Beatriz Fernández, presidenta de Arrels: “Hay muchas personas sin hogar con empleo, pero no pueden pagar un techo”
En menos de 24 horas, dos hombres sin hogar han muerto en Catalunya en plena ola de frío. Medio centenar de personas siguen durmiendo bajo un puente de la autopista C-31, tres semanas después de haber sido desalojados del instituto B9 de Badalona. “Han sido semanas muy difíciles”, admite Beatriz Fernández, presidenta de la Fundació Arrels, una entidad que se dedica a acompañar a personas sin hogar en Barcelona.
Fernández lamenta el giro aporofóbico de algunas administraciones y representantes públicos. Pero se resiste a caer en la desesperanza y ensalza la tarea de los voluntarios y vecinos concienciados que no caen en “narrativas simplistas” y quieren ayudar a quienes lo necesitan.
En las últimas cinco semanas, han muerto cinco personas sin hogar. Dos de ellas en menos de 24 horas. ¿Son cifras habituales en esta época del año o estamos ante una situación excepcional?
Estas muertes se han producido en un contexto de temperaturas muy bajas, en situaciones muy duras. Cada año hay gente que muere en la calle, pero no son cifras habituales para estas fechas. Nos indignan y entristecen porque, además, de estas cinco personas, había tres a las que conocíamos porque les habíamos estado haciendo seguimiento. Son muertes que deberían ser evitables. No se entiende que en pleno siglo XXI hablemos de gente que muere en la calle porque hace frío; me parece incomprensible.
Muchos municipios catalanes han activado la Operación Frío. Barcelona, por ejemplo, ha puesto a disposición 200 plazas para pasar la noche, pero estas sólo podrían dar acogida al 10% de personas que hay sin hogar en la ciudad, que ya llegan a las 2.000. ¿Le parece suficiente?
Se trata de 100 plazas que se abren cada año en invierno, más otras 100 que se activaron en el marco de la Operación Frío el día 6 de enero y que es posible que mañana se cierren, porque son una ayuda extraordinaria para cuando el termómetro está por debajo de los cero grados. En ciudades como Barcelona, son temperaturas a las que es muy difícil llegar y, de hecho, este plan no se activa cada año.
En invierno, con temperaturas igualmente bajas, normalmente sólo contamos con 100 plazas. ¿Eso es una solución? Evidentemente, no. Necesitamos lugares de pernocta, pero que sean sostenidos en el tiempo, además de otras muchas políticas públicas.
No se entiende que en pleno siglo XXI hablemos de gente que muere en la calle porque hace frío
A pesar de que haya pocas plazas en comparación con el número de personas sin hogar, algunos Ayuntamientos como el de Barcelona, lamentan que sólo el 34% de las personas a las que se ha propuesto acceder a ellas ha accedido. ¿Por qué sucede esto?
Cuando las administraciones hacen estas afirmaciones, siempre pedimos que se matice. Si nos centramos en las plazas de emergencia por la Operación Frío, son plazas disponibles sólo por dos o tres noches, siempre a expensas del termómetro. Y van dirigidas a personas que llevan mucho tiempo en la calle, que tienen sus pertenencias, sus animales de compañía, y un lugar identificado que les es más o menos seguro, donde la gente les conoce.
También hay personas con adicciones fuertes, para las que consumir es una cuestión de supervivencia. En estos espacios de emergencia no pueden entrar las personas con problemas de consumo activos. Tampoco se suele dejar que entren sus pertenencias ni sus animales. Pasados estos dos o tres días, se encuentran sin nada de lo que tenían y hasta es posible que su lugar seguro haya sido ocupado por alguien. Así que si alguien rechaza una ayuda de emergencia, pensemos por qué es. Nos da más información sobre el recurso en sí que sobre los usuarios.
Una de las ciudades en la que los recursos de emergencia no están funcionando es Badalona, donde nadie acudió al pabellón habilitado durante la primera noche. Aun cuando hay todavía unas cuarenta personas que siguen durmiendo en la calle después del desalojo del instituto del B9. ¿Qué opinión le merece la gestión del alcalde Xavier García Albiol?
