Helios Gómez, el creador gitano que visitó Rusia… y contó solo lo bueno

Portada del libro 'Dos años entre los bolcheviques y otros textos sobre la URSS'

Alejandro Luque


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La figura de Helios Gómez (Sevilla, 1905-Barcelona, 1956) resulta fascinante desde muchos puntos de vista. Conocido sobre todo como pintor, el artista de la corbata roja, como le conocían algunos, fue sindicalista, pintor, cartelista, poeta, activista gitano… Y también cronista. Esta última faceta queda reflejada en Dos años entre los bolcheviques y otros textos sobre la URSS (Renacimiento), recopilación de su producción en prensa durante los años 30, en los que plasma una visión de la utopía comunista muy condicionada por el ánimo propagandístico.

Los gitanos reivindican un espacio en el arte contemporáneo a salvo de estereotipos

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“Helios es alguien que merece la pena conocer”, afirma la editora del volumen, la doctora en Filología española Esther Lázaro. “Alguien que pasa por todos los momentos clave de España y de Europa en la segunda mitad del siglo XX, y se implica en todos. Es un eterno inconformista, que quiere cambiar siempre las cosas”.

Trianero, iniciado en la disciplina de la cerámica, Gómez ingresó en la CNT en 1923, y cuatro años después sus ideas libertarias le obligaban a exiliarse en París. Empezaba su largo periplo por Europa, empapándose del arte de la época. “Fue anarquista, aunque luego se pasa al comunismo, más tarde regresa con el anarquismo… Yo creo que siempre fue anarquista, aunque en un momento dado cree que puede traer el cambio social que tanto desea. Todas esas ganas de transformar el mundo las traslada al arte, y cuando regresa en los años 30 a España viene cargado de ideas novedosísimas”, añade Lázaro.

El paraíso comunista

Estas ideas le permitieron, por ejemplo, revolucionar el arte gráfico en la prensa catalana, a través de su trabajo en cabeceras como L'Opinió , La Rambla, La Batalla, L'Hora , Bolivar, Estudios y Nueva España. Con la llegada de la Segunda República, participa en el asalto a la Cárcel de Mujeres de Barcelona y, ya en Madrid, culmina la citada afiliación al PCE. Después de ser detenido y encarcelado, marcha a Bruselas y Moscú en 1932, invitado al Congreso Internacional de Artistas Proletarios con motivo del 25 aniversario de la URSS. De aquel viaje derivan los textos que componen Dos años entre los bolcheviques.  

Pero su mirada sobre el paraíso comunista está muy condicionada por su ideología. “Lo que Helios nos ofrece en sus textos no es realmente lo que vio en Rusia, sino lo que quiere contar a favor del comunismo con el objeto de afianzar el PC en España”, comenta la editora. “Nos describe una URSS idílica, incidiendo en los aspectos que pueden resultar más atractivos para los españoles, como la libertad de credo o la idea de que incluso los creyentes rusos estuvieran pasándose en masa al ateísmo. Y obvia todo lo malo, cosas que, cuando lees su correspondencia privada, queda demostrado que era plenamente consciente de ello”.

Lázaro explica que el PC ruso fue reticente a admitir a Helios Gómez en sus filas, por considerarlo demasiado anarco. Este pensamiento suyo queda patente en algunos de los numerosos anejos del libro, como ese relato de Sender protagonizado por un tal Germinal, trasunto del sevillano, que no puede disimular su radicalidad. En otro de estos anejos, un periodista pregunta a Gómez por los gulag y otros asuntos controvertidos del régimen de Moscú, “y él escurre el bulto todo el rato, habla de cosas positivas como la emancipación de la mujer. Todo el rato está tratando de convencernos: fijaos, el paraíso socialista es posible, aquí en España también podemos hacerlo realidad”.

El volumen recoge tanto las impresiones de los amigos y defensores de Helios Gómez como de sus detractores, que también los tuvo. “Fue objeto de chistes xenófobos, de acusaciones racistas, había un poco de todo. Lo consideraban un ser muy peligroso, por subversivo y extravagante. Y como a él le gustaba hacerse notar, sus enemigos los tenían muy fácil”.  

En la Guerra Civil

Por otro lado, Lázaro señala que “su etapa comunista dura apenas seis o siete años. En el fondo, lo que le interesaba de esta ideología era quizá que se organizaban mejor, y al fin y al cabo ellos y los anarquistas buscaban más o menos lo mismo”. De vuelta a la familia anarquista, lucha en la Guerra Civil como comisario político de la UGT, en frentes como Mallorca, Aragón, Madrid y Andalucía. Es acusado de matar a un capitán de su propio bando por aplicar una medida disciplinaria exagerada, se difunde la noticia en el bando republicano y se da orden de darle muerte. Huye a Madrid, donde los anarquistas le dan cobertura. Se integra en la Confederación Nacional del Trabajo y en 1939 fue nombrado Miliciano de Cultura de la 26 División, antigua Columna Durruti dónde se encargaba de la dirección y maquetación de su diario oficial, El Frente.

Toda esta peripecia, sin embargo, es posterior a sus años rusos, que también nos ayudan a entender algunas de las noticias que hoy salpican la primera plana de periódicos y telediarios. “Nos sirve para entender cómo se creó la URSS y cómo se vendió a la ciudadanía. Y también para comprender las ansias de poder de Putin, y por qué todavía hay rusos que se sienten parte de un imperio. Nos ayuda a saber por qué estamos donde estamos, a pesar de haber pasado una Segunda guerra mundial o la caída del Muro”.

Por último, cabe recordar que Helios Gómez reivindicó su gitanidad allí donde fue, y la URSS no fue una excepción. “No hay prueba fehaciente de que fuera gitano, pero él lo exaltaba de manera explícita, tanto en su obra pictórica como en los textos que escribe. Ensalza la vida de los gitanos de la URSS, habla del teatro en romanó, como más tarde se yergue en portavoz activo de los gitanos durante la Guerra Civil. Viene a decirnos que en el paraíso obrero hay un lugar para los gitanos que no existe fuera de él”.   

    

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