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Cuando la CIA son los padres: una empresa ofrece 'agentes de seguridad' para vigilar el WhatsApp de los hijos

Ciberalarma

David Sarabia

Ciberalarma se presenta en Internet como el “primer servicio de ciberseguridad que protege a familias y negocios utilizando escudos gestionados por vigilantes desde una central de ciberalarmas”. Proponen un servicio destinado a los padres que tienen hijos menores de edad y que pasa por el control total de sus comunicaciones privadas en WhatsApp o Instagram.

“A partir de ese momento, todas las conversaciones que tienen lugar allí las estamos interceptando con un sistema de Inteligencia Artificial”, explica a eldiario.es Federico Yannone, director general de Virtual Care (matriz de Ciberalarma). Yannone asegura que la máquina ha sido entrenada “para detectar toda una serie de situaciones como pueden ser ciberacoso, sexting, anorexia, bulimia, violencia, adicción a las drogas, al alcohol e incluso juegos de autolesión”.

El funcionamiento es el siguiente: los padres dan permiso al niño para que ceda sus claves a la empresa (dando su consentimiento así de que va a ser vigilado) y el sistema monitoriza todos los chats que tienen lugar en su WhatsApp e Instagram. No es que Ciberalarma se salte el cifrado end-to-end (de extremo a extremo) de la app de mensajería, sino que abre una sesión en WhatsApp Web haciéndose pasar por el menor: “Tenemos ahí todo replicado: abrimos una sesión paralela y ya está, ya tenemos totalmente interceptado todo”, continúa Yannone. En el caso de Instagram, entran directamente con las claves del niño o de la niña.

Vigilando las conversaciones

Cuando el sistema detecta algo relacionado con los criterios que arriba comenta el directivo, salta un aviso en el centro de operaciones de la compañía. Ese chat lo lee entonces un vigilante de Ciberalarma, determinando el contexto en el que se produce: “Él no sabe a qué menor pertenece. Es decir, la privacidad del niño se mantiene por encima de todo. Él lo único que hace es validar si ese positivo es real o no es real”, comenta Yannone.

Si el vigilante considera que el contexto es válido, el chat “se recategoriza”. Si no, se pone en práctica “un protocolo de actuación que no es más que pulsar un botón en su consola”, según el directivo. Después, el sistema manda un email a los padres con la conversación o la imagen en cuestión para que sean ellos quienes tomen las medidas oportunas.

Ciberalarma almacena las conversaciones en su servidor “temporalmente”. Según Yannone, “las que no tienen ningún contenido de nada se descartan”. Las otras sí se guardan por si “en un momento dado pueden servir como evidencias de la situación que se está produciendo”, dice. “Lo importante de cara al menor es que los padres no están accediendo realmente a las conversaciones salvo cuando se produce una situación de riesgo”, destaca el empresario.

Un servicio “superregulado” y “superestricto”

A pesar de que, según la empresa, “el sistema está entrenado para detectar cuándo algo se está diciendo en un contexto amigable o cuándo es realmente ciberacoso o violencia”, el que tiene la última palabra es el vigilante. “Ahí es donde el agente está validando si verdaderamente es un positivo o es un falso positivo”, explica Yannone.

Los padres también pueden configurar qué servicio quieren de la empresa. “Depende de dónde pongan el listón”, reconoce. “Los padres pueden decidir a la hora de configurar su servicio si van a querer entrometerse o detectar situaciones de sexting o no”, continúa el directivo. También pueden configurar el número de alertas que desean recibir en su correo.

El sistema de vigilancia también sabe cuándo alguien contacta por primera vez con el niño. Ya sea un amigo o un compañero que le escribe por primera vez o un posible agresor, Ciberalarma escribe en el chat que mantenga una frase tipo “este menor está siendo monitorizado por Ciberalarma”. De esta forma, el extraño sabe que su conversación está siendo vigilada.

Para terminar, Yannone considera que el servicio “está superregulado por nuestra parte” y asegura que “somos superestrictos en que se haga un cumplimiento exhaustivo de todo lo que te obliga el Reglamento de Protección de Datos”. Y es que según el empresario “es el menor el que nos está autorizando”.

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