La Libre se queda: una librería autogestionada de Santander evita el 'desahucio' gracias a las donaciones
El centro cultural y librería La Libre, en Santander, cumple 25 años este 2026. Y sus socios lo festejarán de milagro en el espacio en el que llevan instalados los últimos tres lustros, después de que los propietarios les anunciaran en diciembre de 2025 que querían venderlo. El colectivo social ha anunciado este lunes que se queda en la Rampa Sotileza, tras obtener los cerca de 150.000 euros de la compra, gracias al apoyo de “varios” socios que les han prestado “íntegramente” el dinero.
La Libre hace actividades gratuitas y no tiene empleados, solo colaboradores que dedican su tiempo de forma altruista al proyecto. Según sus cálculos, la mitad del mantenimiento del proyecto ha venido hasta ahora de las cuotas de los socios, para los que han organizado charlas y talleres, además de ser el local de varias asociaciones más. La otra mitad ha venido de la librería, especializada en política y temas sociales.
Ahora, tras firmar el contrato de arras y blindar el acuerdo de compra, en el año de su 25 aniversario, a La Libre le toca recaudar el dinero prestado: “Se vienen por delante duros meses de preparación de una campaña de crowdfunding y de recogida de donaciones directas”, señalan.
En un contexto de subidas de alquileres, precios de venta disparados y locales reconvertidos en pisos turísticos, el colectivo ha tenido poco margen para pensar desde diciembre: han buscado otros locales y las cuentas no salían, y aunque la relación con las caseras es buena, el local iba a ser vendido: había interesados en comprar.
Por eso, aunque La Libre celebra que se queda, anuncia que necesitan recaudar “con urgencia” dinero para devolver “la mayor parte del préstamo que hemos recibido en el menor tiempo posible”, han alertado en un comunicado remitido este lunes.
“Los ecos de la gentrificación tardaron en llegar a las provincias, aunque ya los oímos por aquí”, recuerdan desde La Libre, después de que hayan tenido que comprar su local, mientras que otro colectivo social de la ciudad ha sufrido cómo les doblan el alquiler y Smolny, un centro social que lleva ocho años en su local en la calle Santa Teresa de Jesús, tendrá que abandonar su sede en junio, dando paso muy probablemente a futuros apartamentos turísticos.
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