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Nel Villanueva, el maestro de tradiciones que desempolvó las panderetas y el baile para reivindicar el orgullo asturiano

Nel Villanueva, durante una actuación con pandereta.

Raquel L. Murias

Pumarín (Grau) —
4 de enero de 2026 06:02 h

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Cuando Nel Villanueva (Avilés, 1984) camina, lo hace siempre como si la música le marcase el compás. Es algo innato y que quizás no percibe, igual que lo es su media sonrisa, que siempre le acompaña cuando entra a impartir las clases de música tradicional y baile en los diferentes pueblos de Asturias, recuperando la ilusión y las ganas de hombres y mujeres de volver a los sones de antes.

Nel concibe la música, el baile y tocar los instrumentos siempre como una forma de “pasarlo bien, de disfrutar”, y es ahí donde consigue que cada vez sean más sus alumnos y alumnas.

Con el palo de una escoba

Se crio en Avilés y se escondía para cantar Alejandro Sanz en la habitación, con el palo de la escoba de micrófono. “Solo lo sabía mi hermana, yo era muy reservado”, explica, mientras su madre tarareaba a Rocío Jurado en la cocina. Pero en aquella familia tan musical se hizo el silencio de repente, y Nel sentía que aquellos silencios le asfixiaban. Fue una tragedia la que apagó la música: la muerte de una tía. “Con la muerte de su hermana, mi madre dejó de cantar y yo me apunté al coro de la iglesia porque no podía vivir en silencio”, relata.

“Teníamos un pequeño casete y me grababa con las canciones de la época. Yo tenía clarísimo que quería ser cantante; al igual que otros querían ser astronautas o médicos, yo quería cantar”, recuerda Nel, señalando cómo desde niño la música se convirtió en su objetivo y su camino.

Nel Villanueva vestido con el traxe tradicional asturiano.

Pendiente de aro y aire desenfadado

Cuesta imaginarse a Nel, con su pendiente de aro, su pelo siempre despeinado y su aire desenfadado, cantando en un coro de iglesia, pero lo hizo y guarda muy buenos recuerdos de aquel lugar. “Yo ya me había metido en el coro del instituto también, me pasaba la vida tocando: Estopa, Extremoduro… Cuando íbamos a Trasona a pasar la tarde en el merendero, yo siempre llevaba mi guitarra…” y sonríe, y parece que suene alguna música de fondo, porque a este músico apasionado pocos instrumentos se le resisten.

Nel siguió la tradición familiar y se matriculó en electricidad con la intención de trabajar en la industria avilesina, al igual que lo hicieron su padre y su abuelo. Pero nunca se olvidó de la música ni quiso hacerlo. Junto a unos colegas rompió la idea de que las panderetas eran solo cosa de mujeres: “Nos juntamos con la idea de tocar la pandereta, ¿por qué no? Teníamos muchas inquietudes y lo hicimos”. Así nacieron los primeros Pandereteros d’Anguaño, abriendo el camino para todos los que vinieron detrás.

Nel, con su proyecto personal: Leirana.

En esa misma visión también nacen Los Dalton, con los que grabó un disco completo de música asturiana para bailar de forma tradicional. “El baile es lo más prestoso que hay y en este mundo del folclore pasamos de una cosa a otra: del baile a la pandereta, de la pandereta al acordeón, a la gaita…”, explica Nel, convencido de que ahora está en el lugar correcto, siendo maestro de música tradicional y baile, disfrutando al cien por cien de un trabajo que siempre había sido afición.

Además, forma parte del dúo Xarré y de la Bandina Los Llerones, y ha impartido talleres en lugares como el Museo Etnográfico de Grandas de Salime o en festivales de música folk. Ahora su proyecto personal lleva nombre propio: Leirana, en homenaje a las muyeres que marcaron su vida y entre las que se crió en esa tribu preciosa que tienen las familias de los pueblos, como la de él, que fue emigrante a Avilés, a esa ciudad donde había trabajo y la familia siempre se mantuvo unida. Con Leriana, Nel da un paso más “toco todos los palos de la música tradicional asturiana, no solo la del baile”

Villanueva concibe la música tradicional como algo vivo: “Por practicidad también te toca evolucionarlo a los tiempos de hoy, tanto con los instrumentos para que sea más atractivo, como con el ritmo de vida que llevamos, que es mucho más rápido. No podemos aprender a bailar como antes, que bailábamos todo el tiempo y cantabas todo el tiempo y se te pegaba; ahora es todo mucho más rápido y lo adaptas a lo que hacemos ahora y a las cualidades de ahora. Pero sí que estudio, sí que me gusta saber dónde viene y que lo sepan mis alumnas también”.

“Erasmus musical”

Su formación no se limitó a Asturias; Nel amplió su mirada viajando y aprendiendo de otras tradiciones: “Al final es como que fui amueblando mi casa con muebles de muchos lugares. Pasé mucho tiempo yendo a Galicia, donde estuve de ‘Erasmus musical’, y aprendí un montón. Allí el folclore está mucho más vivo, la gente baila en cualquier romería. Aquí también se está recuperando, pero todavía hay un fallo de raíces: no se apoya lo suficiente desde empresas ni instituciones, y falta educación para que la gente valore y entienda la tradición”. Y subraya la importancia de las escuelas de música: “Gracias a escuelas como las de José Antonio ‘El Cantu la Vara’ aprendemos, ellos nos facilitan el aprendizaje. Las escuelas de tonada son fundamentales, son esencia de Asturias”. Ahora él es también escuela.

Nel, durante una baile tradicional.

“Hay que educar a la gente, y la cultura también hay que educarla. Es patrimonio nuestro. Si no nos sentimos orgullosos de nuestra cultura, ¿quién lo va a hacer? Y si no la conoces, no la vas a querer”. Reflexiona Villanueva sobre la visibilidad de los artistas: “No puede ser que un tío como Rodrigo Cuevas no toque en los mayores ayuntamientos de Asturias”, reclama el músico, que ahora vive en la casa familiar, en Pumarín (Grau), el sitio donde ha encontrado la inspiración perenne, y donde siempre siente el abrazo de su abuela. Nel ha vuelto a los orígenes.

Vivir de esto

Y recuerda los obstáculos que tuvo para dedicarse a la música: “Tuve que estar explicándome con un vecino que me quería echar una mano para buscarme una empresa en la que trabajar. Tuve que estar justificándome que estaba ganando un sueldo. No creen que puedas vivir de esto. Imagínate cómo pueden validar tu proyecto personal”. Sobre las tonadas, Nel dice: “La primera vez que cantas tonada te cuesta, es un canto difícil. Pero vas aprendiendo y vas amándolo cuando te enteras lo complejo que es, de dónde viene y lo diferente que es. Cuando lo vas estudiando acabas comprendiéndolo”.

La vida y su empeño personal le han hecho concentrar todos sus esfuerzos en ser músico y maestro de música tradicional y baile, una virtud que se hace fuerte en cada clase, cuando decenas de panderos y panderetas tocan al ritmo que él marca. Su filosofía es clara: disfrutar, compartir y crear red. Así también enseña en los chigres en sus clases de “cantares de chigre”, desempolvando canciones de la memoria de los pueblos.

Hoy, Nel Villanueva, con su particular ‘Erasmus musical’, ha conseguido recuperar las escuelas de música tradicional y sacar a bailar a decenas de personas que estaban a punto de olvidar sus orígenes. Y cuando se despide, suenan panderetas... el “Erasmus” viaja con Nel.

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