Orca o Rata, policías encubiertos entre narcos del Puerto de València: reuniones en el cementerio y 3,5 toneladas de coca
Ocho agentes encubiertos fueron activados en secreto por la Sección de Actividades Especiales de la Policía Nacional en la investigación de la 'operación Spider' contra una presunta trama de narcotráfico en el Puerto de València. De los ocho agentes (cuyos nombres en clave eran Junco, Edimburgo, Boiro, Estrella, Haza, Rata, Orca e Iveco) los dos últimos mantuvieron una relación intensa con la presunta trama y trataron de ganarse la confianza de los presuntos narcos. Sus identidades reales (mediante el número de carnet profesional) quedaron asociadas a sus respectivos nombres en código en un sobre cerrado y sellado, custodiado “en lugar seguro” de la Fiscalía.
La fiscal jefa antidroga, Rosa Ana Morán, autorizó la actuación de los ocho agentes encubiertos iniciales (luego se sumó el noveno), con la condición de testigos protegidos, para escalar puestos en la presunta organización criminal. Lo hizo en marzo de 2024, después de que los investigadores de la Udyco detectaran, mediante canales de inteligencia policial y “fuentes propias”, que un individuo que responde al nombre de Eider Ancizar E. B. se dedicaba a planificar la introducción de una gran cantidad de cocaína en el Puerto de València, según los informes policiales que constan en el sumario, al que ha tenido acceso elDiario.es.
Orca e Iveco, supuestos camioneros dispuestos a extraer contendedores con cocaína, entraron en contacto con Daniel S. A., quien trabajaba a las “órdenes directas” de Manuel F. M. y, por encima de éste último, de los supuestos capos Iván T. R., Borja M. R. y Víctor Manuel M. J., según indican los informes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de la Policía Nacional.
Aunque fueron descubiertos por los narcos tras varios meses infiltrados en la supuesta red, el papel de los agentes fue “determinante” para el éxito de las pesquisas, en el marco de las cuales se incautaron un total de tres toneladas y media de coca. La Policía asegura en sus informes que los motivos por los que se destapó la infiltración le eran “desconocidos”.
En sus primeros contactos, Daniel S. A. informó al agente encubierto Orca de que trabajaba con dos organizaciones diferentes en el Puerto, ambas usuarias del sistema del 'gancho ciego' (droga escondida en contenedores con envíos legales). El presunto narco describió con pelos y señales la operativa. El camionero accedía con dos individuos escondidos en un doble fondo del habitáculo de las literas: el notario, que comprueba y da fe de que todo funciona correctamente, y la “araña”, que rescata la cocaína.
Dos o tres envíos mensuales con un transitaria “huntada”
Daniel S. A. reconoció que la trama, que manejaba entre dos y tres envíos al mes, disponía de una empresa transitaria “huntada”.
Las citas entre los agentes encubiertos y los presuntos narcos fueron vigiladas discretamente por los agentes de la Udyco, a pesar de las medidas de seguridad que usaban los investigados. La red instó al agente Orca a usar la aplicación Zangui, supuestamente segura, y a darse de alta en una cooperativa de transporte y conseguir una cabeza tractora.
El jefe de tráfico de una de las cooperativas que les propusieron a Orca e Iveco, situada en Beniparrell, ya fue detenido en una operación anterior por proporcionar órdenes de transporte “viciadas” para recuperar alijos de coca en el Puerto.
Mucha “faena” y “fiesta todos los meses”
Cada extracción se pagaba con unos 70.000 euros. Les prometieron mucha “faena” y “fiesta todos los meses”, en referencia a las descargas de cocaína. El precio del kilo de coca en València sale a unos 17.000 euros, según la Udyco.
Orca, hábilmente, consiguió que la red fichara también al agente Iveco para extraer los contenedores contaminados. La presunta organización criminal nunca actuaba con trabajos inferiores a los 250 kilos de coca, al no ser rentable operar por debajo de ese umbral.
El agente encubierto Orca sostenía que vivía en Barcelona y Daniel S. A. le propuso dedicarse a extracciones también en el Puerto de la ciudad condal, donde conocía a “gente muy fuerte”. El investigado también le confesó que trabajaba con otro grupo de albaneses dedicados al tráfico de marihuana que buscaba naves y terrenos vallados de alquiler para el cultivo de la hierba.
Las notas sobre la infiltración elaboradas por la Sección de Actividades Especiales de la Policía Nacional también reseñan los recelos de la presunta trama con el fichaje de Orca. Manuel F. M., uno de los supuestos capos, advirtió en un mensaje en Zangui a Daniel S. A.: “Hay que chequearlo bien, que nos follan a todos. Dónde vive, de parte de quién viene, familia, todo eso, quién responde por él”.
El presunto narco insistía: “No podemos dar margen al error. Llegado el día de la fiesta, no puede echarse atrás. (...) Pregúntale cuándo hizo la fiesta, con quién trabajó y para quién. Hay que confirmar todo eso. Si lo corroboramos y el hombre está limpio, va a tener faena la que quiera”.
Manuel F. M. sería uno de los investigados que, a la postre, descubriría la infiltración, lo cual “demuestra la magnitud y los tentáculos de esta organización”, cuyos integrantes controlaban “en gran parte la mayoría” de las operaciones de narcotráfico en el Puerto de València, según indican los informes policiales.
