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Sobre este blog

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cuenta con 24 institutos o centros de investigación -propios o mixtos con otras instituciones- tres centros nacionales adscritos al organismo (IEO, INIA e IGME) y un centro de divulgación, el Museo Casa de la Ciencia de Sevilla. En este espacio divulgativo, las opiniones de los/as autores/as son de exclusiva responsabilidad suya.

Por qué el desierto de Tabernas no es un desierto

Desierto del Sahara

Jaime Martínez Valderrama

Estación Experimental de Zonas Áridas —

El cartel de la autovía lo dice bien claro: ‘Desierto de Tabernas’. Pero no es un desierto, no encaja en ninguna de las dos grandes clases de desiertos: los de origen climático y los que son consecuencia de la intervención humana.

Aunque para determinar los primeros hay una familia de criterios amplia y poco precisa, podemos afirmar con seguridad que Tabernas está lejos de los umbrales que se manejan. Así, considerando la precipitación, en los verdaderos desiertos pueden pasar años sin que llueva. Uno de los casos más extremos que se conocen se registró en Cochones, en el desierto de Atacama: 49 años seguidos sin caer una gota. Como consecuencia de lo anterior, la cubierta vegetal es muy escasa. Basta recordar la pinta que tienen los extensos arenales del Sahara o del desierto de Arabia.

La segunda clase de desiertos tiene que ver con la denominada desertificación. Debido a una confluencia de diversos factores se producen transformaciones del territorio de tal magnitud que el ecosistema pierde su capacidad de regeneración. La salinización de los campos de cultivo en la época de los sumerios, los graves episodios de erosión eólica acaecido sen el Medio Oeste americano en la primera mitad del siglo pasado o la desecación del mar de Aral son buenos exponentes de este tipo de desiertos.

El singular aspecto del paraje de Tabernas responde a otros motivos. Hace unos miles de años una serie de movimientos tectónicos provocaron su elevación respecto al nivel del mar. Al reorganizarse la red hidrográfica, en una época mucho más lluviosa, se produjo una fuerte erosión remontante. Las margas y yesos, recubiertos por una coraza mucho más dura formada por calizas, posibilitaron la formación de las cárcavas. De no existir tal capa, las laderas se hubiesen erosionado hasta alcanzar su perfil de equilibrio.

Tabernas es una geoforma, un paradigma de badland, esto es, de malas tierras. Esta escabrosa topografía siempre dificultó su explotación. Hoy, el territorio está prácticamente en desuso y la cubierta vegetal de esparto se encuentra en una buena condición.

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