Salas emblemáticas como Apolo y Razzmatazz continúan cerradas un año después
Nadie se lo podía imaginar, pero el concierto que ofreció Louis Tomlinson hace un año en Razzmatazz, con las entradas agotadas y los fans durmiendo en la calle para poder apelotonarse en primera fila, fue el último de esta emblemática sala de Barcelona, que permanece cerrada desde entonces por la pandemia. Tampoco los que acudieron al concierto de Prozak Soup en el Apolo sabían que las famosas sesiones Caníbal de esta sala se habían acabado por una larga temporada.
En este año de pandemia, 17 salas de toda España han tirado la toalla, cinco de ellas en Cataluña, mientras que gran parte de las demás aseguran estar al borde de la quiebra, según la Asociación de Salas de Conciertos de Cataluña (ASACC). Las que aguantan tiene sus esperanzas puestas en futuras medidas que no acaban de llegar, como la ampliación del aforo, el permiso para vender bebidas, el aumento de las ayudas públicas o un improbable rescate.
“La idea seria poderse hacer un test rápido el mismo día del concierto, de manera que todos los que den negativo y los que estén vacunados dispongan de un certificado que les permita ir a eventos multitudinarios”, apunta el responsable de Razzmatazz, Lluís Torrents. “Aun así, seguramente el aforo no sería el 100%, la gente tendría que ir con mascarilla y no podrían beber ni fumar en la pista, sino que tendría que ir a una zona habilitada para ello, pero se podría asistir a un concierto sin distancia social y consumir bebidas, lo cual permitiría ir retomando la actividad”, añade.
En paralelo, las salas siguen pidiendo que se incrementen las ayudas para pagar los gastos fijos y se prorroguen o condonen los créditos ICO porque saben que, de la misma manera que fueron las primeras en cerrar, probablemente serán las últimos en abrir sin limitaciones.
Informa EFE.