Oncología en la pandemia

Reyes Ibáñez: “No hemos observado mayor incidencia del coronavirus entre pacientes de cáncer de mama y ginecológicos”

Reyes Ibáñez trabaja en la Unidad Clínica de Oncología Radioterápica de Aragón.

La Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (ASACO) y la Asociación de Mujeres Aragonesas con Cáncer Genital y de Mama (AMAC-GEMA) conmemoraban el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres en la Casa de la Mujer de Zaragoza con una charla virtual sobre “La salud de las mujeres en tiempos de COVID-19. Entre las participantes, estaba la Jefa de la Sección de Tumores de Mama y Ginecológicos de la Unidad Clínica de Oncología Radioterápica de Aragón, Reyes Ibáñez (Zaragoza, 1966).

¿La crisis del coronavirus ha obligado a modificar los tratamientos de las mujeres que están padeciendo un cáncer?

Sin ninguna duda, la crisis de la COVID-19 ha tenido impacto en nuestro trabajo. No sólo para modificar los tratamientos, sino que ha obligado a cambiar nuestra forma de trabajar en el día a día. Desde el primer momento, pusimos todo nuestro empeño en proteger a las pacientes de cáncer. Por eso, quisimos establecer un sistema de cribado para que todo paciente que de forma ineludible necesitaba recibir su tratamiento lo recibiera. Hemos trabajado al 100%; en algunos casos, incluso más, porque no dejamos de trabajar en Semana Santa para poder compensar días de tratamiento que se habían perdido. Sí es verdad que establecimos algunos criterios de selección, donde había algunos pacientes a los que les podíamos posponer el tratamiento hasta el momento de descenso de la curva de la pandemia. Siempre hacemos un balance riesgo/beneficio porque lo importante era tratar el cáncer, pero también evitar que las pacientes se contagiaran del coronavirus. Pero cuando era imprescindible realizar el tratamiento, se he hecho.

Decía que el coronavirus también ha modificado su forma de trabajar en el día a día, ¿cómo?

Como a la mayoría de los especialistas y también muchos compañeros de atención primaria, que por cierto son quienes han hecho la contención real de todo el sufrimiento y de todas las dudas de los pacientes. Nosotros también hemos sustituido visitas presenciales por visitas telefónicas. Mi experiencia ha sido muy buena. Me gustaría felicitar a las pacientes, que recibían nuestra llamada con mucho cariño, siempre con buenas palabras. Al final, los pacientes incluso nos daban ánimos a nosotros; me decían: “mucha fuerza, cuídese doctora”. Ha sido una experiencia muy grata. En ningún caso, creo que el paciente se haya sentido desatendido, todo lo contrario. Hemos resuelto sus dudas y hemos estado allí. Otro aspecto que se ha modificado, para guardar la distancia de seguridad, son las salas de espera y el tiempo de tratamiento que requiere cada paciente, que lo hemos alargado un poquito para poder hacer todas las labores de higienización y de limpieza. Esos serían dos grandes cambios: que mucha atención ha sido telefónica y que hemos dedicado todo nuestro esfuerzo a hacer de las salas de tratamiento auténticos santuarios donde intentábamos que el virus no entrara. Pero, además, hemos hecho un cambio importantísimo en radioterapia que creo que tendrá repercusión a posteriori. En estas situaciones, a veces es más fácil innovar. Entonces, se acababa de publicar un ensayo inglés muy importante, con más de 40.000 pacientes, donde se vio, por ejemplo, que la radioterapia prácticamente se hacía en 30 sesiones. Aquí, ya llevábamos unos años que lo hacíamos en 15, porque evolucionan las técnicas y el software. Ahora lo estamos haciendo en sólo cinco días. Es una evolución importantísima porque esto supone que la paciente, prácticamente en un mes ya tiene hecha la cirugía y la radioterapia. El gran objetivo es favorecer la calidad de vida de la mujer después del diagnóstico y el tratamiento para que pueda volver a su vida lo antes posible y de la mejor forma. 

¿Cree que la situación de preocupación o de ansiedad que ha provocado la Covid en muchas personas puede tener efectos en estas pacientes?

