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El 2D, un día sin referentes progresistas

Muchas andaluzas y andaluces se han quedado huérfanos de referentes progresistas

El CIS sigue dando la victoria al PSOE y no prevé la irrupción de Vox

EFE

Fui el primer secretario político de Podemos Andalucía. Di el paso a formar parte de la estructura de un partido que se presentaba como nuevo. Lo hice desde mi experiencia profesional y mi compromiso social impulsado por una ola de ilusión que había empezado a fraguarse en el 15M y otros movimientos ciudadanos y populares. Nunca antes había militado en un partido. Lo hice desde Andalucía porque quería cambiar la realidad de mi entorno. Impulsar la universidad y la educación como motores de cambio a futuro y como elementos centrales que podían y pueden hacer una Andalucía mejor, más sostenible, más igual, más humana, más avanzada. Plantear propuestas solventes, posibles y al mismo tiempo atrevidas para hacer frente a una crisis global con muchas aristas desde económicas hasta ecológicas.

Mi experiencia duro dos años. La distancia entre "una nueva forma de hacer política" y la acción real era muy grande. De la participación y la decisión colectiva se pasaba rápidamente a la centralización de las decisiones, al poder del aparato y al apretar filas frente a opiniones divergentes. En lugar de ampliar la base social a medida que el partido ampliaba su representación institucional, la base del partido se iba minando poco a poco y la gente que un día se acercó con ganas de aportar para un cambio de ciclo, se iba quedando descolgada.

Se empezaba a echar en falta el proyecto inicial con el que Podemos se presentó a la ciudadanía. Ese proyecto se hubiera conducido con honestidad y coherencia y no cambiado de rumbo tantas veces, cometiendo graves errores discursivos y dejando de ser un referente para una buena parte de las personas que mostraron su apoyo al principio. Después del 2D, y siguiendo una serie de decisiones y acciones, lo que va quedando, como mucho, es ocupar el espacio que ocupaba Izquierda Unida anteriormente. Y esto se ha hecho sacrificando un proyecto para el país y para Andalucía a cambio de un férreo control interno.

Mi vivencia personal podría ser anecdótica, pero creo que es un pequeño síntoma de un problema más global y general que ha hecho que hace apenas unos días, muchas andaluzas y andaluces se hayan quedado huérfanos de referentes progresistas.  

El PSOE de Andalucía, uno de los buques insignias del PSOE a nivel estatal, capitaneado ahora por Susana Díaz ha ido perdiendo apoyos elección tras elección desde hace 15 años. El descontento de sus simpatizantes ha ido creciendo hasta el punto de que el agua ha llegado a la máquina de motores. Se ha presentado a estos comicios con un mensaje muy parecido al que lleva mostrando desde el inicio: Andalucía soy yo. Y Andalucía le ha respondido que no.

El proyecto que presentó Adelante Andalucía era un proyecto poco creíble, refrito con aceite quemada que apartó a mucha gente que antes vio a Podemos con ilusión. Mucha gente diversa que llenó el Velódromo de Dos Hermanas en 2015. Mucha gente que podría rescatar muy poco de la acción parlamentaria de Podemos Andalucía más allá del "cortijo apesta" o "ni muerta". Entre 200.000 y 400.000 personas que han dejado de prestar su apoyo a la marca electoral. Y es que no hay peor receta que coger la bandera prestada del andalucismo sin Andalucía. Una marca solo teñida por nuevos logos, un par de partidos residuales y un tándem de dos personas que no han sabido, no han podido o no han querido conectar con una masa social amplia que pudiera, ante los peores resultados electorales del PSOE en la historia de Andalucía, presentarse realmente como alternativa. El resultado de su leitmotiv se juzga por si mismo: una alternativa al susanismo sin pasar por las derechas.

Tres razones

Se pueden identificar tres vectores clave en el auge de la (extrema) derecha en Andalucía. Un hecho insólito que ha hecho que sea por nuestra tierra por donde haya brotado con fuerza la raíz del populismo de derechas.

El primero, la crisis territorial que desde hace más de una década está siendo conducida de manera nefasta por los dirigentes del Estado y de la Generalitat. Una crisis en la que Andalucía ha sido y es el actor escondido, ese actor que pudiera jugar un papel relevante pero que nadie parece querer ponerlo en escena. Una crisis que, además, no tiene horizonte de ser solucionada y de la que, al final, quienes están sacando mayor tajada, como en tantas otras crisis, son las élites del estado y de Cataluña. Esto ha dado un caldo de cultivo para instalar un marco antagónico fuera de Cataluña: los catalanes nos roban (la bandera, la unidad, la paz social, la lengua, la cultura) sin que nadie haya planteado un marco alternativo en el que Andalucía pudiera jugar ese papel relevante.

En segundo lugar, y no menos importante, la falta de certezas frente a la ya prolongada crisis que ha hecho que muchos votos hayan sido votos rebeldes escondidos en siglas variadas. La incapacidad de dar soluciones a lo cotidiano hace que en tiempos convulsos desde jóvenes a adultos se planteen apoyos nuevos, soluciones aparentemente simples que pongan a pelear a los estratos más vulnerables entre ellos.

Y, en tercer lugar, y puede que más importante, precisamente la falta de referentes progresistas con propuestas y salidas a esos dos problemas de una manera atrevida y valiente.     

Y si frente a las elecciones ha habido pocos referentes, la situación no es mejor desde el día después. Por una parte, Susana Díaz dice estar dispuestas a gobernar en Andalucía después de haber cosechado el peor resultado de su historia sin asumir ni un milímetro de responsabilidad ni un horizonte de renovación. Por la otra, Pablo Iglesias llamando a las trincheras antifascistas cuando se acaban de abrir las urnas mandando un mensaje cuando menos confuso para contentar a la que parece que ha decidido debe ser su parroquia. Y, por último, Teresa Rodríguez haciendo el avestruz y tras titubear sobre el resultado y no saber qué decir dejando claro que tampoco va a asumir responsabilidades y refugiándose en un periodo de reflexión interno como si al interior de Podemos quedara mucha gente. Como si la gente que quedara pudiera participar en un debate abierto y amplio sobre lo sucedido para dar un horizonte sobre lo que hay que hacer.

Alguien dijo alguna vez que en España no había entrado la extrema derecha gracias al 15M. Pues bien, ya están aquí y parece que han venido para quedarse.

Para encarar la nueva situación se antoja imprescindible reconstruir el espacio transversal y progresista que haga frente al discurso fácil de la centralización y el chovinismo desde un discurso descentralizado, solvente, eficaz y creíble; que haga frente al discurso machista desde un discurso feminista, ganador e inclusivo; que haga frente al discurso del odio al inmigrante desde un discurso veraz, realista y solidario; que haga frente al discurso de debilitar el Estado con bajadas masivas de impuestos desde un discurso de un Estado más eficaz como motor de innovación y cambio; que plantee en definitiva un proyecto para Andalucía y el país con el discurso del sentido común progresista que tantos pasos empezó a dar en 2011 pero que -por el mal accionar de muchos- convirtió el 2D en un día sin referentes progresistas. 

 

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