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Del cabreo ciudadano y el futuro de Podemos

¿El electorado de Podemos formará un grupo durable en el tiempo o puede ser fugaz? Un examen del perfil de opinión pública de sus potenciales votantes muestra que puede ser un electorado para más allá de la crisis.

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Las últimas encuestas sobre intención de voto indican que Podemos puede acabar entrando por la puerta grande en el Congreso de los Diputados en las próximas elecciones generales. Este anunciado terremoto electoral puede ser interpretado por algunos como la prueba definitiva de que el fenómeno Podemos ha llegado para quedarse. Sin duda, la cuestión acerca de la supervivencia o no de este partido a lo largo del tiempo es uno de los asuntos a los que se ha dedicado más atención desde la irrupción de esta formación política. Sin embargo, la respuesta a la pregunta sobre si Podemos ha llegado o no para quedarse no puede formularse únicamente atendiendo a la magnitud del hueco electoral que las encuestas parecen otorgarle. Un repaso a la historia de los partidos muestra que, en la rapidez de los tiempos políticos, el descalabro electoral puede fácilmente suceder al triunfo en las urnas o a las grandes expectativas de voto.

Una manera de valorar la supervivencia de Podemos más allá de la magnitud de sus apoyos es estudiar el perfil de sus potenciales votantes, como por ejemplo su edad. Distintos análisis en este blog ( aquí y aquí) muestran que Podemos triunfa entre los sectores más jóvenes de la población. La juventud de sus votantes puede blindar la supervivencia de Podemos en el futuro, pues las lealtades políticas que los votantes generen en su juventud condicionan en gran medida el comportamiento electoral a lo largo de su vida.

Hay una segunda característica de los votantes que también puede ser relevante a la hora de reflexionar sobre la longevidad del músculo electoral de Podemos. Se trata del tipo de problemas que parecen preocupar a quienes simpatizan con esta formación o, dicho en román paladino, el tipo de cabreo ciudadano en el que se aúpa su éxito.

Una manera de clasificar el tipo de malestar de los votantes es según los asuntos que identifican como principal problema del país. Como ya expliqué en otra entrada de este blog, aunque la opinión pública española considera el paro, la corrupción y la clase política como los principales problemas, la intensidad de esa preferencia varía según la clase social o el nivel de estudios. Los datos del último barómetro del CIS (octubre) muestran que quienes más preocupados están por la corrupción y la clase política no son los grupos más afectados por la crisis, sino que son aquellos ciudadanos que  poseen más formación. Dicho de otra manera, y siguiendo el criterio de la clasificación socioeconómica, los más cabreados con la corrupción y la política son las clases altas y las viejas clases medias. Por el contrario, a la clase obrera cualificada y, sobre todo, a los menos formados - el sector más afectado por la crisis económica, representado por los obreros no cualificados - les parece preocupar menos la corrupción y, en cambio, señalan en mayor medida el paro como principal problema (ver Gráficos 1 y 2).

Gráfico 1. Paro como principal problema según estatus socioeconómico

Gráfico 2. Corrupción como principal problema según estatus socioeconómico

Si pensamos que la base de la insatisfacción ciudadana con sus representantes políticos es aquella cuestión que señalan como principal problema del país, entonces cabría definir dos tipos de cabreados: por un lado, los grupos más vulnerables ante la crisis, a quienes les preocupa fundamentalmente las cuestiones relacionadas con la situación económica y el paro; y, por otro lado, un grupo más formado y con una posición socioeconómica más favorable cuyos niveles de preocupación por la corrupción y la clase política son mayores que en el resto de la ciudadanía.

El análisis de la intención de voto y la simpatía hacia Podemos con los microdatos del barómetro del CIS de Julio (últmos disponibles) muestra que los más propensos a apoyar a este partido son precisamente quienes forman parte de ese segundo grupo: los individuos de más formación, los más críticos con la situación política y aquellos que señalan en mayor medida la corrupción y la clase política como principal problema del país (ver Gráficos 3, 4 y 5)[1]. En cambio, ni la valoración de la situación económica ni señalar el paro como principal problema del país es relevante para comprender el apoyo hacia Podemos (ver Gráfico 6). Dicho de otra manera, se trata de ciudadanos cabreados pero no quienes más directamente sufren las consecuencias de la la crisis.

Gráfico 3. Probabilidad de voto+simpatía a Podemos (frente a otros partidos) entre quienes mencionan la corrupción como principal problema. Resultados de regresión logística controlando por estatus socioeconómico, estudios, edad, ideología, principal problema, valoración situación económica y política

Gráfico 4. Probabilidad de voto+simpatía a Podemos (frente a otros partidos) entre quienes mencionan a los políticos como principal problema. Resultados de regresión logística controlando por estatus socioeconómico, estudios, edad, ideología, principal problema, valoración situación económica y política.

Gráfico 5. Probabilidad de voto+simpatía a Podemos (frente a otros partidos) según la distinta valoración de la situación política. Resultados de regresión logística controlando por estatus socioeconómico, estudios, edad, ideología, principal problema, valoración situación económica y política

Gráfico 6. Probabilidad de voto+simpatía a Podemos (frente a otros partidos) entre quienes mencionan al paro como principal problema. Resultados de regresión logística controlando por estatus socioeconómico, estudios, edad, ideología, principal problema, valoración situación económica y política

Podemos se ha convertido en la promesa para aquellos ciudadanos más desencantados con el sistema político en general y con la clase política en particular. Su desencanto seguramente es resistente a la mejora de la situación económica, pues mientras las expectativas económicas de la opinión pública han ido mejorado desde septiembre de 2013, no ha ocurrido lo mismo con las expectativas sobre la situación política. Esto sugiere que la insatisfacción ciudadana sobre la que el auge electoral de Podemos se sostiene no tiene visos de reducirse con la mejora de la situación económica, algo que puede favorecer la resistencia electoral de los apoyos a este partido.

En definitiva, la intención de voto o la simpatía hacia Podemos se concentra en los sectores más críticos con el sistema político y con la corrupción cuyo desencanto parece impermeable a la mejora de las expectativas económicas. Ello puede contribuir a sostener el músculo electoral de este partido a medio plazo y a reforzar el argumento de que es una formación que ha llegado para quedarse más allá de la crisis económica. No obstante, quizás el tipo de demandas que formula este electorado también constituyen un reto mayor para quien se presente como valedor de las reformas que den respuesta a las mismas. Con un electorado impaciente por ver cambios de calado en la forma de hacer política, las grandes expectativas generadas por Podemos puede convertirse en la medida de la desilusión de sus actuales votantes si su integración en el mapa político no se traduce en profundas reformas.  

[1] Todas las diferencias mostradas son estadísticamente significativas

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