigentes del Partido Popular han sido adictos a ver cómplices de los terroristas en todas partes en lo que terminó siendo un todo es ETA (menos ellos). Nunca antes se había utilizado, siquiera de forma indirecta, contra un dirigente del propio partido, aun menos contra la número dos del Gobierno que presidió Rajoy.

Tanto Santamaría como Cospedal apostaron por unas primarias light: me conocéis, votadme por ser quien soy. Ideas, las justas. ¿Para qué repetir lo que hemos dicho tantas veces? Casado no se podía permitir tanta ligereza. Su currículum es más escaso. Necesitaba mover el tablero, decir a los militantes lo que quieren escuchar, todo eso de la derecha sin complejos, y ser muy agresivo. Pero no se esperaba que diera una patada al tablero.

Hacer de cartero de una asociación que no forma parte del Partido Popular para lanzar tales acusaciones contra Santamaría demuestra hasta qué punto es difícil mantener la calma en unas primarias internas cuando los protagonistas se juegan su supervivencia en política. Será por eso por lo que al PP nunca le interesaron demasiado, y al que menos a Rajoy, que lo veía como esas cosas que hacen los nuevos partidos, llenos de gente ruidosa que no para de hablar y moverse. Haces eso en el casino de Pontevedra y enseguida te enseñan la puerta por gamberro.

Como diría Rajoy, el ataque de la campaña de Casado puede significar que las posiciones de ambos de cara a la votación del sábado están muy igualadas... o no. Pudo ser un intento de desequilibrar un posible empate con un ataque de última hora. O un gesto de desesperación al ver que las posibilidades de victoria se están alejando. Quizá la campaña de Casado se arrepienta de no haber instalado en el email el aviso posterior al envío del mensaje: "¿Está seguro de que quiere enviar este mensaje?". 

El testamento político de Rajoy

Ya dijo Rubalcaba que "los españoles somos gente que enterramos muy bien". Estaba claro que la despedida de Rajoy, presidente del PP desde 2004, iba a ser un éxito de público en el hotel de la periferia de Madrid donde se celebra el congreso. El nuevo registrador de la propiedad de Santa Pola ponía fin a su actividad política –no lo verán mucho más excepto en algunos mítines de campaña– y lo hizo con un discurso de 51 minutos.

Podía haber sido una cosa más breve llena de momentos emotivos, y los hubo -asomaron lágrimas en la mejilla de Cospedal cuando atronó el himno español por megafonía-, pero su intención era trazar su testamento político para que no se olvide y, quién sabe, para que los dirigentes del PP voten pensando en lo que dijo su presidente saliente.

Rajoy reivindicó toda su obra para desmentir de forma tajante todos los ataques y menosprecios que ha recibido de Aznar y los columnistas duros de la prensa de Madrid, de todos los que le han criticado en la derecha desde que perdió las elecciones de 2008 ante Zapatero. Presumió del fin de la crisis económica, de su respuesta al desafío independentista de Cataluña, y del fin de ETA sin negociación política previa. 

"A algunos les parecía muy fácil", dijo sobre la solución de la crisis de Cataluña. "Sabían lo que había que hacer, con quién, cómo, en qué momento y con qué alcance. Siempre lo saben. Lo sabían antes, pero lo saben, sobre todo, después de que lo hubiéramos hecho nosotros". No hay independencia de Cataluña, Puigdemont está fuera de España y varios miembros de su Gobierno están en prisión. El problema político de fondo continúa siendo el mismo pero, para Rajoy, es misión cumplida. 

Lo mismo en el caso de ETA. Rajoy hizo gala de que no hizo nada: "Jamás he caído en la tentación de negociar con ETA. Jamás he pagado ningún precio político que pudiera entenderse como un premio para los asesinos". 

Cumplió su promesa de no intervenir en las primarias en favor de alguno de los candidatos. Pero al escuchar la defensa de su legado político, sobre todo de las aristas más duras, los compromisarios del PP pueden no olvidar que Sáenz de Santamaría estuvo siempre en Moncloa con Rajoy mientras Casado era una joven promesa que despuntaba. 

Rajoy dejó claro que en su idea de la política "nadie está en posesión de la verdad absoluta" y dio las gracias a los dirigentes del PP por haberle dejado hacer política como a él le gusta, "con moderación, con prudencia y valorando las consecuencias de cada decisión".

Este sábado, sabremos si los dirigentes del PP quieren más Rajoy. Ahí tienen la opción de Santamaría. Si ya han tenido suficiente campechanía gallega, españoles, mucho españoles, disparates colosales y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde, quizá prueben el sabor más picante de Casado. Cuando los partidos caen de bruces en la oposición, pierden interés en la moderación, la prudencia y las consecuencias de sus decisiones.

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