Qué duda cabe que cualquier situación que nos genere estrés puede tener un efecto en la evolución de cualquier enfermedad, no sólo del cáncer, también de las enfermedades del corazón, las mentales. Claro que todo este estrés puede influir. Por eso, siempre y sobre todo en estas situaciones, es importante que la mujer dedique un rato al día a escucharse, a escuchar su cuerpo, a ver qué está sintiendo, a dar la importancia que tiene el estar con ella misma para poder llevar mejor las cosas del día a día. La mujer siempre suele estar orientada al cuidado de los demás; es importantísimo pararse, escucharse y, ante cualquier síntoma, como la mayoría de las mujeres ya hacen, ahí estamos, para consultar y para participar con nosotros en la toma de decisiones. La paciente cada vez está más informada y empoderada, de manera que los profesionales al final somos acompañantes a lo largo de la enfermedad de la paciente, estando junto a ella. En una situación dramática y dura como ha sido la pandemia, la cercanía y poder hablar ha sido muy importante. De todas formas, me gustaría subrayar que en nuestras pacientes no hemos observado mayor incidencia del coronavirus. Y, en los escasos casos en que han contraído la enfermedad, se ha resuelto favorablemente y han podido después continuar con sus tratamientos contra el cáncer. Quizá la propia responsabilidad que tienen las pacientes de un cáncer de mama o ginecológico las ha llevado a que se hayan cuidado y hayan cumplido estrictamente las recomendaciones del Ministerio de Sanidad, con lo que, afortunadamente, no ha habido más casos que en la población general. Al menos, esa es nuestra percepción hasta el momento, avalada por los datos de un estudio que hemos hecho de todos los servicios de oncología radioterápica de España, donde hemos analizado día a día la tasa de pacientes y profesionales infectados y cómo ha evolucionado a lo largo de estas semanas.

¿La falta de movimiento por el confinamiento ha podido afectarles también?

Sí, sobre todo, en las pacientes mayores o en las pacientes oncológicas geriátricas, porque el confinamiento hace que hagan menos ejercicio, que pueda aparecer sobrepeso, cierto anquilosamiento en huesos y músculos… puede costar un tiempo recuperarlo. El confinamiento nos ha afectado a todos.

¿Le preocupa que se hayan descuidado los controles de detección temprana de algunos tipos de cáncer?

No me preocupa en el sentido de que el balance riesgo-beneficio estaba clarísimo en el momento de máxima contagiosidad. Además, la campaña de cribado del gobierno de Aragón se reanudó muy pocas semanas después; esas visitas se suspendieron muy poco tiempo. Las pacientes sintomáticas han tenido acceso al sistema y, por tanto, durante la pandemia se ha diagnosticado exactamente igual y si se ha requerido tratamiento, se ha proporcionado. En el cáncer de mama y en el ginecológico, en Zaragoza, prácticamente no se ha parado de hacer intervenciones quirúrgicas. Somos pioneros a nivel nacional en la técnica de radioterapia intraoperatoria, que brevemente consiste en hacer el tratamiento del cáncer de mama en un acto único, en un solo paso, haciendo la exéresis del tumor y después, la radioterapia, en el mismo acto quirúrgico, mientras la paciente está anestesiada. Esta técnica, con la que llevamos más de cinco años, hemos conseguido establecerla aquí en Zaragoza, con un número muy importante de pacientes, más de 500 y, además, la hemos llevado a todos los hospitales de Aragón. Desde el mismo día en que se reanudó el trabajo en los quirófanos de Aragón, hemos realizado este tratamiento. Por tanto, ha sido muy breve el intervalo de cierta disminución de la actividad quirúrgica, como máximo dos o tres semanas, y fue porque se habían destinado los quirófanos y las UCIs a tratar la Covid. Afortunadamente, en Aragón no hemos tenido la repercusión que han tenido en otras ciudades como Madrid o Barcelona, donde sí ha habido situaciones verdaderamente dramáticas.

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Publicado el
7 de junio de 2020 - 06:50 h

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