Todo lo que está sucediendo en Badalona es muy preocupante. La emergencia derivada del B9 se podía haber previsto y gestionado de otra manera porque el desalojo llevaba tiempo planeándose. La cuestión es que les interesa generar esa emergencia para vincular la pobreza y el sinhogarismo con la suciedad, la delincuencia y la inseguridad. Albiol no quiere atender a las personas sin hogar, por eso no hay ningún tipo de gestión, porque lo que busca es hacerlas desaparecer de Badalona. El problema es que está haciendo política con eso y parece que le funciona.
El sinhogarismo ha crecido significativamente en los últimos años. En Barcelona, el recuento que ustedes hacen anualmente mostró un crecimiento del 43% respecto a 2023. ¿Qué está pasando?
Es complicado. Lo primero que hay que dejar claro es que nadie está en la calle porque quiera; todos querrían estar en otra situación y poderse ganar la vida. Pero estamos en un contexto en el que el mercado laboral es muy precario. De hecho, atendemos a muchas personas sin hogar que tienen empleo, pero el sueldo no les permite pagarse un techo. Y esto nos lleva al siguiente factor: la crisis de la vivienda. Ya no es sólo que no puedan permitirse un piso; es que ni siquiera llegan a poder pagar una habitación.
Luego están las personas con características especiales, como las personas mayores, discapacitadas o con problemas de adicción. Ya son mucho más vulnerables de por sí pero, además, los recursos al sinhogarismo muchas veces no se adaptan a sus necesidades, lo que hace que su situación se cronifique más todavía. Además, hay que sumar la saturación de los servicios sociales. Se entiende, porque es el abordaje que tradicionalmente se ha dado al sinhogarismo. Pero nosotros creemos que sería mejor abordarlo de manera global desde la vivienda, la salud, las políticas laborales y de migración.
Hay personas que podrían no haber terminado en la calle si se hubiera hecho una intervención rápida. Pero, si no se actúa en los primeros seis meses, empezamos a hablar de cronificación. Y, si pasa un año, ya es muy difícil salir
¿Estos incrementos tan significativos de personas durmiendo en la calle han venido de la mano de un cambio de perfil?
El sinhogarismo siempre ha sido una situación muy cronificada. En Barcelona, la media de tiempo en la calle son cuatro años y, de momento, eso no ha cambiado. Pero si el mercado laboral y el de la vivienda siguen por este camino, se alargará esta media. Ya lo estamos notando en casos particulares: hay personas con un problema puntual que podrían no haber terminado en la calle si se hubiera hecho una intervención rápida. Si no se actúa en los primeros seis meses, empezamos a hablar de cronificación. Y, si ha pasado un año, ya es muy difícil salir. Otro cambio que hemos notado es que crece el número de jóvenes menores de entre 18 y 30 años, así como el de mujeres.
Este verano, durante la ola de calor, Barcelona empezó a desalojar asentamientos de personas sin hogar que había en los parques. Este invierno, Badalona hizo lo mismo con el instituto B9. ¿Qué pasa con las personas a las que se expulsa de un lugar?
No desaparecen, eso lo primero. Sólo se desplazan y van a otros sitios. Por eso hay barrios en los que hay un incremento brutal [por ejemplo, en el distrito de Sants-Montjuïc, la cifra ha crecido un 134% respecto a 2023]. Muchas de esas personas vienen de un desalojo grande, como el del B9, o después de haber sido expulsadas del espacio público.
Si lo que se pretende es abolir el sinhogarismo, las políticas de desalojo no funcionan, porque no contemplan lo esencial: que todo el mundo tiene derecho a una vivienda. En cambio, lo único que contemplan son cuestiones de seguridad y salubridad. Echarlas del espacio público, de los lugares en los que son más visibles, sólo consigue empeorar el problema.
