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CV Opinión cintillo

Las bibliotecas que iluminan al mundo

Biblioteca.
24 de mayo de 2026 13:42 h

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“Si sembravem de mots tots els camps de la Terra,

¿com no concediries als esculls i a les sorres la raó més perfecta?

Si floríem sentit de les paraules minúscules,

¿com no fecundaries, per enderrocs i runes, els horts de l’alegria?

Sembrarem de paraules

tots els camps de la Terra.  I d’esculls i sorres.

Floriran de sentit

les pedres més minúscules. I d’enderrocs i runes.

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Collirem els segons

com raïms de verema.        I l’agre vi de l’odi“

Antoni Ferrer. l'Alcúdia de Crespins (La Costera)-‘Cant espiritual’- 1992

València- capital padece grave y endémico déficit de cultura en el amplio sentido de las palabras. Se caracteriza por vivir permanentemente de espaldas y en desprecio de la infraestructura que ha de ilustrar a los ciudadanos. A culturizar, unos. ‘Lletraferits’ los exigentes que no se resignan con cualquier cosa. A modo de relámpago imprevisto han saltado dos noticias que sorprenden: El proyecto de apuntalar los puntos de venta de publicaciones periódicas (casetas y plantas bajas) en justa correspondencia con las concesiones municipales de quioscos. Pérgolas verdes de factura nada autóctona, que surgieron de un modelo mimético y extemporáneo que quiso asemejarse a los que abundan en París, ciudad de la luz. Aún más sacudió la conciencia de los amantes de las letras la intención de convertir la antigua sede de Hacienda en la gran Biblioteca Valenciana en lugar céntrico y proverbial. Dos proyectos, algo ficticios, que obedecen al constante bombardeo de iniciativas y acontecimientos que se anuncian desde el Ayuntamiento de María José Català, tengan o no base cierta y nivel para tapar la ausencia de plan de actuación global municipal del PP. Para una ciudad asaeteada por obras interminables, dejadez substancial , carreras pedestres y asuntos pendientes sine die. Una constante.

Mitterrand marcó época

Los presidentes franceses se caracterizan por dejar su obra emblemática para la posteridad. Donald Trump los imita sin sentido de la medida ni de la oportunidad. Cuando visitabas París, en la década de los años 90 del siglo XX, se veía aquella obra monumental, casi fantasmagórica a orillas del Sena frente a Bercy, que François Mitterrand envolvió con su halo personal: la Grande Bibliothèque equiparable a la canadiense Grande Bibliothèque de Montréal- Nacional del Quebec (200 eventos culturales anuales) y a la griega del Centro Cultural Stavros Niarchos, camino del Pireo, desde el que se domina, desde el sur, la ciudad de Atenas a los pies del Partenón. Del naviero Niarchos, en línea directa hasta la cuna majestuosa sobre cariátides de la cultura y la política decente europea y universal. Sus restos pétreos circulan todavía por el mundo, sin encontrar el momento de retornarlos a su lugar de procedencia, El British Museum de Londres se apoderó de frisos, metopas y frontones al 50%.

Aula de vida

El intelectual galo y maestro de periodistas, Albert Camus, dejó escrito: ‘La escuela prepara a los niños para vivir en un mundo que realmente no existe’. Los discípulos a todos los niveles, si quieren formarse en profundidad, tienen que completar sus conocimientos en las bibliotecas. Para eso las necesitan abundantes, prácticas, accesibles, funcionales. Sobre todo, que no estén regidas por la superestructura ideológica de quienes niegan la libertad. La idea de Camus es un alegato crítico del sistema educativo – en su caso del francés– entre la enseñanza escolar y la realidad de la vida a la que se van a enfrentar los humanos discentes. Camus, argelino de nacimiento con sangre menorquina – meteco en aguas convulsas– tuvo siempre presente la singular Biblioteca de Alejandría, cuna del nómada Georges Moustaqui. No se entiende una biblioteca sólo como un lugar donde se apilan libros.Es estéril si no va acompañada del concepto griego de ágora, encrucijada y espacio para la cultura en todas sus modalidades y vertientes. ¿ Català va por ahí o hacia el simple intento de atraerse a los ciudadanos, sin más intención que ganar las elecciones?

Bibliotecas, librerías y quioscos

En València escasean los quioscos de prensa – no hay ni en las estaciones de tren–. Falta una política de fomento de las librerías. No existe la acción de promoción y estímulo para el sector de la edición. Los periódicos estampados en papel malviven en una lenta agonía a la que no se le ve final feliz. Hay que incentivar la instalación viable de librerías en todos los barrios de la ciudad, si se quiere democratizar la lectura y el conocimiento. Todas las zonas, de ricos y pobres, tienen derecho a disponer de librerías y bibliotecas y por supuesto, quioscos de prensa periódica. Ahora que vuelve a estar de moda que los contribuyentes tengamos que optar entre ‘cañones o mantequilla’, es decir: armamento bélico o estado de bienestar, es un buen momento para decidir si queremos una población embrutecida por el ocio, el consumo y la fiesta, o generaciones cultas y con suficientes conocimientos para poder interpretar lo que pasa por el mundo y cuál es su porvenir. Por ejemplo, en relación a las consecuencias graves del cambio climático que padecemos y sobre el que no cabe duda científica.

La cultura pierde 

En torno a la posibilidad de que el horrendo edificio de Hacienda, en Guillén de Castro, se convierta en la biblioteca que requiere València, ya han surgido las miserables desavenencias entre las administraciones concernidas: este edificio es propiedad compartida entre el Ayuntamiento de València (60%) de María José Català y de la Diputación provincial (40%) de Vicent Mompó. Ambos del Partido Popular. Como mal menor, habría que pedirles que se pongan de acuerdo para destinar ese edificio a funciones administrativas o a centro cultural. Nunca a ambos usos a la vez. Sabido que la Diputación de València tiene un complejo cultural a escasos cien metros, el MUVIM, al que no saben darle un papel estelar como podría tenerlo por la factura de las instalaciones, su dimensión y el enclave en el centro de la capital de la provincia y del País Valenciano. Por esta función y representatividad, la Generalitat también debería intervenir en ese consenso que necesitan los ciudadanos para dotar a la ciudad de València del aura histórica, cultural y política que necesita– ya desde hace muchos años– y de forma urgente a partir de la transición a la democracia, que no puede quedarse en disputas y corruptelas entre políticosde cortas miras.

Sin proyecto cívico y cultural

Si de verdad la única biblioteca posible, digna de su pedagógico nombre, es la que albergaría en la ‘Casa de los Impuestos’, junto a la calle Quevedo y a San Agustín, hágase. Es inexplicable que, aún antes de iniciar su gestación, lo único que se escuche sea la desavenencia entre Ayuntamiento y Diputación. València rezuma fracasos de proyectos de política cultural en los que no cabe más que el acuerdo y el consenso. El IVAM (Generalitat), junto con el MUVIM (Diputación), el destino de la Casa de Correos( Capricho de Ximo Puig), frente al Ayuntamiento o el modulable Museo de la CIudad del palacio –lleno de significado– que mandó construir el alcalde más relevante de la ciudad, José Campo y Pérez- Arpa, marqués de Campo, frente al Palacio Arzobispal, son exponentes de una ciudad que no sabe hacia dónde va. Los ciudadanos tenemos responsabilidad, pero los políticos que pululan, amagan, estorban, cobran y dicen que mandan, deben palparse su conciencia y asumir que una ciudad como València no puede ir como va, contra sí misma.

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