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Somos una panda de incultos

Marcos García

Aquí, en la Comunidad Valenciana, la cultura nos importa más bien poco. Al menos esa es la apariencia que se transmite. No lo digo por el honorable Alfonso Rus, que se sabe un inculto a ciencia cierta. Sobre eso ya he escrito por aquí. Lo digo porque ahora podemos enorgullecernos de tener un estudio que avala esta orfandad cultural. El Observatorio de la Cultura de la Fundación Contemporánea ha publicado su análisis del estado de la cultura en España y su conclusión, por lo que a la Comunidad Valenciana respecta, no puede estar más clara: somos una panda de incultos.

En el último informe semestral que elabora esta institución, la Comunidad baja en todos los parámetros de baremación. En todos (aún habrá quien le vea mérito a esto, no se crean). La Comunidad Valenciana ha perdido puntuación en Calidad de la oferta cultural, en Innovación en cultura y en valoración global de la ciudad de Valencia como capital cultural. La cosa no se queda ahí, claro. No hay ninguna institución cultural valenciana que se descolle entre las más valoradas del territorio español así que las grandes y faraónicas empresas culturales con las que tan a menudo se ha llenado la boca la Generalitat, ni están ni se las espera.

Supongo que ustedes, que son gente avezada, esto no les pilla de nuevas. Sin embargo la Generalitat parece no reparar en que la Cultura, como reclamo y como negocio, está en alza en todas partes menos aquí. Del mismo modo que nadie parece reparar en que para generar industria cultural no basta con construir unos platós gigantescos y dejarlos languidecer. Ni sostener una ópera a golpe de talonario cuando la realidad demuestra que no es un negocio rentable.

La cultura, como patrimonio y como reclamo, es otra cosa. Es conservar el legado material y hacer de él un recurso atractivo. Es potenciar el atractivo de estos recursos culturales para el gran público. Es la innovación que demuestran algunos entornos tanto de gestión pública como de gestión privada, que año tras año ganan puntos en el ranking del Observatorio de la Cultura.

Después del maná fallero, que tan buenos euros ha dejado en los dueños de los locales prefabricados que han crecido este año como setas (y no tantos, imagino, en el maltrecho sector de la hostelería tradicional), vale la pena preguntarse si la Comunitat Valenciana es capaz de inventar o rentabilizar otra docena más de hitos culturales que sostengan el reclamo de la zona como destino.

En el fondo es una simple cuestión de compromiso. De creerse que la cultura es un recurso valioso y rentable y no sólo un arma arrojadiza en manos de los políticos. Con intervención de la administración o sin ella hay proyectos que generan interés y atraen las visitas. Pero esto sólo se logra trabajando, conociendo el mercado y el entorno e invirtiendo en hacer más accesible el patrimonio.

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