¿En qué sentido?
Por un lado, se les hace más difícil acceder a los servicios sociales y a las ayudas que les correspondan. Por distancia, pero también por desconfianza. Y eso, quienes elaboran las políticas públicas lo saben. Así que quien decide desalojar a las personas sin hogar, lo hace respondiendo a una cuestión de cuidar la imagen, a acallar quejas vecinales. Pero no desde la voluntad de ayudar.
Menciona quejas vecinales, como las manifestaciones que hubo en Badalona en las que un grupo de personas impidió que una parroquia acogiera a unos cuantos desalojados del B9. ¿Cree que la sociedad es cada vez más aporofóbica?
Creo que la aporofobia era un discurso que hace unos años habría sido mal visto pero que, hoy, no sólo está bien considerado, sino que es una narrativa a la que mucha gente le encuentra lógica. Por eso hubo personas que se plantaron ante una parroquia para no permitir la misericordia y la compasión, que son los principios básicos de lo que debería hacer la Iglesia.
Pero lo que más me preocupa no es eso, sino que fueran arengados por un representante público como Albiol. Que alguien con su responsabilidad culpabilice y criminalice a una parte de los habitantes de su municipio no es gratuito. Lo hace porque sabe que no sólo no va a ser castigado por eso, sino que encima le hará ganar popularidad. Han sido semanas en las que se han visto cosas muy feas.
Hubo un vecino que fue a llevarle sopa al hombre que murió en Badalona. Esa persona que dormía en la calle tenía a gente que hablaba con él, que se preocupaba de cómo estaba
Pero, por otro lado, también ha habido muchos voluntarios que han salido a la calle a atender a las personas sin hogar.
Exacto. Hay mucho más interés de la ciudadanía sobre el sinhogarismo. Hemos recibido más de 3.000 llamadas de gente preocupada y con preguntas sobre cómo ayudar. Hay una parte de la gente que está muy sensibilizada y son ellos los que nos tienen que ayudar a hacer de contrapunto a estos discursos racistas y aporofóbicos.
Sin ir más lejos, acordémonos del vecino que fue a llevarle sopa al hombre que murió en Badalona. Es terrible que la historia acabara así, pero la parte con la que me quiero quedar es que esa persona que dormía en la calle tenía a gente que hablaba con él, que se preocupaba de cómo estaba. O la mujer que acogió durante las fiestas a dos desalojados del B9. Hay mucha gente que no se quiere creer el discurso de que son todos unos delincuentes.
Han sido semanas difíciles, pero eso ha hecho que el sinhogarismo se haga muy visible y se hable mucho. Y eso es importante, porque las personas en situación de calle suelen ser muy invisibles. Con todo, lo que se consigue es presionar a las administraciones y, por eso, también es positivo que la Generalitat haya respondido, que haya prometido más recursos y revisión de protocolos. Es verdad que hay muchos retos, pero también es cierto que hay motivos para mantenerse optimista.
Otro cambio promovido por la ciudadanía es una propuesta de ley presentada por la UAB y diversas entidades sociales para erradicar el sinhogarismo. Actualmente, se están debatiendo las enmiendas en el Parlament y es posible que pueda llegar a aprobarse este 2026. ¿Tienen esperanza en esa nueva normativa?
Sí, la verdad. Es un instrumento que recoge los recursos básicos y necesarios para alguien que está durmiendo en la calle. Hablamos de lavanderías, consignas, transporte público, etc. Pero, sobre todo, lo que da valor a la norma es que contempla el derecho a un espacio residencial digno, un lugar de alojamiento estable hasta que pueda acceder a una vivienda permanente.
Pueden ser pisos, pero también habitaciones. Es un lugar en el que no sólo se vaya para dormir, sino en el que puedan tener sus cosas y hacer vida. Esa estabilidad podría dar respuesta, en gran parte, a la problemática del sinhogarismo y, sobre todo, servirá para dotar de dignidad a estas personas que muchas veces pasan desapercibidas.
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