La COVID desaparece de las aulas: “Hemos pasado de confinar diez clases al día a no tener apenas casos”
Los colegios están experimentando un antes y un después tras casi dos años desde que tuvieron que cerrar sus puertas para pasarse a las clases online. Así, mientras el pico de afectación de los centros cántabros se produjo el 23 de diciembre registrando 169 aulas confinadas, durante la primera semana de marzo no se ha notificado ni una sola clase cuarentenada por la COVID.
Además, el 17 de febrero, en plena caída de los casos y en una jornada en la que solo había doce aulas confinadas, el director de Salud Pública del Gobierno de Cantabria, Reinhard Wallmann, se mostró “totalmente abierto” a replantearse el uso de la mascarilla en las aulas siempre y cuando se hiciese en un momento en el que la incidencia fuese baja. Algo estaba cambiando respecto a otras olas.
No cabe duda de que la vuelta al cole tras la Navidad también supuso un cambio a la hora de aislar a los niños ya que el Gobierno central estableció que para cuarentenar un aula había que contar con, al menos, un 20% de positivos entre los alumnos. Esto, a diferencia de la metodología que se utilizaba hasta el momento, permitía contar con algún caso de coronavirus sin que eso supusiese cerrar la clase, algo que en Cantabria solo ocurre cuando los positivos alcanzan a cuatro o cinco niños a la vez.
Sin embargo, José Antonio Sánchez Raba, director del Colegio Público de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Cisneros de Santander, revela que pese a que han pasado varias semanas en las que han conseguido no aislar clases porque tenían dos o tres casos la situación ha cambiado “totalmente”: “Es que ahora no tenemos nada. Cero. Ni siquiera casos sospechosos. No hemos reportado nada”, asegura en declaraciones a elDiario.es.
Por su parte, David Urcola es el director del CEIP Gerardo Diego de Santa María de Cayón, el colegio más grande de la comunidad: “Tengo casi 800 alumnos y hemos pasado de estar confinando nueve o diez aulas al día y de pensar hasta en cerrar el colegio a no tener apenas casos”, afirma. De esta forma, y aunque sigue viendo algún positivo “o quizá hay un día que dos”, considera que la situación actual no tiene nada que ver: “Notamos la diferencia cuando se cambió el protocolo, ahora es muy complicado que se confinen aulas”, señala el maestro.
Precisamente, este viernes la Consejería de Educación ponía fin a las cuarentenas en las aulas por contacto estrecho y recuperaba ciertos atisbos de la vida sin pandemia volviendo a reunir a distintos grupos de convivencia estable en los espacios interiores, y permitiendo la interacción sin restricciones de todo el alumnado en el exterior. Además, según detallaba el comunicado del Gobierno, ya no se cerrarán aulas ante la aparición de positivos, por lo que la norma del 20% también dejará de estar vigente.
Cuando salió la orden a nivel nacional muchas familias escribieron preocupadas a sus tutores pidiéndoles que no les quitásemos las mascarillas a sus hijos
Pero la pandemia no solo ha afectado a los menores y hubo un momento en el que Educación reportó 182 bajas de docentes en la comunidad. Fue el 10 de enero, a la vuelta de las vacaciones navideñas, y pese a que se podía esperar un caos administrativo, lo cierto es que no fue así: “Ha funcionado muy bien, y si un maestro se infectaba y lo comunicabas antes de las once de la mañana, al día siguiente tenías sustituto. Hay que reconocer el trabajo de la Consejería porque es un esfuerzo económico muy grande”, explica el representante del colegio santanderino.
Opina lo mismo Urcola, quien recuerda que ese 10 de enero en su centro tuvieron cinco de las bajas que se notificaron en Cantabria: “Tengo compañeros en otras comunidades que estaban alucinados con lo bien que funcionaba aquí, pero esto tendría que seguir, no solo con la COVID, sino también cuando se produce una baja normal”, apunta.
No obstante, tener más alumnos con la enfermedad a la hora de confinar un aula fue solo un paso de la desescalada escolar que continuó con otro: la retirada de la mascarilla en los patios. Y aunque era algo muy demandado, sobre todo por los padres, estos docentes confiesan que continúa habiendo “muchos” niños que siguen sin quitársela en los recreos, algo que no saben si achacar a la costumbre o a que sus padres se lo piden: “Sí que es cierto que cuando salió la orden a nivel nacional muchas familias escribieron preocupadas a sus tutores pidiéndoles que no les quitásemos las mascarillas a sus hijos, como si nosotros lo fuésemos a hacer...”, confiesa el director del Gerardo Diego.
Ahora, estos administradores y docentes reconocen estar cansados de la pandemia aunque sí que se atreven a augurar su final definitivo o al menos una normalización del virus: “Parece que ahora sí, pero de momento seguimos sin relajarnos lo más mínimo con las medidas”, asevera Sánchez Raba.
Los trastornos de la salud mental
Sobre cómo han afrontado los escolares este periodo, ambos directores expresan que su actitud ha sido absolutamente “ejemplarizante” en cuanto a cómo han ido adaptándose a la pandemia: “Para nosotros siempre ha sido prioritaria su salud mental por encima de los contenidos, y en todo momento hemos pedido a los maestros que si veían algo, nos lo comunicasen directamente al equipo directivo y a la unidad de orientación. Estábamos preocupados porque en los institutos estaban teniendo muchísimos problemas, pero aquí no ha sido así”, cuenta el director del Cisneros.
En el lado contrario, en el Gerardo Diego sí que han percibido “algunos cambios” en los menores, sobre todo en lo que se refiere a la resolución de conflictos, algo que achacan al confinamiento y, posteriormente, a la falta de interacción con otras aulas: “Hemos tenido que derivar algún caso a la orientación del centro para que se intervenga con la familia y con los niños y que aprendan a gestionar los problemas”, afirma Urcola.
Ya se empieza a respirar que estamos terminando y estamos esperanzados en que sea así
Precisamente, este sábado se ha producido una concentración en Santander en la que se reclamaba la falta de vigilancia o estudios sobre las consecuencias que han tenido las restricciones en los menores: “Hay un deterioro en la salud mental y aprendizaje de los niños y jóvenes”, señalaban en nota de prensa hace unos días los organizadores de la campaña 'Que el amor venza al miedo'.
Asimismo, han declarado que desde marzo de 2021 han estado “reivindicando que algunas de las normas de los protocolos se ajustaran a la evidencia científica”: “Pedimos que no se vuelvan a tomar medidas preventivas sin un balance adecuado de riesgos y beneficios”.
En contraposición, el director del Cisneros declara que este curso no había estado perdido “para nada”: “Se ha seguido hablando de pedagogía y de educación además de mascarillas y distancias, y hemos continuado trabajando casi con relativa normalidad. Vemos la realidad del día a día, y vemos a los niños entrar con una alegría en el colegio que es maravillosa. Espero que esto les sirva para ser más fuertes en el futuro porque están demostrando muchísima entereza”, aclara Sánchez Raba.
Por último, David Urcola relaciona el Carnaval con haber vuelto “un poco” a la normalidad: “Nos costó hacerlo y teníamos un poco de miedo, pero estábamos en la calle y hemos ido todos con mascarilla. Fue un día muy bonito y los padres nos lo han agradecido... Ya se empieza a respirar que estamos terminando y estamos esperanzados en que sea así”, concluye el director de este colegio cayonés.
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