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El escenario de la lucha definitiva

Una multitud espera en el Parque de las Exposiciones de Perpinyà antes del inicio del acto de Puigdemont.

Tengo una enorme curiosidad por saber cómo ha llegado Carles Puigdemont a la conclusión de que se dan las condiciones en este momento para entablar una "lucha definitiva" con el objetivo de alcanzar la independencia de Catalunya del Estado. El sentido de sus palabras fue claro. El momento de la lucha por la independencia no es un futuro lejano, sino que es ahora. ¿Puede resultar creíble dicho escenario?

¿Qué es lo que ha cambiado desde octubre de 2017 a hoy, para que lo que no fue posible entonces lo sea ahora? ¿Es previsible que el nacionalismo catalán pueda vencer la resistencia del Estado español y conseguir, además, reconocimiento internacional a una declaración unilateral de independencia?

Las preguntas se responden por sí mismas.

Lo que ha cambiado desde octubre de 2017 a hoy es que ya no está Mariano Rajoy en la presidencia del Gobierno y que Pedro Sánchez ha ocupado su lugar. Dicho cambio se ha producido como consecuencia del apoyo recibido por parte del nacionalismo catalán. De todo el nacionalismo catalán en la moción de censura en 2018 y de parte del nacionalismo catalán en la investidura de 2019. El nacionalismo catalán está en el origen del primer Gobierno presidido por Pedro Sánchez así como en el primer "gobierno de coalición" desde la entrada en vigor de la Constitución. Lo que ha venido haciendo el nacionalismo catalán desde 2017 hasta hoy es lo que vino haciendo desde la entrada en vigor de la Constitución hasta 2010. Ha recuperado su posición dentro del sistema político español, de la que se vio excluido por el gobierno de Mariano Rajoy a partir de 2011. El levantamiento del cordón sanitario que impuso el PP frente al nacionalismo catalán fue lo que posibilitó el éxito de la moción de censura y lo que está permitiendo que ahora mismo haya Gobierno. Y hay un Gobierno que ha convertido la negociación en el eje de su política respecto de Catalunya.

Esto es lo nuevo. Tanto la sociedad española como la catalana han dejado claro que el artículo 155 no puede ser la Constitución para Catalunya, sino que hay, por el contrario, que prescindir de él para centrarse en una salida negociada al conflicto. Los resultados de las últimas elecciones catalanas y generales dejan poca duda al respecto. Todos los estudios de opinión apuntan en la misma dirección. No hay respuesta unilateral, ni desde el Estado ni desde la Generalitat, que pueda sacarnos de la crisis constitucional en que nos encontramos. En Catalunya y en España.

No cabe duda de que la estrategia negociadora no tiene garantizado el éxito. Pero es una estrategia que está iniciando su andadura y a la que le queda un recorrido, que podrá ser más corto o más largo dependiendo de circunstancias sobre las que nadie tiene un control inequívoco. Pero el momento actual es el del recorrido de la estrategia negociadora y no el de una "lucha definitiva" por la independencia.

Tengo la impresión de que esta estrategia negociadora va a recibir un impulso del resultado de las elecciones en el País Vasco y Galicia el próximo 5 de abril. De manera diferente en cada una de estas comunidades autónomas, pero en ambas. Se hará más visible el debilitamiento de la visión extrema del nacionalismo español que se expresó por el último Gobierno del PP y la emergencia de Vox en los últimos procesos electorales.

Es en este contexto en el que se celebrarán las elecciones catalanas, sean cuando sean. El escenario en el que se va a desarrollar la competición electoral tanto entre los partidos nacionalistas entre sí, como en la de estos con los partidos no nacionalistas, va a ser el de la negociación entre Catalunya y el Estado. Va a ser la primera prueba de fuego para dicha estrategia de la negociación.

Por lo que indican las encuestas de esas elecciones catalanas va a resultar un Parlamento muy fragmentado con ocho opciones políticas con representación parlamentaria. En la última encuesta dada a conocer por un medio no sospechoso de querencia por el nacionalismo catalán, como ABC, se contempla una subida ligera del nacionalismo que llega a los 73 escaños, una subida algo más pronunciada del catalanismo no nacionalista, PSC-PSOE y En Comú-Podem, que llegan a los 37 escaños y un descenso pronunciado de la visión extrema del nacionalismo español, que baja de 40 a 25 escaños.

No parece un escenario favorable a la "lucha definitiva" por la independencia, sino un escenario proclive a la negociación tanto para la formación del Govern como para la relación posterior del mismo con el Gobierno del Estado.

Dos no se pelean si uno no quiere, dice el refrán. No parece que el "Gobierno de coalición" esté por la pelea, ni es tampoco previsible que el Govern que pueda constituirse tras las elecciones vaya a estarlo. Entre otras razones, porque no va a poder transmitir ese mensaje al cuerpo electoral durante la campaña.

La "lucha definitiva" es expresión del desconcierto en que se encuentra el espacio político ocupado durante decenios por la Convergència fundada por Jordi Pujol y liderada en este momento por Carles Puigdemont. Su liderazgo no se discute, pero la "lucha definitiva" no puede ser su programa de gobierno, porque en este momento es ininteligible.

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Publicado el
4 de marzo de 2020 - 22:44 h

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