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Rostros de la cultura valenciana, la recopilación del fotógrafo Andrés Castillo

Jorge Semprún, Joan Fuster, Juan Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán y Ricardo Muñoz Suay durante el Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas celebrado en València en 1987.

Lucas Marco

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Dos décadas de retratos de la cultura valenciana, desde el renacimiento en la década de 1980 hasta la consolidación en la siguiente. El fotógrafo Andrés Castillo (Casas Ibañez, Albacete, 1955) ha recopilado en Rostres i gestos de la cultura: 1980-2000, editado por la Institució Alfons el Magnànim, parte de su excelso archivo visual, en el que desfilan rostros del mundo literario, artístico o teatral del País Valenciano desde la recuperación del autogobierno.

La primera etapa refleja un cierto esplendor cultural que coincidió con la celebración en València del Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas en 1987, a modo de rémora, medio siglo después, del que aconteció en la ciudad mientras fue capital de la II República, en plena Guerra Civil. Una de las fotografías preferidas del autor retrata, tras una opípara comida, a varios participantes en el congreso: Jorge Semprún, Joan Fuster, Juan Goytisolo, Manuel Vázquez Montalbán y Ricardo Muñoz Suay.

“Muchas de las cosas que allí se vaticinaron, como la caída del Muro, después se han cumplido, había tres premios Nobel, además de Saramago que aún no lo era pero andaba por allí”, recuerda Castillo, quien también destaca a Daniel Cohn-Bendit. “En aquella época era un ídolo de nuestra generación más movilizada, encima tienes la posibilidad de hacer una foto”, dice el autor.

Andrés Castillo recuerda el evento con “una calidad que desafortunadamente los tiempos que corren no propician, son otro ritmo y otros intereses”. Su trabajo en la Conselleria de Cultura le permitió retratar a gran parte de la intelectualidad valenciana y de más allá. “Hacía fotos para el gabinete de prensa de la conselleria, cuando tenía la foto oficial lo que me gustaba era perseguir a las personalidades que aparecían por allí y, si era posible, fotografiarlos sin que se dieran cuenta, sin hacerles posar”, afirma Castillo.

Por las páginas de Rostres i gestos de la cultura: 1980-2000 desfilan personajes de la talla de Octavio Paz, Rosa Chacel o Juan Gil-Albert, además del impresionante testimonio del funeral de Enric Valor en el claustro de La Nau de la Universitat de València. Otros retratos incluyen a Matilde Salvador o Andreu Alfaro, entre muchos otros.

También rostros de la arquitectura, que han dejado su impronta en la restauración de la Iglesia de los Santos Juanes o en el edificio del IVAM, como Emilio Giménez o Juan José Estellés, de quien recuerda que era una “bellísima persona y un tío encantador”. Además formaba parte de los personajes que de manera natural salían bien en las fotos, que “no están tensos ni incómodos”. “Juanjo siempre salía bien igual que Fuster, no te hacían ni caso, Fuster sobre todo, y luego salía bien siempre”, apostilla.

“Siempre aporta que te guste más o menos un personaje pero hay personas con rasgos muy pronunciados, que no hace falta que sean guapos y que suelen quedar bien”, dice Andrés Castillo. “Los que me gustan están mejor retratados”, añade.

Un “documento de época”

El libro avanza hasta la inauguración del IVAM, en 1989. “Es foto típica de gabinete de prensa pero es que es importante”, alega Castillo. A partir de la década de 1990, los rostros cambian: Carmen Alborch deja paso a Consuelo Císcar (ambas retratadas en la obra) y en la arquitectura reina Santiago Calatrava. 

Castillo ha rescatado los negativos en plena época digital para conformar un “documento de época”. El veterano fotógrafo observa los cambios en el ojo avizor de los profesionales tras la lente de la cámara.

“Cuando era película no podías tirar 200 fotos porque te arruinabas, tenías que estar un rato mirando a la persona haciendo el gesto que te interesaba y no se te podía escapar. Esa habilidad es algo está desapareciendo con la foto digital, va también en consonancia con los tiempos”, explica Castillo. Aún así, el fotógrafo apuesta por recuperar la memoria gráfica de la cultura valenciana en formato papel. “Creo que aunque sea minoritario el soporte analógico, sigue teniendo atractivo y hay un público que lo cuida”, concluye.

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