“Ser cristiana y feminista es posible”
Loli Asua Batarrita, cristiana católica, licenciada en Ciencias Sociales y Políticas y en Teología y profesora emérita de la Escuela de Magisterio de la UPV/EHU de Bilbao, sostiene que la religión católica es, en su esencia, defensora de la igualdad de género. Asua, que ha participado en una mesa redonda organizada por la Pastoral Universitaria con el apoyo de la UPV-EHU, afirma que se puede ser cristina y feminista.
La iglesia católica es mayoritariamente femenina, la componen un 61% de mujeres, organizadas en distintas órdenes religiosas, frente a un 39% de hombres, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos. Pero, pese a ser mayoría, las mujeres no tiene visibilidad. ¿No es una clara discriminación?
Sí, eso es verdad. La mayoría de las mujeres hemos dado un valor añadido a lo que corresponde al cultivo del alma, el espíritu, la interioridad, como se quiera llamar. Y a esto se suma que la institución católica es jerárquica, monárquica y varonil en su oficialidad. Son los varones lo que están al mando de la iglesia oficial y esto tiene unas repercusiones importantes a la hora de la visibilidad, sobre todo, en lo que corresponde a la autoridad teológica, litúrgica. No obstante ha habido muchísimos cambios de los años 60 a la actualidad. Hoy vemos a mujeres en las iglesias, presidiendo celebraciones pero no eucaristías, claro.
Pero aparte de no tener acceso a esos rangos, tampoco se les distingue por su contribución. Por ejemplo, son apenas cuatro, Teresa de Ávila, Caterina de Siena, Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen, las mujeres que gozan del reconocimiento de pertenecer al Club de los Doctores de la Iglesia, algo así como los grandes eruditos del cristianismo. Cuatro mujeres frente a 33 hombres. ¿Es que las mujeres no han tenido un papel determinante?
Claro que hay mujeres sobresalientes en la Iglesia, ¡cómo no va a haber!, competentes y con autoridad moral en su formulación de la fe. Pero lo mismo pasa con los santos. Si coges el calendario santoral, la mayoría son hombres, y además, a ellos se refieren como obispos, presbíteros, por los títulos obtenidos en función de su oficio, frente a las mujeres que aparecen como vírgenes, viudas... están definidas por su sexo. Pero esto no es una cuestión que solo afecta a la institución eclesial sino que se repite en otras y está provocado por la cultura patriarcal en la que nos hemos movido en occidente desde tiempos inmemoriales.
Sí, pero la Iglesia lo mantiene y resulta anacrónico. Otras instituciones caminan hacia la igualdad de género.
Sí, es verdad. La Iglesia no ha abandonado esa mentalidad patriarcal y está teniendo más lentitud al salir de ahí que el ámbito civil.
Usted defiende que la tradición religiosa en sí misma coloca en el mismo sitio a hombres y mujeres. Al hacerse institución tuvo que aceptar las estructuras normales de poder de la época y es entonces cuando se origina la desigualdad imperante, ¿no?
Exactamente. El movimiento de Jesús fue contracultural para su tiempo. Defendía a la mujer como defendía a los que estaban excluidos. Y la defiende en la medida en que está en línea con esos valores fundamentales del reino de Dios: justicia, el valor por los demás, respeto...no por el hecho de ser mujer.
No lo parece si nos ceñimos a cierto pasajes como el de la creación que habla de que la Eva procede de la costilla de Adán y establece una relación directa entre la tentación, el pecado y la mujer, ¿no cree?
Si se va a los textos bíblicos, el comienzo del primer libro que habla del relato de la creación se presenta, por decirlo de algún modo, desde dos versiones. Una cuenta que Dios creó al varón y a la mujer a su imagen y semejanza y sin distinción y la otro, el segundo relato que aparece inmediatamente después, menciona lo de la costilla de Adán. La cuestión es la interpretación y la lectura que se hace de cada texto. Utilizar solo el segundo da más juego a la subordinación de la mujer respecto del varón, pero es género literario propio de aquel tiempo y ha de entenderse como tal.
¿Qué ha conseguido la Iglesia manteniendo esta posición tan cerrada?
En el pasado, poder extenderse y llevar su mensaje a mucha gente. Pero al no adaptarse ahora a otro nuevo tiempo está perdiendo a gente, alejando a las mujeres y sobre todo a las mujeres jóvenes. No gana nada pero cuesta mucho cambiar unas trayectorias tan asentadas durante tantos siglos. No obstante, este nuevo pontificado ha generado mucha esperanza. Está procurando dar pasos adelante y cambios en la Curia.
Entre los feligreses de base ¿cuál es la sensación sobre este asunto?
Siendo honestos con la realidad, hay lugares en que siguen anclados en esa visión antigua y otros que no. Quien tiene el poder canónico en las comunidades es un varón, inevitablemente según el derecho canónico, pero puede permitir una participación y un reconocimiento mayor a la mujer y en algunos lo hacen y en otros no.
¿Es usted optimista, está convencida de que más pronto que tarde se verán mujeres accediendo al sacerdocio?
Yo no sé si lo veré pero no se pueden cerrar puertas al campo. Esto no tiene vuelta a atrás, se irá dando. Pero lo importante no es tanto que haya mujeres sacerdotes sino que la organización eclesial vaya evolucionando hacia unos estilos más democráticos según los cuales, a las mujeres, como a los varones, no se les pueda negar el acceso a las diferentes funciones de gobierno. Conviene superar esa identificación del poder de gestionar, del poder espiritual, de las funciones del consejo, de acompañamiento, del poder de conocimiento, del teológico, con varones célibes. Ya se están moviendo cosas, en teología hay muchas mujeres aunque a algunos les cueste. Pero es una institución tan anquilosada que va a costar porque hay sectores que no lo desean.
¿Aspiran a la paridad?
Yo creo que eso de la paridad responde a estrategias políticas, que se dan en toda organización social. A mí no me importa la paridad ni tampoco a nivel civil. Lo importante es que haya acceso, independientemente de que luego haya más o menos mujeres al frente con responsabilidades significativas. El empoderamiento ha de ser con seguridad, dignidad, conocimiento y servicio.
¿Se puede ser feminista y católica?
Sí, así me considero y conozco a bastantes. De hecho un grupo en Bizkaia nos organizamos en una asociación que no pudimos continuar en el tiempo pero durante 15 años aportamos mucho. Hicimos un trabajo de empoderamiento de las mujeres. Hemos colaborado codo a codo en los foros de igualdad de género de Bizkaia. Y se nos ha reconocido a lo largo de nuestra trayectoria que es verdad, que ser cristiana y feminista es posible. Al principio chocaba, muchas pensaban que la religión no nos lo permitía pero no es así, ya que en su esencia, la religión católica es fundamentalmente defensora de la igualdad de género.