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CRÓNICA

Alto el fuego en Unidas Podemos antes de que las hostilidades alcancen el punto de no retorno

Montero y Belarra en el pleno del Congreso de la semana pasada.
7 de marzo de 2022 22:56 h

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Sólo era una confusión. O un malentendido. Podemos no cree que el PSOE sea uno de los “partidos de la guerra”, una definición que dejaba al Gobierno de coalición al albur de las decisiones que pueda tomar Vladímir Putin en la invasión de Ucrania. Una ofensiva más y elecciones anticipadas en España. Mal negocio. En la rueda de prensa semanal de los lunes, Isa Serra apostó por la coexistencia pacífica de los dos partidos. Ione Belarra no se refería al PSOE, dijo, cuando denunció a los “partidos de la guerra” que están a favor de enviar armas a los ucranianos para que se defiendan. Yolanda Díaz cuenta con todo su apoyo. El Gobierno está realizando una gran labor gracias a la aportación de Unidas Podemos. En resumidas cuentas, no es necesario desplegar cascos azules para separar a las fuerzas contendientes de Podemos e Izquierda Unida o para proteger la supervivencia del Gobierno.

No era eso lo que parecía el día anterior cuando se publicó en laU, una revista vinculada a IU y dirigida por Alberto Garzón, un análisis sobre la guerra en suelo ucraniano muy crítico con los designios imperialistas rusos y que incluía un comentario sobre el futuro de Yolanda Díaz en forma de aviso a Podemos. Para la hipótesis de un adelanto electoral, el artículo no descartaba que la vicepresidenta no acepte ser candidata a la presidencia en las elecciones en caso de que se produzca una ruptura imprevista del Gobierno.

“Es probable que (Yolanda Díaz) se encuentre en estos momentos sufriendo un momento de asfixia por parte de las fuerzas políticas que forman el espacio, y cuyas presiones reducen su margen de intervención”, dice el texto. Es la misma Díaz a la que Belarra desautorizó el pasado miércoles cuando salió en el Congreso para hablar con los periodistas y confirmar que desde luego tenían discrepancias radicales con Pedro Sánchez sobre el envío de armas. Llámalo asfixia o incompatibilidad de puntos de vista.

La rueda de prensa de Podemos del lunes se pensó para poner fin a este amago de guerra fría en la izquierda que copa titulares y libera de atención a Vox, el partido que mejor representa en España el mensaje ultraconservador y reaccionario de Putin en su país. En la extrema derecha, no se creen la suerte que han tenido y por eso centran ahora sus mensajes en redes sociales en el precio de la luz y obvian la guerra siempre que pueden.

“Debemos hacer lo posible para parar los pies a Putin”, dijo Serra al principio. Era una forma nada ambigua de desmentir todas esas acusaciones de la derecha sobre los que llama “los socios de Putin” en el Gobierno. Dará igual, porque eso permite a PP y Ciudadanos seguir con la murga, como así ocurrió el mismo lunes.

Civiles aprenden a utilizar fusiles kalashnikov en un cine de Lviv.

La argumentación de Podemos es que ellos dan prioridad a la negociación con el fin de acabar con la guerra por considerarla la herramienta más eficaz. Establece una dicotomía entre dos únicas posiciones. Por un lado, “la posición de la UE es la de la escalada bélica”. La otra opción, porque sólo hay dos, es “la posición de las vías diplomáticas para conseguir la paz”.

El planteamiento ofrecido por Serra ignora que los países europeos más importantes no han renunciado a las negociaciones políticas. Muy poco antes de la invasión, Emmanuel Macron y Olaf Scholz viajaron a Moscú por separado para reunirse con Putin. Macron mantuvo el domingo una conversación telefónica con el presidente ruso, la cuarta en los últimos diez días. En total, ambos han tenido catorce contactos desde diciembre de 2021. Scholz recibió al primer ministro israelí después de que este viajara a Moscú este fin de semana para una reunión de tres horas con Putin. La diplomacia no ha parado.

Serra también dijo que es “hipócrita” enviar armas a Ucrania mientras los mismos países europeos pagan millones a Rusia por la importación de su gas y petróleo. Pablo Iglesias había dicho lo mismo en la tertulia de RAC1 esa mañana: “¿Quién está dando oxígeno a Vladímir Putin? ¿Quién está regando de millones a Putin para hacer esta guerra? La respuesta es durísima. La respuesta es Europa. Cada día, Europa paga 600 millones por el gas”.

Más que hipócrita, parece el reconocimiento de una realidad económica. A corto plazo, países como Alemania, Italia y Polonia no pueden prescindir del gas ruso y evidentemente tienen que pagar por él. No pueden pretender que les salga gratis. “El suministro de energía a Europa, para generar calor, para el transporte, para la electricidad y para la industria no se puede asegurar en este momento de ninguna otra manera”, ha reconocido el canciller Scholz.

El Gobierno norteamericano estudia ahora si pone fin a las importaciones de petróleo ruso. No lo tiene tan difícil como los países europeos. Sólo tiene que buscar un suministro alternativo de 700.000 barriles diarios, una cantidad que puede conseguir de otras fuentes, y una de esas opciones –sorprendente por las malas relaciones de ambos países– puede ser Venezuela.

El lunes, tuvo lugar la tercera ronda de negociaciones entre rusos y ucranianos en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Antes del inicio de la cita, el jefe de la delegación rusa marcó las condiciones mínimas de Moscú para aceptar un alto el fuego y por tanto interrumpir sus ataques a las ciudades de Ucrania: el reconocimiento de Crimea como parte de Rusia, el reconocimiento de las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk como estados independientes, y una reforma constitucional con la que Ucrania renuncie para siempre al ingreso en la UE o en la OTAN.

Aunque parezca que no se llega al extremo de exigir la ocupación de todo el país, sí sirve para satisfacer las prioridades de Putin, que niega a Ucrania el derecho a elegir en qué organización internacional puede solicitar el ingreso. Las posibilidades de que el Gobierno de Kiev lo acepte son entre escasas y nulas. Equivale a una rendición. La diplomacia a veces sólo puede ofrecer soluciones muy desequilibradas.

Belarra e Iglesias se basan en la gran superioridad militar rusa para sostener que el envío de armas sólo contribuirá a prolongar la guerra. De momento, la guerra que muchos expertos decían que se iba a dilucidar en cuestión de 48 o 72 horas ya ha consumido su decimosegundo día. Lo que ofrecen a los ucranianos es la esperanza de que haya pronto un acuerdo diplomático, aunque a un precio prohibitivo para la soberanía de su país. Las autoridades ucranianas prefieren que les entreguen armas para poder luchar por su libertad por muy sombrío que sea su destino. No creen tener otra alternativa.

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