Casa Pujol, insignia de la Ejea industrial modernista, entre la salvación y el olvido: “Existe riesgo de pérdida patrimonial”
Hay edificios que cuentan una historia incluso cuando ya casi no pueden sostenerse en pie. En Ejea de los Caballeros, la Casa Pujol es uno de ellos. Su reciente entrada en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, a instancias de la Asociación para la Defensa del Patrimonio Aragonés, ha vuelto a poner el foco sobre un inmueble que, más allá de la denuncia de su deterioro “avanzado y con riego de ruina”, encierra una parte esencial de la memoria urbana, económica y social de la localidad.
Ideada y levantada entre 1900 y 1913 en un enclave estratégico —la confluencia del paseo del Muro con las calles Concordia y Joaquín Costa—, esta casa no es un edificio cualquiera. Su silueta, marcada por un torreón central y un lucernario, responde a un modelo de arquitectura burguesa de principios del siglo XX, con rasgos eclécticos y, aunque tímida, también influencia modernista. Durante décadas, fue un referente visual para quienes llegaban o vivían en la localidad, por su ubicación en uno de los puntos más reconocibles del casco urbano, frente a la iglesia de San Salvador.
Pero su valor va más allá de lo estético. La casa está íntimamente ligada al proceso de modernización de Ejea de los Caballeros. La residencia Pujol fue promovida por la familia Villacampa, importantes ganaderos y productores vinculados a la economía local, y simboliza el surgimiento de una incipiente burguesía industrial en el municipio. Sin embargo, el inmueble cambió obligatoriamente su nombre cuando su heredera, Pepita Villacampa, contrajo matrimonio con José Pujol, hijo de Rosendo Pujol, quien impulsó a comienzos del siglo XX la Electroharinera 'La Primitiva', y responsable del primer suministro eléctrico del municipio y del alumbrado público en 1902.
Abandono avanzado y riesgo de ruina
Aquel pasado industrial y urbano del inmueble contrasta con el papel que desempeña en el presente. Hoy, la Casa Pujol es un edificio abandonado, afectado por un “importante” deterioro progresivo fruto de décadas deshabitada y “sin recibir el mantenimiento adecuado”, según APUDEPA. A pesar de estar catalogada desde el año 2000 en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) como edificio de interés ambiental —con obligación de conservar su volumen y fachada—, la realidad es que su estado actual evidencia una falta de intervención efectiva.
Esta situación ha motivado su entrada en la Lista Roja del Patrimonio, a propuesta de APUDEPA. Esta lista, impulsada por Hispania Nostra, recoge bienes culturales en riesgo de desaparición o alteración grave de sus valores, con el objetivo de visibilizar su situación y fomentar su protección.
Desde APUDEPA advierten que existe “un riesgo real de pérdida patrimonial si no se actúa con rapidez”. La asociación denuncia que el estado de la cubierta es “lamentable” y que “anticipa posibles colapsos estructurales”. Lo mismo en el exterior, donde el deterioro es visible con “revocos desprendidos, grietas, suciedad acumulada y cableado desfigurando la fachada”, apuntan en el informe publicado en la Lista Roja.
Desde la Asociación piden que se tenga en cuenta el alcance y singularidad de la Casa Pujol no solo por su arquitectura —una de las pocas construcciones con torreón de este tipo en la localidad—, sino también por su valor urbano, al articular visualmente uno de los accesos principales al casco histórico. Y que se ponga en valor por su dimensión simbólica como testimonio de una etapa menos visible y conocida de la historia de Ejea: la de su temprana industrialización.
El debate se reabre veinte años después
Entre 2005 y 2007 hubo un intento de declarar su ruina y proceder a su demolición. Una intervención que fue frenada por informes desfavorables de la Comisión Provincial de Patrimonio. Desde entonces, la casa ha permanecido en una especie de limbo: protegida sobre el papel, pero sin un proyecto claro de rehabilitación.
Ante la pregunta ¿Qué puede ocurrir ahora? La respuesta es que la inclusión en la Lista Roja no implica protección legal directa, pero sí presión social e institucional que en muchos casos ha servido como punto de inflexión para activar procesos de restauración. El futuro de la Casa Pujol depende, en gran medida, de la capacidad de las administraciones —y especialmente del Ayuntamiento de Ejea de los Caballeros— para impulsar soluciones.
El margen de actuación existe, aunque no es sencillo. El inmueble es de propiedad privada, lo que limita la intervención directa municipal. Sin embargo, el consistorio puede ejercer varias vías: desde exigir el cumplimiento del deber de conservación a los propietarios, hasta promover acuerdos, incentivos o incluso fórmulas de adquisición o expropiación en caso de incumplimiento grave. También puede optar por integrar el edificio en estrategias más amplias de rehabilitación urbana o patrimonial.
En paralelo, la clave estará en encontrar un uso que garantice su viabilidad. La experiencia demuestra que la conservación del patrimonio no pasa solo por restaurar, sino por reintegrar los edificios en la vida cotidiana: como equipamientos culturales, espacios sociales o iniciativas vinculadas al turismo.
Mientras tanto, la Casa Pujol sigue dando la bienvenida al pueblo frente a la Iglesia de San Salvador, visible, reconocible, pero cada vez más frágil. Como tantas otras piezas del patrimonio aragonés que se encuentran en riesgo, el futuro de esta casa se juega en un equilibrio delicado entre la memoria, el abandono y la pregunta de si la sociedad que la heredó está dispuesta a seguir conservándola.
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