Un nuevo estudio plantea que el Manuscrito Voynich podría ser un cifrado medieval construido con técnicas de ocultación avanzadas para su época

El sistema de signos impide cualquier lectura convencional

Héctor Farrés

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El acceso a un objeto escrito puede quedar limitado cuando el sistema que organiza sus signos impide reconocer palabras, separar unidades o seguir una secuencia estable, y ese bloqueo condiciona cualquier intento de lectura. El manuscrito de Voynich se sitúa en ese terreno porque presenta un conjunto de símbolos que no encajan con alfabetos conocidos y que, además, se distribuyen siguiendo patrones regulares. Esa combinación hace que el texto parezca estructurado y, a la vez, inaccesible, lo que ha alimentado interpretaciones opuestas sobre su naturaleza.

El manuscrito de Voynich plantea sobre todo un problema de método, porque obliga a decidir si se trata de un idioma desconocido, de un sistema artificial o de un cifrado. Esa necesidad de explicar cómo pudo construirse abre paso a análisis que intentan reproducir su escritura con herramientas plausibles para su época.

Un modelo manual reproduce rasgos formales sin descifrar el contenido

Un estudio reciente analizó si el manuscrito podía haberse generado mediante un cifrado manual complejo que reproduce muchas de sus propiedades formales. El trabajo, elaborado por el periodista científico Michael Greshko y publicado en Cryptologia, no descifra el texto, pero demuestra que un sistema verosímil para el siglo XV puede producir secuencias similares a las del manuscrito. El análisis se centró en comprobar si un método de cifrado ejecutable a mano podía explicar patrones estadísticos que aparecen de forma repetida en el documento.

La propuesta se conoce como cifrado Naibbe, un sistema que transforma textos en latín o italiano en secuencias de glifos parecidas al llamado voynichés. El procedimiento divide el texto original en grupos de una o dos letras y los sustituye mediante tablas organizadas. Para introducir variación, el método recurre a dados y cartas, objetos habituales en la Europa del siglo XV. Esa combinación permite alterar la correspondencia entre letras y símbolos sin perder coherencia interna en el resultado final.

El método transforma textos comunes en glifos mediante tablas, grupos breves de letras y elementos aleatorios como dados o cartas

Al aplicar el cifrado Naibbe a distintos textos de prueba, los resultados replican rasgos que han desconcertado durante décadas a los especialistas. Entre ellos figuran la frecuencia de los símbolos, la longitud media de las palabras y ciertas posiciones preferentes dentro de las líneas. Además, el sistema conserva fragmentos de estructura lingüística en secuencias cortas, aunque ningún signo represente siempre la misma letra. Ese comportamiento coincide con observaciones previas sobre el manuscrito de Voynich y limita el tipo de cifrado que pudo haberse usado.

Los autores del estudio subrayan que la propuesta no resuelve el contenido del manuscrito ni excluye otras hipótesis. El texto podría responder a una lengua desconocida, a un sistema artificial o incluso a una falsificación elaborada. Sin embargo, el trabajo fija un marco más preciso para futuras investigaciones, porque demuestra que un cifrado manual avanzado puede explicar muchas de sus rarezas sin recurrir a tecnologías anacrónicas.

La procedencia conocida contrasta con una escritura que sigue sin explicación

El manuscrito de Voynich recibe su nombre de Wilfrid Voynich, el anticuario que lo adquirió en 1912 tras comprarlo a una colección vinculada a un colegio jesuita cercano a Roma. Los análisis de radiocarbono sitúan su elaboración en el siglo XV, y el volumen conserva ilustraciones de plantas, diagramas astronómicos y figuras humanas en escenas de baño.

En la actualidad se conserva en la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, donde sigue siendo objeto de estudio. Esa combinación de antigüedad comprobada y escritura ilegible mantiene abierto el debate sobre su origen exacto y el proceso que dio lugar a uno de los libros más desconcertantes conservados hasta hoy.

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