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Entrevista - Luisgé Martín

"Estoy apocalíptico: gana Trump, neofascismo en Europa y la izquierda española con su atomización cómica"

Autor de los libros de relatos Los oscuros y El alma del erizo y novelas como La muerte de Tadzio, Los amores confiados, La mujer de sombra o La vida equivocada, Luisgé Martín inicia camino en la no ficción con El amor del revés (Anagrama)

La obra retrata un proceso de asunción de la homosexualidad, desde los años 70, paralelo a la conquista nacional e internacional de derechos LGTB que Luisgé Martín ve ahora amenazada "porque Trump y el áuge de la ultraderecha abren la veda a los que aguardaban agazapados para atacar"

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Luisgé Martín © MTSlanzi_02.jpg

Luisgé Martín © MTSlanzi_02.jpg MT Slanzi

Luisgé Martín, escritor y director de la revista Eñe, publica El amor del revés , libro confesional sobre su evolución, inversamente kafkiana, "de cucaracha a ser humano". Y se lanza alentado por la poética de Michel Leiris, La literatura considerada como una tauromaquia, según la cual "para lograr la plenitud vital literaria, el escritor debe comportarse como el torero ante el toro: arriesgando su vida, exponiéndose a la cornada, corriendo el riesgo de que el lector encuentre en él lo vergonzoso o lo infame. Lo verdaderamente humano" (p.215). "Mira que soy antitaurino" -comenta Martín (Madrid, 1962), autor además del libro de viaje Donde el silencio y la colección de cartas Amante del sexo busca pareja morbosa- "pero me parece una imagen muy bonita la de correr el riesgo de exponerte ante ti mismo, sabiendo que la faena será en plaza pública y que lo que das ahí no es sólo un aderezo, sino que eres tú". 

¿Por qué esta no ficción en la que cuenta hechos que ya inspiraron Los oscuros o La muerte de Tadzio? ¿Ha disfrutado más apegado a la realidad o recreándola?

Hacía tiempo que contemplaba este libro confesional, del proceso de aceptación de mi homosexualidad. Ha sido raro remover el pasado. Pero maravilloso. De una manera intensa me quise, algo que no he hecho con frecuencia. Quise a ese chaval que fui e hizo lo que pudo y no lo debió hacer mal para acabar sobreviviendo. Di gran valor a que todo lo contado fuera verdad, recurriendo a diarios, cartas, entrevistas. Y he disfrutado mucho más contando hechos ciertos. No ha sido una sorpresa para mí constatar que no me gusta demasiado inventar.  

¿Ha evitado algo al prever el dolor de alguien? ¿Hay límite en la revelación literaria? 

Cero. La única duda que tuve fue si era el momento. Me contesté que sí, porque lo necesitaba. Y al escribir tuve la certeza de que o lo hacía con máxima honestidad o no tenía sentido. Lo único delicado era lo relativo a la familia. Fui un adolescente conflictivo como tantos, por mi razón particular. Pero no había nada vergonzante, nada que extirpar.

¿Vive la literatura como catarsis o condena, como exigencia inevitable?

A pesar de que sufro escribiendo y vivo obsesivamente el proceso, la literatura me ha salvado la vida, así que para mí tiene más de bendición que de maldición. Es cierto que se trata de algo de lo que uno no puede escapar. Escribimos porque es irremediable. No sólo porque tengas una profesión, ni una historia que contar. Yo, ahora que llevo un tiempo sin escribir, presentando este libro, ya empiezo a tener el colesterol alto. Soy feliz de ser escritor aunque infeliz cada vez que me siento a escribir.

El recorrido desde los 60 es el del avance en derechos LGTB. Pero sigue habiendo hostigamiento. ¿Quiere que el libro sea referente para gays? 

Me encantaría. Yo mi activismo lo dejo para artículos o colaboraciones del colectivo. La literatura es sagrada. Escribo por necesidad, no por altruismo. Pero una vez publicado el libro, sí creo que es un espejo que puede servir a muchos chavales. Incluso serviría a los homófobos frente a sus prejuicios. El ejemplar que más ilusión me ha hecho firmar ha sido el de una profesora de Madrid para sus alumnos de instituto. A raíz de mi libro hablaron de la homosexualidad y tres chavales salieron del armario. Ella creía que a la clase mi dedicatoria le haría ilusión. Y a mí me ilusiona sentir que he podido ayudar.

En la obra se repite la máxima de Rochefoucauld: "Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás que al final nos disfrazamos para nosotros mismos". Más allá de la orientación sexual, ¿se sobrevive sin máscara en nuestra sociedad? 

Todos necesitamos máscaras para sobrevivir. Cada uno lleva su cruz. Un paleto en Madrid necesita máscara. La máscara es también personalidad, qué piel elegimos. Pero las que nos pusimos los homosexuales como yo -porque otros lo vivieron con más libertad- afectan a lo medular y llevan a lo patológico, a negarse. Eso es lo terrible. Yo no era yo. Lo mío más que usar máscara era ser una momia.

¿Piensa, como Castilla del Pino, que el "no señalarse" es herencia franquista? ¿La Transición consolidó el temor de "quien se mueve no sale en la foto"? 

