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Los velatorios 'online' buscan su hueco en la “nueva normalidad” a pesar del rechazo de algunas funerarias

El boom de las apps funerarias

El día 23 de abril fallecía por culpa del coronavirus el periodista José María Calleja. Muchos mandaron sus condolencias a la familia por redes sociales, pero a falta de los espacios de despedida que han dejado vacíos los tanatorios, su mujer abrió un muro virtual. Lo hizo con la aplicación Alife, que en las primeras diez horas recibió 6.078 visitas y registró 305 mensajes de afecto como el de Millán Gómez, pupilo del fallecido comunicador y amigo cercano de la familia.

“Cuando su hijo me lo envió me quedé sorprendido, nunca había visto algo así”, dice el también periodista a eldiario.es. “Me parece una iniciativa bonita y coherente con este contexto. A mí me reconfortó leer lo que pensaban de él otras personas y sé que a su familia también”, reconoce. En su opinión, el formato “no produce tristeza” y va en consonancia con la estética moderna y cada vez “más acogedora” de los tanatorios.

Alife es solo una de las empresas que ofrecen velatorios online, libros de condolencia digitales o funerales por streaming. Ya existían, pero las medidas de distanciamiento del estado de alarma han disparado su uso hasta un 400% en este caso, según señala su CEO, Jordi Martínez. “Hemos pasado de registrar 15.000 usuarios al mes a más de 100.000 desde el inicio de la pandemia”, precisa. Sus servicios se ofrecen desde hace seis años en 15 países y en ocho idiomas distintos, lo que les convierte en la app más rentable del mercado. “Llevamos tres millones de euros invertidos”.

Pero además de los datos bursátiles, Alife cree que en este momento su valor es el de ofrecer la única alternativa a los duelos solitarios y a las ceremonias con mascarilla y a dos metros de distancia. “Muchos tanatorios han tenido que cerrar y solo se están encargando del papeleo, mientras que nosotros ofrecemos tres vertientes: simplificar la comunicación con la familia, proporcionar una red social pero en un entorno más íntimo y facilitar a las empresas el feedback de los clientes”, explica Martínez.

Para ello es necesario hermanarse con las funerarias de toda la vida, muchas con años de experiencia en el sector pero poco rodaje en Internet. “Hay muchos que se niegan incluso cuando les ofrecemos nuestro servicio gratuito. Es descorazonador porque dejan a las familias sin alternativas”, se lamenta Jordi. Sin embargo, Alife ha logrado colarse en algunos de los grupos funerarios más grandes de España, como ASV y Mémora, con quienes se han integrado a raíz de la crisis del coronavirus.



El plan de desescalada del Gobierno para las ceremonias es impreciso: En la fase 1, que empieza el 11 de mayo, podrán celebrarse velatorios con un número limitado de familiares y manteniendo la distancia. La fase 2, a partir del 26 de mayo, suma algún familiar más a los funerales. Y la fase 3, que empieza el 10 de junio, también pero sin especificar cuántos. Por eso, algunas grandes funerarias han empezado a actuar.

“Tienen que entender que estos servicios han llegado para quedarse. Es un sector tradicional al que le ha costado dar el salto tecnológico, pero con esta situación se está viendo cómo surgen gran cantidad de extensiones nuevas: no solo streamings, sino el poder gestionar todas las tramitaciones a través de la red”, piensa el CEO.

Mémora no sabe cómo va a incorporar este servicio en el caso de los fallecidos por coronavirus, pues “aún no está disponible para las familias”, informan. El grupo ya protagonizó un escándalo por inflar las facturas con conceptos inventados desde el inicio de la COVID-19 y ofrecer una nueva prestación podría volverse en su contra.

No obstante, el caso de Alife es privilegiado en comparación con el de Eternify, que opera en otras regiones de España donde cuesta más irrumpir en el sector. “Hemos mejorado muchísimo y quintuplicado nuestra actividad, pero la expectativa a día 13 de marzo era otra. Preveíamos un boom virtual que no ha llegado”, reconoce Fran Guerrero, CEO de esta última.

“Las comunidades en las que opera el oligopolio de las grandes aseguradoras con las grandes funerarias funcionan mejor. Son directivos. Pero en Andalucía o Castilla-La Mancha las funerarias son PYMES, negocios de toda la vida a los que les está pasando la brecha digital por encima”, explica.

Un ejemplo sería el Tanatorio de Pedro Muñoz, en Granada, territorio de influencia de Eternify. “En los pueblos de 4.000 habitantes nos conocemos todos y a la gente le gusta el mogollón, estar juntos. Lo virtual no está socialmente aceptado y menos entre las personas mayores”, explica el dueño, Gregorio Fernández, a eldiario.es.

Su tanatorio lleva cerrado desde el 13 de marzo por recomendaciones de Sanidad y solo ha puesto en marcha las cámaras frigoríficas. “Hay días de seis inhumaciones y se está enterrando a las personas como perros. Las familias no tienen ganas de nada y mucho menos de forma online”, opina respecto a estas aplicaciones, que ya le ofrecieron sus servicios antes de la pandemia y él se negó a contratarlas.

Rechaza que sea por una cuestión de competencia en el sector, porque “cuando esto se estabilice, las personas van a volver a reunirse con su gente en los momentos más duros”. Por eso, en vez de reuniones virtuales, él ha apalabrado misas y ceremonias con los párrocos de los pueblos colindantes para celebrarlas más adelante. “Quizá en las grandes ciudades sea útil, pero los habitantes rurales quieren esto”, asegura.

Algo que acepta Fran Guerrero: “Mientras existan velatorios físicos, la gente va a tener la obligación moral de ir. A mí me sigue costando y mira que soy del sector. Si conozco a esa persona, yo no lo dejo el comentario en un sitio público”, compara. Por eso Eternify no ofrece muros virtuales ni capillas ardientes como Alife. “Un sitio para velar a tu ser querido no debería convertirse en un Facebook”, dice.

Aunque piensa que los hábitos sociales respecto a los velatorios han cambiado y que hay espacio en el mercado para tecnologías como la suya, sí admite que siempre será complementaria al servicio tanatorio tradicional. “No en vano, es de lo que más se está echando de menos durante el confinamiento”, afirma Guerrero.

“Separar a las familias durante los momentos de pérdida es la medida que más me ha costado firmar”, ha asegurado el ministro Salvador Illa en varias ocasiones, y por eso el Gobierno ha dedicado un apartado en concreto a los velatorios en su plan de desescalada. Por su parte, para aligerar la espera, Eternify ha puesto en abierto su libro de condolencias y Alife ha habilitado espacios de despedida “sin ningún coste”.

Como escribió Millán Gómez, amigo de José María Calleja, “los homenajes se dan en vida y los abrazos se dan en persona”. Pero, mientras dure esta “nueva normalidad”, “todos los mensajes virtuales que me recuerden a él son una manera de curar”.

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