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Trump intenta maquillar sus 100 días en la Casa Blanca

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Trump, encantado de conocerse, antes de la firma de uno de sus decretos. EFE

Esta semana tenía que ser una gran fiesta para Donald Trump, pero el presidente tiene poco que celebrar. “Es una medida ridícula”, ha dicho de la costumbre de hacer balance tras los primeros cien días de gobierno. Sólo leyendo esa declaración, ya se sabe que no está muy contento con su arranque en la Casa Blanca.

No es extraño. Cada vez que el presidente abre esa “prensa falsa” de la que tanto se queja, le cuesta encontrar buenas noticias. Las encuestas dicen que es el presidente novato más impopular de la historia y como todo mal estudiante, está intentando arreglar las cosas a última hora. Sus cien días se cumplen el próximo sábado y Trump se figura que aún puede darse un atracón esta semana y salvar los exámenes del primer trimestre.

Bajar impuestos

Su gran esperanza era derogar la reforma sanitaria de Obama al segundo intento, pero ya está bastante claro que no va a ser. Los republicanos siguen sin ponerse de acuerdo entre ellos y tras el revolcón de hace unas semanas, tienen pocas ganas de hacer otro ridículo. Para taparlo, el miércoles Trump anunciará una medida en la que todos los republicanos están siempre de acuerdo: una bajada de impuestos.

Al principio el presidente tenía muy claro que no quería tocar los impuestos hasta derogar ‘Obamacare’ y el motivo parecía razonable: sin recortar esos 300.000 millones en ayudas para contratar seguro médico, es mucho más difícil explicar que los ricos paguen menos a Hacienda. Pero a Trump se le echa el tiempo encima y necesita una victoria urgente, así que ha tirado de la gran mentira neoliberal: vamos a bajar los impuestos pero recaudaremos más porque crecerá la economía. Ya sabemos cómo ha funcionado eso en el pasado.

¿Cerrará el gobierno?

Trump tiene una crisis encima. Este viernes expira el presupuesto del gobierno de EEUU y si el Congreso no lo prorroga, la Administración federal tendrá que cerrar porque no podrá atender al público, pagar pensiones o hacer nada más que no sea los servicios mínimos para garantizar la seguridad.

¿Cómo se evita esto? Pues demócratas y republicanos tienen que pactar una prórroga y Trump tiene que firmarla antes de que expire el plazo. Ahí viene el problema. Los líderes de los dos partidos en el Congreso están bastante de acuerdo en mantener la situación actual y pelearse con calma más adelante, pero Trump ha exigido que la prórroga incluya un aumento del gasto de defensa y dinero para empezar a construir el prometido muro con México.

Los demócratas ya han dejado claro que no aprobarán nada que incluya un céntimo para ese muro, así que esto es un duelo de voluntades. O Trump firma lo que le presenten y se queda con las ganas de empezar el muro “después del verano” o decide arriesgarse a que cierre el gobierno el mismo día en que cumple cien días en el cargo.

Decretazo a decretazo

En este punto de la partida, Trump ya intenta colgarse cualquier medalla para decir que sus primeros cien días han sido un éxito. Ha conseguido colocar a un juez muy conservador en la Corte Suprema y eso es muy relevante, pero los movimientos de la Casa Blanca en las últimas horas demuestran que quieren hinchar su hoja de servicios.

Trump va a firmar esta semana cuatro decretos en diferentes materias: para reactivar las prospecciones de petróleo en las costas, para aumentar la ciberseguridad, temas de agricultura... ¿por qué exactamente cuatro? Pues porque cuando firme cuatro querrá decir que ya ha adoptado 32 decretos en sus primeros cien días de mandato. ¿Y qué significa eso? Que será el presidente que más decretos haya promulgado en sus primeros cien días desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Este dopaje legislativo es un absurdo completo. Puede que ese récord quede bien en la web de la Casa Blanca pero no significa nada. Un presidente puede adoptar cuantos decretos quiera, puede estampar su firma debajo de unos puntos suspensivos y eso ya cuenta. Lo difícil, como está aprendiendo Trump por la vía dura, es aprobar leyes con el apoyo del Congreso. Ir a por el número mágico no es más que una operación bastante chapucera de relaciones públicas.

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