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Ésta no es "una más"

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 El PP está queriendo diluir una vez más el escándalo de su (presunta) corrupción por las vías habituales. Sembrar la idea de que “todos los partidos lo hacen”. Marear la perdiz con declaraciones exculpatorias y maniobras de distracción como esas auditorias –a un año vista- de las que no nos fiamos. Por simple experiencia. O anunciar querellas a quienes no pongan el “presunto”, en tanto se dilucidan los casos judicialmente, que –vaya por dios- ahora nos importa mucho y para eso modificamos códigos y elevamos las tasas. Los sinuosos detalles de la trama los conocemos de sobra y no voy a abundar en ellos, pero es imprescindible dejar claro, rotundamente,  que “ésta, no es una más”.

 Una primera sutil diferencia es que el ataque viene esta vez –o se ha sumado- de la prensa amiga. También enciende el ventilador del “y tú más” y con notable ahínco, pero saca trapos sucios o no elude el tema. Es demasiado flagrante para desentenderse. Cierto que se aprecia una intencionalidad clara: está tomando partido entre las facciones en discordia del propio PP, en su lucha interna por el poder, pero la denuncia de la corrupción (presunta) del partido en el Gobierno está ahí por primera vez. Aunque sale en oportuno período de prescripción.

 Esencial el monto de las cifras que se manejan. A Felipe González –que había modernizado el país y seguía gozando de carisma- le tumbó la corrupción que iba emergiendo por distintos puntos de sus administraciones, pero ni siquiera fue tan honda y generalizada como se atisba por los (presuntos) datos que vamos conociendo del PP. Dicho sea sin ánimo de defender ni a uno solo de los corruptos y ladrones aunque solo roben un lápiz en un supermercado. Nuestra hoy tan afamada FILESA, por la  financiación ilegal del PSOE en la etapa final de González, fue del equivalente a 6,5 millones de euros y tuvo sentencia condenatoria y cumplimiento de condenas. Roldán se limpió él solo 10 millones de euros. También fue a la cárcel. Eso sí nadie en España, de ningún partido o Institución, ha devuelto jamás el dinero sustraído. 

 Lo grave es que el alza del costo de la corrupción ha subido exponencialmente desde entonces. Porque ese “fondo de reptiles” tan jaleado de los ERE andaluces -único caso autonómico del PSOE-, también ha aumentado su cuantía hasta los 695 millones de euros, y en la amplísima red Gürtel -estructural por las comunidades implicadas- se manejan cifras desorbitadas y aún no cuantificadas en su totalidad.  Bankia, caso no tan al margen, cifra su agujero en 36 mil millones de euros. Cinco mil millones de dinero público se llevó la CAM valenciana para ser vendida por 1 euro. Y sigan sumando…

Hay punto sobre todos, sin embargo. El PP es el partido en el poder. En el gobierno de España, en numerosas comunidades autónomas y ayuntamientos y en la UE donde anota más votos que ningún otro español.  Y hablamos de tres décadas de (presunta) corrupción -¿Cuánto dinero ha podido suponer?-, de sobres generalizados para la cúpula, de tráfico de influencias, de obstrucciones a la justicia, intensas, muy precisas y reiteradas. De las ramas que se extienden en múltiples casos más en investigación hasta llegar a temer que es un (presunto) Partido Podrido hasta la médula. “Un partido institucionalmente corrupto”, como razona en sus distintos condicionantes Ignacio Escolar. El conjunto presenta una lista digna de una serie para la pantalla, mezcla de Los Soprano y La escopeta nacional.

 Y este partido tiene la llave de la caja fuerte, de muchas cajas fuertes, de nuestras vidas y haciendas, de nuestros derechos y progreso. El dominio de múltiples instituciones, y la potestad de cambiar leyes, como la que –en plena campaña de transparencia- autoriza a condenados por corrupción a dirigir bancos. De pasmo.

 La corrupción es incompatible con la democracia, y esa frase constituye mucho más que un tópico. España padece esta lacra –y su sociedad ampara- desde hace siglos. Y lo pagamos. Es  causa fundamental de nuestro atraso. Actualmente la carcoma parece haber llegado ya a las más altas Instituciones, poniendo en crisis al propio Estado y a la democracia. Los países más transparentes, además, son los más prósperos. A excepción de China. Quizás porque allí, a través de métodos dictatoriales, las grandes cifras económicas se edifican sobre la condena a la miseria, la indefensión y el silencio a millones de personas. ¿Es ése el camino?

 Dejémonos de auditorias imposibles para dineros opacos. Salvo que se acepte la oferta de GESTHA, dado que sus técnicos están acostumbrados a buscar entre fondos sucios. Cesen de esparcir esa mierda tan útil para que, mareada por el olor, la masa ameba convierta la corrupción -que siempre tuvo nombres y apellidos-  en un  “todos son iguales” y por tanto ésta es un pecadillo venial. Nunca lo es, que otros saqueen las arcas públicas -poco o mucho- no exime de culpa alguna. Muchas conciencias se están desperezando estos días, sin embargo, crece la indignación y el hasta aquí hemos llegado. Porque hay un antes y un después de lo que se está revelando. No es “lo de siempre”. Es un hecho excepcional y desestabilizador en un momento crítico en el que nos han empobrecido y están desmantelando el Estado del Bienestar. O debe serlo. La corrosión afecta al esqueleto del país. No se contenten, por tanto, con solicitar solo comparencias en ese remedo de Parlamento con mayorías aplastadoras. Remedo presunto, por si acaso. Y plántense de una vez. Cambien leyes. Y exijan, sin guardar la silla, la comisión inaplazable ya: inspectores profesionales, policías y jueces… sin inhabilitar, mirar hasta debajo de las alfombras. No es la primera vez que lo pido a políticos honestos, del PP incluido. Cuando se ha diagnosticado un cáncer -y con metástasis-, no sirven las aspirinas y mucho menos las vendas… de la impunidad.

 

 

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