Los “Reyes del Asfalto”
Una vez introducidos en la presunta red, Orca e Iveco entraron en contacto con José Francisco B. R. y con el portuario Luis Israel A. L., quienes les confesaron que tenían “bajo control” el sistema de videovigilancia de la terminal MSC del Puerto y una empresa transitaria que facilitaba la entrada y salida de camiones para extraer la coca “con total seguridad”.
Los investigados instruyeron a los que creían camioneros con ganas de hacerse de oro para que, antes del primer trabajo, realizaran previamente varios transportes legales “para no levantar sospechas” y que quedara constancia en las bases de datos del Puerto de que trabajaban allí con asiduidad. La información sobre los futuros transportes de coca les llegaba mediante un grupo de Telegram bautizado como “Reyes del Asfalto”.
Los infiltrados asistieron a varias reuniones en cafeterías de la Universitat Politècnica de València y en cementerios como el general de València o el del Cabanyal, entre otros camposantos.
Gruistas “chivatos” con “muy buena visión”
El gruista Luis Israel A. L. incluso confeccionó un “plano detallado” con un esquema de las calles del Puerto para que la presencia de Orca e Iveco no levantara sospechas y se desplazaran sin problemas en el interior de la gigantesca infraestructura, una ciudad en sí misma.
El trabajador portuario también advirtió a sus interlocutores de que en su gremio había “muchos” gruistas “chivatos”, con operarios que cuentan con “muy buena visión” y “pueden alertar a la autoridad portuaria si se percatan de alguna anomalía”.
José Francisco B. R. se convirtió en el “conseguidor” y el “nexo de unión” entre Luis Israel A. L., los agentes encubiertos y Carlos L. R. y Francisco José N. T., cuya función consistía en dar “apariencia de legalidad” y conseguir órdenes de servicio para que los transportistas accedieran al Puerto, según los informes policiales que constan en el sumario.
Algunos de los mensajes intercambiados con los agentes encubiertos denotan la papel del portuario Luis Israel A. L.: “Hermanos. Tenéis que veniros ya. La semana que viene es la primera fiesta. Y no podemos fallar”.
La transitaria Lematrans
Los policías encubiertos, poco a poco, fueron familiarizándose con las interioridades de la presunta trama de narcotráfico y descubrieron que la transitaria que usaba era la empresa Lematrans, filial de Noatum.
Para los investigadores de la Udyco fue de “gran interés” la “aparición en escena” de dos responsables de la mercantil (Antonio B. F y Marcial R. N.), que ostentaban un “papel primordial para los fines ilícitos de la organización criminal”, al conseguir las órdenes de transporte que permitían al camionero acceder a la terminal portuaria y al contendor “preñado”, previamente ubicado por un clasificador o gruista del Puerto.
“Lo primero es la seguridad”
Antonio B. F., jefe de tráfico de la empresa, remitió a Orca el 18 de abril de 2024 una orden de carga para retirar un contenedor del Puerto, aunque la operación (ejecutada siempre con un “teléfono móvil seguro”) se abortó finalmente al detectar la presunta red que el container iba a ser sometido a revisión.
Carlos L. R. había recibido la víspera de la fecha fijada para la extracción una fotografía “donde figuraban varios contenedores marítimos que iban a ser sometidos a revisión”, entre ellos el que iban a extraer, con media tonelada de coca. “Ha sido una pena, pero ante todo lo primero es la seguridad”, dijo uno de los presuntos narcos.
Los investigados, según explicaron, sabían que cuando la Policía tiene la certeza de que un contenedor está cargado con cocaína, “vuelve a ponerlo en tránsito, pero sometido a vigilancia, a modo de 'cebo', de tal forma que cuando el araña y el notario se dispongan a sacar la droga del mismo, procede a su detención”.
José Francisco B. R. también aludió en alguna conversación con Iveco a un envío de coca pilotado por una “persona muy importante” de València que era amigo suyo desde la infancia y que apenas sufría caídas en sus envíos de droga.
El investigado trató de fichar a los dos agentes encubiertos, que no eran naturales de València (y, por tanto, no eran conocidos en la ciudad ni en el mundillo), para que trabajaran “en exclusividad” para él, excluyendo a otras organizaciones criminales. Incluso si la Policía intervenía en alguna extracción, “todos” cobrarían “igualmente el dinero acordado”.
Un “histórico conocido” de la Udyco en la “ruta africana”
En las vigilancias también apareció un viejo conocido de la Udyco, el transportista Julián L. R., investigado anteriormente por otras operaciones de 'gancho ciego'.
El 16 de abril de 2024, dos días antes de la operación fallida, Carlos L. R. (después de tomar medidas de seguridad en la conducción de su Audi, como dar varias vueltas seguidas en rotondas sin destino concreto) se reunió con el aparcamiento del Leroy Merlin de Massanassa con el “histórico conocido” de la Udyco Julián L. R., que apareció conduciendo su camión.
Uno de los agentes que los vigilaba consiguió acercarse mínimamente a los supuestos narcos con la excusa de sacar uno de los carros de la compra que el establecimiento ofrece en su aparcamiento y escuchó que Julián L. R. manifestaba textualmente: “A finales de esta semana, llega el primer contenedor preñado para vosotros”. Carlos L. R. respondió: “Estaremos preparados”.
Los agentes encubiertos también consiguieron información sobre una “importante” operación de transporte de cocaína, vinculada a Julián L. R., con un barco pesquero en la “ruta africana”. Iveco y el agente Edimburgo, fueron autorizados a operar en territorio portugués (en el Algarve), con apoyo de agentes lusos, para una reunión sobre la operación.
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