Sí, lo creo. La gran contradicción de la adolescencia es querer ser singulares y detestar que nos señalen como distintos. Y la sociedad española sigue en una adolescencia tardía. Fue imbécil pretender que, tras la dictadura, se maduraría en una generación. Debemos trabajar para que la generación de tus nietos sea normal.

Escribe que "los mayores amores (...) son personas que casi no conocemos, que inventamos"; que ha olvidado a amantes pero recuerda con intensidad incendiaria a quien jamás vio desnudo. ¿Mejor desear que poseer, imaginación que realidad?

Yo he sido enamoradizo y apasionado. Arturo es la persona a la que más he amado. Lo digo ante mi marido al que amo profundamente, porque no hay competencia ya que, como casi no le traté, le atribuí todas las virtudes y mi amor quedó perfecto, sin sufrir rozamiento. Es convivir lo que dificulta perdurar. Estamos ante la vieja discusión de erotismo frente a pornografía. Lo velado e inalcanzable deja más huella que lo evidente y conseguido.

¿Identifica "brillantez" intelectual con infelicidad, y felicidad con "insignificancia"?

Stuart Mill planteaba que es "mejor ser un humano insatisfecho que un cerdo satisfecho". Yo siempre digo, y no soy cínico, que como el ser humano es pequeño y menos trascendente de lo que creemos, si tuviera posibilidad de dar marcha atrás, preferiría ser cerdo satisfecho. El sufrimiento no es benéfico. Endurece y lleva a estadios en que disfrutamos del arte, sí. Pero, como solo hay una vida y corta, elegiría sufrir menos y llevar una vida más vulgar. Lo que no quiere decir que, en mi estado, que no tiene vuelta atrás, deje de sacar pecho por aquello que puedo sacarlo.

En los 80 asumió su homosexualidad y se afilió al PSOE que, luego, con Zapatero, aprobó el matrimonio gay. ¿Cómo vive la actual situación del PSOE y el panorama nacional?

Con terrible tristeza. Soy incapaz de entender esa fuerza auto-destructiva de la izquierda española. No sólo del PSOE, que está en el culmen auto-destructivo, sino del conjunto de la izquierda. A pesar de ser sociológicamente mayoritaria en España y compartir lo medular: la defensa de lo público (sanidad, educación...), los derechos civiles..., tiene una atomización cómica. Tanto como izquierda, como dentro de cada organización. Está sacudida por rencillas que no llevan a ningún sitio. Me indigna que se hable de la necesidad de debate ideológico en el PSOE, porque se lleva haciendo 15 años. Lo que hay que hacer es cumplir las conclusiones. Y aferrarse al hecho positivo de que los valores socialdemócratas europeos son triunfadores, pues hasta los conservadores los asumen. Incluso el PP, aunque sea de mentirijillas, acepta la sanidad pública, porque sabe que atacarla sería su ruina. Confieso que yo, como soy ya un señor mayor, tengo episodios de pánico en que pienso que nunca más voy a ver a la izquierda gobernar.

¿Cómo Trump y el neofascismo en Europa amenazan las conquistas de LGTB, mujeres, inmigrantes, refugiados, creadores y ciudadanos críticos? 

Yo creo que muchísima gente en España y el resto del mundo ha aceptado cosas porque eran políticamente correctas. Durante años ha sido imposible decir: "Los gays me parecen mal". Ha habido muchos agazapados esperando esta involución, con Trump y lo que se nos viene en Europa, que van a estar en primera línea atacando a los maricones, los moros, las mujeres emancipadas. Es un gran peligro. Tras la victoria de Trump empiezo a ser, un poco, muy apocalíptico. Vivimos una situación similar a la de Europa en los años 30, con el fascismo y masas ignorantes que se alimentan de mentiras y les dan curso electoralmente.

Se casó en un acto casi político por la igualdad. Pero su libro plantea la monogamia como anomalía. ¿Cabía esperar una alternativa LGTB a la familia tradicional? 

Existe la obsesión de creer que haciendo las cosas de determinada forma alcanzaremos la felicidad, el hombre nuevo, el paraíso que prometían fascismo y comunismo, los totalitarismos. El material defectuoso es la condición humana. Y no tiene arreglo. Hoy la generación de 30 años experimenta el "Poli-amor", versión de la pareja abierta de los 60. Quizá, simplemente, pasados unos años, haya que cambiar de pareja como de nevera. La vida es una putada. Pensar que los gays íbamos a salvar el mundo es un error.

Su amor presente, correspondido, su marido, ocupa dos páginas. ¿Favor que le hace al preservar su intimidad o el final abierto es amenaza de segunda parte? 

Eso dice mi madre, que él merece un libro entero (risas). Pero justamente lo que yo quería contar es lo que mi historia tiene de singular, mi proceso de cucaracha a ser humano. Al conocer a Axier, empezaron a normalizarse mis constantes vitales. Contar mi vida sexual o sentimental sería comparable a cualquier novela de pareja: amor, desamor, celos, infidelidades, separaciones... Axier es un punto de llegada y ahí se queda el libro. Porque prolongarlo habría roto tanto el ritmo, como su sentido.

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